luna kathri
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Lo de Jorge Alfredo Vargas y Ricardo Orrego no se puede suavizar.
Son demasiadas mujeres hablando. Demasiados años. Demasiado silencio impuesto.
Durante más de dos décadas, según denuncias públicas, algunos creyeron que el poder, la fama y un micrófono eran suficientes para intimidar y callar.
Se equivocaron.
Esto no es un “malentendido”. Es, si se comprueba, un abuso sistemático de poder dentro de los medios.
Y hay algo que ya cambió:
las mujeres dejaron de tener miedo.
Ahora toca que hablen las instituciones, que investiguen a fondo y que, si corresponde, haya consecuencias reales.
Porque el prestigio no puede seguir siendo escudo para nadie.
El silencio se rompió. Y no hay vuelta atrás.

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