Daniel Kiper@kiperdaniel
River no está en crisis por un resultado.
Está en crisis porque perdió el rumbo.
Cambiar solo al técnico puede descomprimir. Cambiar el modelo, salva.
Porque si no cambia el modelo, todo seguirá igual. Cuando los errores se repiten —mercados incoherentes, superposición de perfiles, falta de identidad, empresarios influyendo— el problema no es circunstancial: es estructural.
Por eso las preguntas no pueden seguir esquivándose:
¿Quién define la política de fútbol?
¿Quién controla a los gerentes y con qué evaluación?
¿Quién mide resultados más allá del relato?
¿Quién asume el costo institucional cuando las decisiones fallan?
River necesita volver a creer en sus inferiores: que vuelvan a ser el corazón del proyecto, no una vidriera para intereses ajenos.
River necesita terminar con la lógica en la que los empresarios condicionan decisiones dirigenciales.
Y necesita dirigentes que conduzcan el fútbol y se hagan responsables, sin delegar y sin excusas.
No se trata solo de nombres.
Se trata de proyecto.
River fue grande cuando tuvo identidad, autoridad y planificación.
Eso es lo que debemos recuperar.
Porque River no es un shopping.
River es el club de fútbol más grande de la Argentina, con una historia que exige seriedad.
Este es el momento:
de asumir responsabilidades,
de ordenar el área,
de transparentar cada decisión,
de volver a las inferiores como eje estratégico,
y de recuperar conducción real.
River necesita proyecto.
Necesita identidad.
Y el socio merece conducción, no excusas.