
Miguel Orell
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Miguel Orell
@migorell
Licenciado en Matemática. Experto en informática. Productor de software financiero y comercial. Fui presidente árbitro y jugador de rugby del Club Los Caranchos










Triste, lamentable, decepcionante, que un acto de corrupción crediticia con fondos públicos, desde el mayor banco del estado que es el agente financiero del estado y del presupuesto nacional, se vuelva a repetir en el país. El gobierno de Milei, para facilitar el enriquecimiento de los propios y para comprar voluntades políticas ajenas, decidió repetir el mecanismo corruptor y corrompido de la Circular 830 de Raúl Alfonsín que operó impunemente durante su gobierno. Fueron técnicamente sobornos a decenas de miles de políticos y funcionarios con los que se compraban silencios, lealtades, votaciones y hasta favores del tipo de los que ustedes quieran imaginar. Abarcó a sujetos de los tres poderes del estado, incluído el Judicial, y a todo el arco político. Hasta yo mismo fui tentado con estos créditos hipotecarios fraudulentos, los que decliné por razones ideológicas, para preservar mi libertad de expresión intacta y porque odio deber plata aunque se trate de obligaciones meramente figurativas que, o no se devuelven o quedan licuadas por la inflación. Un político no debe aceptar jamás préstamos de entidades estatales, porque la aprobación lleva inevitablemente un proceso especial y porque, al final, no se pagan. Es plata robada al estado. Lamento ver nombres de ex amigos, con los que estoy políticamente distanciado desde el 2022, en este enjuague armado por el Banco Nación. Con varios de ellos había hablado yo, en 2020-2021, acerca de la 830 alfonsinista y les dije que jamás procedieran en este sentido en sus carreras. No supieron, no pudieron, no quisieron evitar el saqueo de las arcas públicas ni la tentación de ser beneficiados por las cercanías con el poder.











