
Trymonts
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Trymonts
@lluistry
Aborígen de la Muntanya d’Ametistes. Espècie en vies d’extinció, però no encara.



AQUELLAS VACACIONES En los 80 irse de vacaciones no era viajar. Era una expedición de castigo. No salías de casa: te movilizaban. Aquello no era un coche, era un Tetris con ruedas. El padre al volante con el codo fuera, la madre girada medio viaje diciendo “no me hagáis volver”, el niño pequeño derretido atrás, el mayor preguntando cada siete segundos “¿queda mucho?”, y encima una baca con más equipaje que una mudanza ilegal. Eso no era un coche de vacaciones. Eso era un atentado contra la aerodinámica. La bici arriba, las maletas metidas a presión, el remolque atrás… eso cogía una curva y parecía que iba a separarse España del continente. Antes irse a la playa era: salir a las seis de la mañana para “evitar tráfico”… y comerte exactamente el mismo atasco que todo ser humano con un SEAT, un Renault 5 o un Simca. Sin aire acondicionado. Con la ventanilla bajada y un viento que no refrescaba: te deshidrataba la cara. Llegabas al destino con el peinado de un superviviente del Dakar y el brazo izquierdo moreno, pero solo uno, porque el otro iba a la sombra. Parecías un cruce entre turista y langostino. Y la tecnología de entonces era maravillosa: no había GPS. Había una frase mítica: “Tira por aquí, que me suena.” “Me suena”. Esa era toda la inteligencia artificial de la época. Tu padre podía perderse tres provincias seguidas con una seguridad que daba miedo. Y luego nunca admitía que se había equivocado. No. Él decía: “Estamos yendo por un sitio mejor”. Mejor para quién, para los geógrafos. Ahora no. Ahora irse de vacaciones da asco de cómodo. Climatizador bizona, navegador, Spotify, cargadores USB, asientos que te masajean el culo, aviso de carril, sensor de fatiga… Hoy el coche te cuida más que tu familia. Antes el coche no te avisaba de nada. Antes el coche solo tenía dos mensajes: arranco, ahí te quedas. Antes preparabas el viaje con una tortilla de patatas, filetes empanados y una nevera azul que pesaba como un ataúd pequeño. Ahora la gente para en áreas de servicio que parecen aeropuertos. Café de especialidad, smoothie detox, sandwich de salmón… ¿Detox? En los 80 el detox era bajar del coche y no vomitar. Y los niños de ahora van con tablet, dibujos, cascos, series, videojuegos… entretenidos, callados, anestesiados. Nosotros íbamos mirando una cuneta durante seis horas. Nuestro Netflix era contar vacas. Nuestro entretenimiento era ver si adelantábamos al mismo camión tres veces. Y si te aburrías, tu madre no te daba una pantalla: te daba una amenaza. En los 80 las vacaciones empezaban con ilusión y terminaban con una discusión monumental por aparcar, por el apartamento, por la arena, por el calor y por quién había olvidado la sombrilla. Ahora no. Ahora las vacaciones empiezan con un story: “rumbo al paraíso”. Antes el único story era tu padre sudando, diciendo: “Como alguien vuelva a decir que tiene que mear, nos damos la vuelta”. Pero también te digo una cosa: aquellas vacaciones tenían épica. Ahora viajamos mejor, sí. Más cómodos, sí. Pero antes cada llegada era una victoria militar. Bajarte de aquel coche era como salir vivo de una misión de la OTAN. No habías ido a Benidorm. Habías sobrevivido a Benidorm.













"Avui per tu, demà per mi." Un grup de masies del Penedès practica el tornalloms: s'ajuden els uns als altres en feines del camp i ho fan de franc. "Disposes de mà d'obra, maquinària i coneixements quan et fan falta. Sol no ho podria fer" bit.ly/4mL5ZXy



"Avui per tu, demà per mi." Un grup de masies del Penedès practica el tornalloms: s'ajuden els uns als altres en feines del camp i ho fan de franc. "Disposes de mà d'obra, maquinària i coneixements quan et fan falta. Sol no ho podria fer" bit.ly/4mL5ZXy




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