laiagpg
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@laiagpg
Catalana. Tanco els ulls i espero que la meva terra torni a ser exemple de progrés. No te estoy dando la razón... es muy posible que te esté ignorando...


La verdad es que México no existía en 1492, pero es que España tampoco.


La verdad es que México no existía en 1492, pero es que España tampoco.

Vi con mis propios ojos a los españoles cortarles las manos, las narices y las orejas a indios, hombres y mujeres, sin ninguna razón, sólo porque se les daba la gana hacerlo. Y vi esto en tantos lugares que sería muy largo contarlo todo. — Fray Marcos de Niza, Perú, 1531




Los museos de la Inquisición y por qué deberían estar prohibidos. Son un negocio turístico de mal gusto montado sobre una manipulación deliberada de la historia. La pieza de la fotografía que cito pertenece a la tradición visual del antiinquisitorialismo decimonónico abierta por Juan Antonio Llorente en su Histoire critique de l'Inquisition d'Espagne (París, 1817-1818), el antiguo secretario del Santo Oficio convertido a la causa josefina, que fijó el imaginario que veremos repetido en los museos de tortura turísticos europeos (Rothenburg ob der Tauber, San Gimignano, Brujas, Praga, Cesky Krumlov), todos ellos colecciones espurias del XIX y XX. El catedrático Wolfgang Schild, de la Universidad de Bielefeld, demostró en Die eiserne Jungfrau. Dichtung und Wahrheit que las piezas estrella de esos museos son ensamblajes hechos a partir de fragmentos heterogéneos vendidos como reliquias medievales. La emblemática "doncella de hierro" de Núremberg fue una invención del filólogo Johann Philipp Siebenkees en 1793 mediante un hoax académico que la situaba en 1515. La pera de la angustia, la cuna de Judas y el desgarrador de senos pertenecen al mismo catálogo de inventos modernos. La Inquisición española real, en sus 350 años de actividad, empleó solo tres procedimientos de tormento regulados con detalle por la legislación: la garrucha (cuerda y polea), el potro (cuerdas en mesa) y la toca (agua sobre paño). El procedimiento exigía la presencia de un escribano que registraba cada palabra, la asistencia médica obligatoria y la prohibición expresa de poner en peligro la vida o causar mutilaciones. Lo establecieron el Manual de inquisidores de Nicolau Eymeric (Aviñón, 1376), las Instrucciones de Tomás de Torquemada (1484) y las Instrucciones de Fernando de Valdés (1561). El propio Eymeric escribió que la tortura era "engañosa e ineficaz" (Quaestiones sunt fallaces et inefficaces). Joseph Pérez, en Crónica de la Inquisición en España (Martínez Roca, 2002), confirma que el Santo Oficio torturaba muchísimo menos que los tribunales civiles del Antiguo Régimen, por una convicción procesal de inutilidad probatoria. Las cifras lo confirman. El tribunal de Toledo emitió 26 autos de tormento en sus primeros 50 años. En Ciudad Real, de 400 conversos procesados entre 1483 y 1485, solo dos fueron sometidos a tormento. La rueda, la doncella de hierro y la pera no figuran en ningún manual inquisitorial conocido. La rueda como instrumento real fue una pena capital civil del Sacro Imperio, Francia y los Países Bajos hasta el siglo XVIII, aplicada por los tribunales seculares del norte de Europa, ajenos al Santo Oficio español. En América el dato decisivo es la cédula real de Felipe II de 30 de diciembre de 1571, que excluye a los indígenas del fuero inquisitorial. El Santo Oficio juzgaba a los españoles, criollos, mestizos, mulatos y negros libres, nunca a los indios. Los "neófitos en la fe" indígenas quedaban bajo el Provisorato episcopal, con penas que iban del azote al paseo penitencial. Lo demostró Richard E. Greenleaf en The Mexican Inquisition of the Sixteenth Century y lo confirma Solange Alberro en Inquisición y sociedad en México, 1571-1700. En cifras totales, la Inquisición española ejecutó entre 3.000 y 5.000 personas en tres siglos y medio. Por brujería, 59. Solo en el Sacro Imperio, los tribunales civiles ejecutaron a entre 25.000 y 50.000 personas en ese periodo. Estos museos cobran entrada por un atrezzo decimonónico vendido como patrimonio histórico. Bibliografía recomendada: – Wolfgang Schild, Die eiserne Jungfrau. Dichtung und Wahrheit, Mittelalterliches Kriminalmuseum, Rothenburg ob der Tauber, 2000. – Henry Kamen, La Inquisición española. Una revisión histórica, Crítica, Barcelona, 4ª ed. 2013.

Si @IdiazAyuso está decepcionada porque no la dejaron entrar al tzompantli de la calle Guatemala, a menos de un kilómetro, en Tacuba 76, podía visitar un recinto que le hubiera resultado fascinante a ella, que tanto insiste en reivindicar el aporte civilizatorio de España: el Museo de la Inquisición.

















