Este sol, este condenado sol con toda su luz y su calor. Me arrancó a girones la camisa, quería ver mi torso y acariciar mi pecho, pero no lo he permitido. Aún no me siento en confianza...
Para mi la noche, o el sueño no son mas que las premisa de la perversa maldición que me -nos- atormenta: Sucumbir al cansancio, complacerme en el descanso y mirar, ya cuando he despertado, con mucho terror, que todo comenzó de nuevo.
Ahora me consuelo en esta odiosa aplicación.
Lo que hago es escribir de como estoy cansado de mis días íntimos, pero vacíos y frustrantes.
Lo que no hago es nombrar mi herida.
Cita con mi psicóloga.
Bachilleres 4.
Estoy tan tranquilo que me asombro. Escribo sin verdadera necesidad. Estoy sentado mirando fijamente la reja de SU privada, cerca del consultorio.
Renuncio a la coherencia, soy un ser esencialmente inconsciente.
Mi capacidad es reflexiva. Contemplativa.
Me encamina a deducir mi vida.
Será una vida no muy larga en la que no tendré un título, no me casaré ni tendré hijos. Moriré acá en este cuarto de alguna cosa aparentemente violenta, como un cáncer de pulmón o el desapego crónico.
Dicen que en la vida las cosas, personas, situaciones y lugares se van sustituyendo por otros, similares. En un ciclo continuo e interminable a lo largo del tiempo.
Y tú?
Bruja!
In-sus-ti-tu-i-ble.