
KICILLOF LOGRÓ LO IMPOSIBLE: HUNDIR LA PROVINCIA MÁS RICA DEL PAÍS
Mientras muchas provincias argentinas empiezan a hablar de inversión, producción, equilibrio fiscal y crecimiento económico, Axel Kicillof decidió mantenerse firme en la resistencia… a la realidad.
En el resto del país algunos gobiernos intentan achicar el gasto político, ordenar las cuentas y generar condiciones para que el sector privado produzca y trabaje. En la Provincia de Buenos Aires, en cambio, seguimos apostando al viejo modelo que tantos resultados dio: más burocracia, más impuestos, más propaganda y, por supuesto, más “emergencias”.
Porque nada representa mejor la eficiencia del modelo bonaerense que declarar emergencia económica después de años de gastar fortunas en estructuras políticas, militancia estatal y publicidad oficial. Una verdadera hazaña administrativa: fundir la provincia más grande del país y después sorprenderse por la falta de recursos.
Mientras otras provincias buscan atraer inversiones, en Buenos Aires espantamos contribuyentes. Mientras algunos gobiernos discuten competitividad, acá seguimos discutiendo cómo sostener un Estado cada vez más grande, más caro y menos útil.
La paradoja es extraordinaria: la provincia más rica, productiva y poderosa de la Argentina administrada como si estuviera en permanente terapia intensiva. Y aun así, el problema nunca sería el gasto político. Nunca sería el tamaño del Estado. Nunca sería el fracaso del modelo. Siempre la culpa parece ser de otro.
Lo único que crece de manera sostenida en la Provincia de Buenos Aires es la inseguridad, la presión impositiva y el relato oficial.

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