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Un futuro que no podemos ignorar ....
EL 7 de agosto, por increíble que parezca un ser humano como Abelardo de la Espriella asumirá la presidencia de Colombia, NO es un hecho menor. Es la evidente, palpable y realista llegada de la ULTRADERECHA, nada más y nada menos inspirada en Trump, Milei y Bukele... Abelardo, quien ha construido sobre el miedo, el odio y la promesa de una "mano dura" que ya hemos visto fracasar en nuestra historia.
No se trata de opiniones... Se trata de hechos, declaraciones y propuestas documentadas que dibujan un panorama preocupante para los territorios, la democracia y la vida misma en Colombia.
1. La "seguridad democrática" versión 2026: El posible regreso de un pasado como las Convivir.
De la Espriella ha sido claro: su gobierno NO negociará con grupos armados. "Bandido que no se someta, será dado de baja", ha dicho. En su primer discurso como presidente electo, dio un "ultimátum" de un mes para que los grupos armados se sometan a la justicia, y calificó la política de la paz total como "la entrega de la soberanía nacional al narcoterrorismo".
Su propuesta incluye:
* Suprimir la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el tribunal creado en el Acuerdo de 2016 para juzgar los peores crímenes del conflicto.
*Construir 10 megacárceles privadas en ubicaciones aisladas, con presos "diez pisos bajo tierra" alimentados con "agua y pan".
*Legalizar el porte de armas para ciudadanos.
* Retirar a Colombia de la ONU, la OEA y la CIDH, con lo anterior eliminando por completo los mecanismos de control internacional sobre algo esencial, los derechos humanos.
La pregunta que todos deberíamos estar haciendo ¿Qué significa esto en la práctica? Significa el regreso como una época de las convivir, que tuvieron consecuencias gravemente profundas en Colombia, apoyadas por Uribe, quien como Gobernador de Antioquia, otorgó personerías jurídicas a varias de esas cooperativas que eventualmente se transformaron en organizaciones criminales, las cuales solo sembraron sangre y dolor en los habitantes de Colombia, no sin dejar de lado la clara persecución a la oposición, la estigmatización de líderes sociales, y de una guerra sin fin contra el narcotráfico que ya sabemos NO funciona.
La "mano dura" de Uribe dejó 10 millones de víctimas, pero ahora se presenta como un rostro más radical y sádico.
2. Discursos de odio que ya han sido denunciados.
De la Espriella no se limita a diferir políticamente. Ha declarado que la izquierda es un "cáncer" al que hay que "destripar". "Sepan ustedes, señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo, que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos como corresponde", dijo en una entrevista.
Estas declaraciones fueron denunciadas penalmente por apología al genocidio por el exsuperintendente Luis Guillermo Perez. No es un exabrupto aislado: es la NORMALIZACIÓN de un lenguaje que en Colombia ya ha costado vidas, como la de los militantes de la Unión Patriótica, asesinados hasta el exterminio.
El riesgo es REAL.
Cuando el presidente llama "narcoterroristas" a sus opositores y promete perseguirlos con "toda la fuerza del Estado", no está haciendo política, léase bien: está SEMBRANDO las bases de una cacería de brujas.
3. Lealtad incondicional a Estados Unidos e Israel.
De la Espriella ha sido claro en su alineamiento geopolítico:
* Reunión con delegación de "alto nivel" de EE. UU., en Barranquilla, donde acordaron "reconstruir una alianza seria, firme y confiable"
*Apoyo explícito de Donald Trump, quien irrumpió en la campana colombiana para respaldarlo.
*Restablecimiento de relaciones con Israel y traslado de la embajada a Jerusalén, alineándose con el gobierno de Netanyahu, acusado de un evidente, palpable y atroz genocidio en Gaza.
Dicho lo anterior, las implicaciones para un país como Colombia sería dejar de ser un país con política exterior autónoma para convertirse en un satélite de EE. UU. en Suramérica. La "Doctrina Monroe" se aplicaría SIN FILTROS, y nuestra soberanía sobre recursos estratégicos y esenciales (agua, biodiversidad, Amazonía) quedarían subordinados a los intereses de Washington.
4. Fracking y explotación ambiental sin límites.
De la Espriella ha dicho que quiere producir de "700.000 a 1'300.000 barriles diarios", y que para esto el fracking es necesario. Aunque ha matizado que no se hará en páramos ni zonas reservadas, su campana lanzó un "Plan ABC" de medio ambiente que, en los hechos, propone:
*Simplificar y agilizar permisos ambientales y consultas previas, lo que en la práctica debilita la PARTICIPACIÓN DE LAS COMUNIDADES.
*Pasar de un "ambientalismo restrictivo" a uno "productivo y regenerativo", es un EUFEMISMO para priorizar la EXPLOTACIÓN SOBRE LA CONSERVACIÓN.
*Restablecer el 100% de la no causación del impuesto de carbono, incentivo para que las empresas compren bonos de carbono en un mercado que ha tenido irregularidades y factura social en comunidades indígenas.
El riesgo es claro, es evidente: LA AMAZONÍA, los páramos y las fuentes de agua quedan expuestos a una explotación que ya ha demostrado ser DEVASTADORA en otros países. El "francking responsable" NO existe, es una promesa que NO puede garantizarse como ya lo han advertido expertos.
5. Un gobierno que ya amenaza con perseguir a la oposición.
De la Espriella ha dicho en su gobierno que aplicará "toda la fuerza del Estado de derecho" sobre quienes actúen "por fuera de la ley".
Ante el anuncio de Ivan Cepeda de un plan de "desobediencia civil pacífica", lo calificó de "terrorismo urbano", etiqueta que es ilegítima y que representa una amenaza, estigmatización y peligro para una población que simplemente se encuentra en desacuerdo con un posible gobierno autoritario y antiderechos.
También ha prometido crear un "bloque de búsqueda contra la corrupción" dirigido por él mismo, que traduce la concentración del poder en manos de un presidente que ya ha llamado "bandidos" a sus opositores, y esto solo sería una receta para la persecución política.
No es una amenaza retórica. En Estados Unidos, Trump ha perseguido a sus críticos a través del Departamento de Justicia, en El Salvador, Bukele ha gobernado con mano de hierro, De la Espriella se inspira en ambos.
Todo lo anterior, y me quedo corta, NO ES UN GOBIERNO, ES UN RIESGO PARA LA CONVIVENCIA Y LA DEMOCRACIA, que si bien quisiera que no todo fuese caos, las evidencias apuntan a un gobierno que profundizará el conflicto armado bajo una lógica de "mano dura" que ya fracasó.
Perseguirá la oposición con el discurso de la "seguridad", la "corrupción" y la estigmatización de sus opositores como ya lo hemos visto, llamándolos "guerrilleros", "terroristas","imbéciles".
Entregará la soberanía nacional a EE.UU e Israel.
Destruirá el medio ambiente en nombre del "crecimiento económico"
Colombia NO es un laboratorio para experimentos autoritarios. Ya pagamos un precio demasiado alto por la violencia y la impunidad, no podemos permitir que el miedo nos haga someternos a quien nos promete más miedo, porque si de algo estoy segura, y es que quedarnos como espectadores solo nos hace cómplices de la destrucción que se avecina, y ciertamente nosotros NO SOMOS ESPECTADORES, somos seres humanos con una clara convicción de que vale la pena luchar por los derechos humanos, por nuestros recursos que si bien limitados, hoy aún nos dan vida, por el de al lado que no tiene esas mismas oportunidades, por esa equidad que aún no podemos ver en su totalidad, el miedo nos puede gobernar un poco, pero no será nuestra sentencia para salir y defender lo poco que nos queda, porque algo es cierto, ya hemos sobrevivido a 200 años de partidos tradicionales y de derecha, ya hemos sobrevivido a 2 décadas del Uribismo, y si bien De la Espriella representa incluso una ultraderecha más radical, no será hoy cuando nos detengamos.
Ka.
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