
Honor a ustedes, trabajadores venezolanos (mensaje a la mayoría de hoy).
Con esos ingresos chiquiticos, pero el corazón tan grande, con esa calle tan cara y la casita pobre.
Con tu manera de compensar los vacíos o resolver los peos, jugando esos bolsos, haciendo la rifa, vendiendo esa sopa, pidiendo prestado y pagando interés.
Créeme, algún día todo esto será “el anecdotario de la roncha”, contado entre risas, recuerdos, en el patio de la casa con parrilla y cerveza comprada de contado, como antes, sin cashea.
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