
Mevlit köse
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La burguesía tecnológica ha dejado de fingir: el reciente manifiesto de 22 puntos de Palantir Technologies es la confesión de que el imperialismo solo puede sobrevivir mediante la guerra. Este arrebato de sinceridad inaugura una nueva era en el desarrollo de las fuerzas productivas, donde la IA se erige como el mecanismo de supervivencia del capital frente a sus propias contradicciones históricas. Ante esta publicación, no han faltado las caracterizaciones de tecnofeudalismo, tecnofascismo o, simplemente, de fascismo de Palantir, lo que evidencia la incapacidad de un sector del movimiento comunista que parece no comprender el cambio de fase en el que nos encontramos. Para combatir a personajes como Musk, Thiel y Karp, es necesario realizar una lectura rigurosa de este manifiesto. Palantir no busca ser un simple contratista del gobierno, sino que representa a una fracción burguesa específica —la nueva burguesía tecnológica de Silicon Valley— en su disputa por la hegemonía del Estado profundo estadounidense. En esta pugna intraburguesa, donde compiten la burguesía industrial extractiva, el capital financiero de Wall Street y la casta burocrática, esta nueva burguesía de las startups que representa Palantir aspira a imponer su dominio total suministrando la infraestructura algorítmica al Estado. Su oferta al Estado no es solo software; es la promesa de una fusión sin precedentes entre el monopolio tecnológico y el aparato represivo, utilizando nuestros datos como materia prima para vendérsela al propio Estado en forma de vigilancia. Al proponer la integración total de la IA en el aparato defensivo y militar, buscan resolver una de las contradicciones mortales del capitalismo. La Inteligencia Artificial representa una amenaza existencial para las bases del propio capitalismo: al generar las condiciones materiales para una automatización casi absoluta de la producción, expulsa el trabajo vivo del proceso productivo. Dado que solo el trabajo vivo genera plusvalía, este desarrollo agudiza drásticamente la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y agrava la crisis de sobreacumulación y valorización del capital. Las condiciones objetivas para un sistema poscapitalista están sobre la mesa. Precisamente por ello, la burguesía tecnológica necesita redireccionar la IA. En lugar de integrarla masivamente en la producción para liberar al trabajador de la carga laboral, la desvían hacia la vigilancia militar, el control social y la disuasión geopolítica. La militarización de la IA y la imposición de un clima de paz armada permanente actúan como un mecanismo artificial de absorción de capital excedente. No se trata de un avance tecnológico para el bienestar humano, sino de la creación de nuevos nichos de mercado financiados desde lo público para minimizar la contradicción capital-trabajo y proteger la actual estructura de propiedad. Aimé Césaire tenía razón al hablar de “terrible choc en retour” y explicar que la violencia ejercida por los imperialistas en la periferia acaba retornando a la metrópoli y la aplicación de las prácticas de Palantir no es ninguna excepción. Esta empresa ha entrenado y profesionalizado su tecnología militar en el genocidio de Gaza y ahora estas prácticas vuelven a los países del centro imperialista como un efecto boomerang. Sin ir más lejos, la tecnología de Palantir ha sido utilizada por el ICE para el monitoreo, vigilancia y detención en EE. UU y será utilizada masivamente para disciplinar y reprimir a la clase trabajadora. Se avecina la era del autoritarismo del siglo XXI. Quienes ven fascismo en Trump, Abascal, Meloni y otros líderes políticos están perdiendo de vista el cambio estructural que suponen empresas como Palantir y el capitalismo en su actual grado de desarrollo. La verdadera amenaza para la clase trabajadora siempre ha sido, es y será el capitalismo y su constante adaptación al desarrollo tecnológico, que la burguesía utiliza siempre contra los trabajadores. Este nuevo autoritarismo se alinea con los postulados del neorreaccionarismo y la Ilustración Oscura de personajes como Nick Land o Curtis Yarvin: un control total, predictivo, físico y mental a través de internet y la inteligencia artificial. Esta propuesta de militarizar la IA responde a la urgencia de reestructurar la rentabilidad del capital y prepararse para la pugna por la reconfiguración de las esferas de influencia global frente a potencias como China y Rusia. A su vez, el manifiesto destila un occidentalismo chovinista y supremacista, categorizando implícitamente a las civilizaciones entre aquellas "funcionales" que merecen prevalecer y aquellas "atrasadas" que pueden ser desechadas. Esta es la misma herencia ideológica que justifica el asedio neocolonial y el desprecio absoluto por las víctimas de la maquinaria bélica imperialista. El despliegue de la IA militarizada inaugurará una nueva jerarquización internacional. La brecha entre los países que monopolizan estas nuevas herramientas y aquellos subordinados a ellas generará nuevas formas de dominación neocolonial. Es la adaptación del imperialismo a la era algorítmica, donde la soberanía nacional de los estados periféricos será anulada directamente desde los servidores de las Big Tech. No es un problema del desarrollo de las fuerzas productivas, del desarrollo tecnológico en sí. No hay que caer en el neoludismo porque el error no radica en la IA ni en su desarrollo, sino en el régimen de propiedad privada. Las herramientas que Palantir diseña hoy para la contrarrevolución predictiva, la guerra imperialista y la maximización de beneficios, son las mismas herramientas que, bajo la dictadura del proletariado, esta capacidad de procesamiento optimizaría la distribución de recursos, desburocratizaría la administración y posibilitaría una planificación económica verdaderamente racional y revolucionaria. El desafío ante el avance de Palantir exige la formulación de un nuevo ¿Qué hacer? adaptado a las condiciones de hipervigilancia del siglo XXI. Superar la inofensiva militancia performativa es el primer paso y tomar en serio la realidad represiva actual es el segundo. Ningún movimiento, partido u organización que se considere comunista puede considerarse como tal si no tiene en cuenta las nuevas condiciones y reglas de juego que nos está imponiendo la burguesía. Repensar la militancia, mejorar el aspecto del trabajo clandestino y profesionalizar la seguridad de la actividad comunista es obligatorio si de verdad queremos avanzar en la lucha de clases. Llegará el día en que empresas como Palantir queden completamente expropiadas y todos sus avances tecnológicos sean puestos al servicio de la clase trabajadora. ✍️Oier Pérez Mancisidor @OierPerezM



























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