Juano Battaglia@juanobattaglia
El programa financiero parece dejar en claro que salir al mercado internacional no es el escenario base, aunque para nada cerró esa puerta. Creo que toda la discusión sobre salir al mercado internacional no está bien enfocada, o por lo menos eso es lo que yo vengo leyendo. Salir al mercado global no es un objetivo per se, "volver a los mercados internacionales de deuda" no tiene sentido plantearlo como un objetivo en sí mismo.
Yo creo que este año Argentina tiene que volver al mercado internacional, si la tasa del Treasury a 10 años lo permite, pero para perseguir dos objetivos simultáneos y correlacionados. El primero es bajar el riesgo país. Si bien la relación entre el riesgo país y la apertura al mercado internacional está llena de endogeneidad (en criollo, el huevo y la gallina), hay evidencia empírica reciente de que salir al mercado global ayuda a comprimir spreads o bajar el riesgo de crédito. Y esto se relaciona con el segundo objetivo. Salir al mercado global ayuda a estirar vencimientos y mejorar el perfil de la deuda, pero ello también reduce el riesgo de crédito. El mercado internacional permite estirar duration de la deuda.
Se podría pensar en el caso reciente de Ecuador, que tuvo una emisión y una reapertura (tap) que mejoraron marcadamente su perfil de vencimientos. Incluso me parece prudente hacer una primera emisión algo más acotada y si la tasa de USA (y el conflicto en Medio Oriente) ayudan, avanzar luego con una segunda emisión más importante.
El programa financiero es muy valioso. La compra de divisas con superávit fiscal para pagar deuda externa me parece el mecanismo más sano posible para la dinámica del sector externo. Imaginemos que hacemos esto durante los próximos seis años: la deuda externa sobre PBI debería reducirse drásticamente (creciendo un poquito también el PBI, claro). No sé si seremos investment grade en 2031, pero sin dudas estaríamos en otra liga crediticia. El tema es que el año que viene no será fácil comprar USD 5.000 millones en el mercado de cambios (dolarización electoral siempre es el escenario base).
Otro punto valioso es el préstamo bilateral (con colateral de organismos multilaterales) contra el sindicato de bancos, dado que tiene un vencimiento más largo y periodo de gracia. Vale oro.
Pero el resto del programa financiero y los rollovers (repos del BCRA, colocaciones MEP ya hechas y anuncios de nuevas emisiones MEPs) se concentran demasiado en 2027, 2028 y 2029, primeros dos años del próximo mandato.
El Gobierno tiene un punto: si es reelegido, tendrá al mercado de su lado. Se lo ganó sin dudas: disciplina fiscal desde el día uno, compras de reservas (debatible si fueron suficientes o no, pero llegaron) y poniendo el respeto de los contratos de deuda por encima de todo. Lo celebro de pie. Si gana la oposición más extrema, el Gobierno puede sostener que, independientemente del perfil de vencimientos, los compromisos no se van a cumplir. Las declaraciones recientes de Máximo Kirchner le dan la razón al equipo económico.
Sin embargo, en un sistema democrático con alternancia política, creo que se podría pensar en una política macroprudencial de largo plazo y algo menos en "ellos o nosotros". Quizás la política sorprenda y una tercera vía de centro se meta en un balotaje. En ese escenario hipotético, despejar un poco más los vencimientos de 2028 y 2029 sería más que bienvenido.
También creo que sería positivo incluso en un escenario en el que el oficialismo sea reelegido. Emitir USD 8.000/10.000 millones al 8,75% a largo plazo o emitir USD 8.000/10.000 millones al 7% no va a cambiar la sostenibilidad de la deuda, y el cambio en el peso de los intereses es marginal. En cambio, despejar USD 10.000 millones de deuda de corto plazo hacia plazos más largos puede ser de gran ayuda para los próximos años.
Intertemporalmente, tiene sentido pagar un poco más caro para comprar tiempo, dado que ese tiempo es un valioso puente para que el sector externo produzca más divisas vía nuevas exportaciones de oil & gas y minería.