Estoy mental, física, emocional y rotundamente agotada. Pero dentro de todas las malas noticias me rodeo de personas que me quieren mucho aún en esa versión y eso me despierta el alma. Siempre.
Aunque todo lo que das, de alguna forma la vida te lo devuelve. Pero no siempre como tú esperas que lo haga. Y casi siempre la versión sorpresa es mejor.
No pido nada que yo no esté dispuesta a dar. También estoy aprendiendo a no dar por sentado que otros/as actúen como yo lo haría. Lo mejor es hacerlo por convicción propia y nada más y jamás buscar el efecto boomerang.
Aceptar las circunstancias que no tienen solución pero que nos dificultan el camino es un asunto bucólico, pero una vez vences… ganas mucho más que una batalla.
Soy ese tipo de persona que se niega a aceptar que somos por naturaleza egoístas, no lo creo. Me parece una manera absurda de infravalorar la inteligencia emocional y en general, algo tan grande y poderoso como el amor.
Considero que toda persona parte de una base natural intrínseca de amor y bondad. Cuando alguien toma decisiones incorrectas, — de esas que vienen con daños colaterales — , casi siempre lo hace por inseguridad, miedo o pérdida del norte. Y eso más que enfadarme, me entristece.
Las dos grandes excusas de la sociedad que hacen imposible recordar la necesidad de utilizar la inteligencia emocional antes de decir cualquier gilipollez.