Adi el Grande@icardo8
En 1968, Mario Puzo tenía 47 años y debía 20.000 dólares a prestamistas, bancos y familiares.
Paramount Pictures le ofreció apenas 12.500 dólares por los derechos de su novela sin terminar, y su agente le rogó que rechazara la oferta. Puzo firmó igual, porque necesitaba dinero urgente para pagar sus deudas de juego. Ese manuscrito inconcluso se llamaría El Padrino, y cambiaría la historia del cine para siempre.
La novela salió publicada en 1969 y pasó 67 semanas en la lista de los más vendidos del New York Times, vendiendo más de nueve millones de copias en solo dos años. En sus propias memorias, Puzo admitió sin vergüenza que la había escrito para hacer dinero, no arte: "Tenía 45 años y estaba cansado de ser un artista. Además, debía 20.000 dólares", escribió.
Cuando Paramount le pidió que adaptara la novela al cine, apareció un problema enorme: Puzo nunca antes había escrito un guion. Aun así, aceptó. Trabajó junto al director Francis Ford Coppola, aunque su hijo mayor, Anthony, contó que su padre llegó a esa reunión preparado para decir que no. El resultado fue El Padrino (1972), que ese año se convirtió en la película más taquillera del mundo.
La Academia de Hollywood le entregó el Oscar al Mejor Guion Adaptado en 1972 por la primera película, y nuevamente en 1974 por El Padrino Parte II. Dos premios. Para alguien que nunca había escrito un guion antes de todo esto.
Después de esas dos estatuillas, Puzo decidió que era hora de aprender cómo se hacía aquello. Compró un libro de técnica para escribir guiones.
Lo abrió, leyó la primera página, y ahí estaba: el libro recomendaba estudiar El Padrino como el mejor ejemplo del arte cinematográfico. Su hijo Anthony lo contó así:
"Mi padre compró un libro sobre cómo escribir guiones. En la primera página decía: 'El mejor guion jamás escrito fue El Padrino'. Después de leer eso, lo tiró."