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@mingomusica

Dicen que tengo más historias que años vividos. Hago canciones y las canto , de vez en cuando se me ocurre actuar🤍♥️🤍 👉 https://t.co/MaFC006B5n

Argentina Katılım Ağustos 2009
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Sabitlenmiş Tweet
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mingo@mingomusica·
Escucha Cura mis lágrimas y todas mis canciones en tu plataforma digital favorita Linktr.ee/mingomusica
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mingo
mingo@mingomusica·
@mshiny_ Esa es una linda noticia. Yo me voy a poner en campaña para aprenderme una de escorpios aunque no seap ingles para festejar que estes mejor
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💛@mshiny_·
@mingomusica Esperando mis insulinas para irme de alta
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Lunes
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mingo
mingo@mingomusica·
@AlexTran677026 Que peliculón! Me la recomendo un estudiante y siempre que me lo cruzo se lo agradezco
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Love Classical Music and Movies 🎺🎻💖🎥🎬
Whiplash* (2014) lingers in memory because of its breathtaking finale. That last performance isn’t merely a drum solo — it’s a ferocious duel between student and mentor, a battle of wills disguised as music. The camera locks onto a final glance that radiates both triumph and tragedy, before cutting to black with surgical precision. It’s not just an ending — it’s perfection.
Love Classical Music and Movies 🎺🎻💖🎥🎬@AlexTran677026

Movies where the final scene is widely regarded as the best scene in the entire film?

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💛@mshiny_·
El que adivina cuánto pesaba cuando entré a internación gana. Que va a ganar? Nada. Pero bueno
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Diego Royet
Diego Royet@DiegoRoyet41761·
¿Cuántos puntos obtuviste? Yo obtuve 60 😕
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mingo
mingo@mingomusica·
@mshiny_ Si supiera inglés 🥺😔😟
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Que están haciendo? Yo esperando la cena. Me aburro, los leo y les contesto(?
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mingo
mingo@mingomusica·
@mshiny_ Buen día ! Te mando un abrazo
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Holi de sábado de internación (?
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mingo
mingo@mingomusica·
@JMilei Si no esta acompañado del crecimiento de poder adquisitivo son número que no sirven para nada señor presidente.. y no lo esta
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mingo
mingo@mingomusica·
ya es hora de Julian patee los tiros libres de la selección?
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Javier Smaldone
Javier Smaldone@mis2centavos·
Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina, Lic. @JMilei: Esta no es una crítica política. Es un registro de hechos y una advertencia sobre sus consecuencias. Desde sus primeras apariciones públicas, usted recurre al agravio personal como herramienta política. Por eso no resulta novedoso que descalifique, insulte o ridiculice a quienes piensan distinto. Pero precisamente por eso, lo que hoy resulta inaceptable no es solo el hecho en sí, sino la persistencia deliberada en una conducta que deshonra, día a día, la función que usted juró ejercer. La investidura presidencial no es un atributo ornamental. No es un premio ni un micrófono más potente para amplificar impulsos personales. Es una responsabilidad institucional que exige templanza, autocontrol y, sobre todo, conciencia del lugar que se ocupa. Usted no habla ya como un ciudadano más ni como un panelista de televisión: cada palabra suya —pronunciada en un discurso, vertida en una entrevista o publicada en redes sociales, no importa la hora— compromete al Estado que representa. Usted lo sabe. Y lo hace igual. Cuando un Presidente insulta, no se rebaja únicamente a sí mismo: arrastra consigo a la institución. La arrastra, deliberadamente, hacia el barro de la confrontación más baja —con evidente satisfacción— hasta un punto en que la razón cede ante el exabrupto y el debate público deja de ser tal y se convierte en un chiquero. Y lo hace, además, desde una posición de poder asimétrica frente a ciudadanos que no tienen ni su exposición ni su capacidad de respuesta. Ese modo de ejercer la palabra tiene consecuencias concretas sobre personas reales. Cuando usted señala, insulta o ridiculiza a un ciudadano común desde la investidura presidencial, no solo lo expone: lo convierte en blanco. Habilita y promueve una reacción en cadena de ataques, hostigamientos y agresiones por parte de quienes encuentran en su palabra una legitimación. Lo que para usted puede ser un exabrupto pasajero, para quien lo recibe suele traducirse en una avalancha de violencia que no eligió ni puede controlar. No es una hipótesis: ya ha ocurrido. Ciudadanos señalados por usted en redes sociales han recibido, en cuestión de horas, cientos de mensajes de odio, amenazas e insultos de sus seguidores. Y usted no detiene el proceso: lo observa, y a veces lo amplifica con una nueva publicación. Eso no es impericia. Es decisión. Pero en su caso hay un agravante adicional. Usted no se limita a insultar: deshumaniza. Reduce a quienes disienten a "ratas", "cucarachas", "parásitos", "degenerados fiscales" o simplemente "zurdos de mierda" —un vocabulario de exterminio simbólico, no de debate político. Y sobre esa degradación, añade un repertorio insistente de groserías de pésimo gusto y vulgaridades que apelan a la humillación —muchas veces de carácter sexual— como forma de celebración política. No es un desliz. Es un lenguaje elegido, repetido, cultivado y celebrado ante las cámaras con una sonrisa. Ese lenguaje no es inocuo, y usted, que se precia de conocer la historia, debería saberlo mejor que nadie. Todas las sociedades que normalizaron la deshumanización del adversario creyeron, en su momento, que se trataba solo de palabras. Ninguna pudo después deshacer lo que esas palabras construyeron. Usted está construyendo ahora. Y si esto es grave cuando se dirige a cualquier ciudadano, lo es aún más cuando apunta contra el periodismo. Su reiterada declaración de que "no odiamos lo suficiente a los periodistas" —pronunciada con la familiaridad de quien repite un chiste conocido— no es una provocación inocente ni una hipérbole retórica. Es la formulación explícita de un clima de hostilidad hacia una actividad esencial para la vida democrática. No solo deslegitima la tarea periodística: invita a intensificar el rechazo, el desprecio y, potencialmente, la agresión hacia quienes la ejercen. En ese contexto, cada señalamiento suyo contra un periodista no es un hecho aislado: es un acto que amplifica riesgos reales. Quienes reciben ese mensaje no lo interpretan como una metáfora sofisticada, sino como una habilitación. Y esa habilitación se traduce, con demasiada frecuencia, en campañas de hostigamiento, amenazas y violencia que exceden por completo cualquier marco aceptable de debate público. A todo esto se suma un fenómeno igualmente preocupante: la claque que lo celebra. Un coro de aplaudidores que replica, amplifica y legitima cada exceso, muchas veces desde posiciones sostenidas con recursos del Estado. No solo no hay freno: hay estímulo. No solo no hay corrección: hay recompensa. Así, lo que debería ser motivo de rectificación se convierte en espectáculo y en método de gobierno. El insulto presidencial tiene estructura, organización y presupuesto. Es política de Estado. No se trata aquí de formas superficiales ni de modales aristocráticos. Se trata de algo mucho más profundo: del respeto mínimo que exige la convivencia democrática. El disenso no solo es legítimo: es indispensable. Pero cuando desde la cúspide del poder se lo responde con insultos, deshumanización y groserías, se envía un mensaje claro y peligroso: que la diferencia es un agravio, que el otro es un enemigo, que la agresión puede reemplazar a la palabra. La tradición republicana argentina —con todas sus fragilidades— ha sabido distinguir entre la aspereza del debate político y la degradación deliberada del adversario. Usted elige, conscientemente, borrar esa distinción. No por ignorancia: por conveniencia. Quienes confunden poder con licencia para el agravio pagan un precio inevitable. No se recuerda con indulgencia a quienes, pudiendo elevar el debate, eligieron rebajarlo, ni a quienes optaron por degradar la institución que encarnaban. Pero el juicio es especialmente cruel con quienes gobernaron en el momento en que su país más los necesitaba y eligieron, en cambio, alimentar sus propios rencores. Usted podrá invocar autenticidad, espontaneidad o incluso convicción. Ninguna de esas razones justifica lo que hace. Gobernar no es desahogarse. Liderar no es humillar. Y representar a una Nación es, antes que nada, estar a la altura de ella. No lo está. La historia registrará que usted tuvo la oportunidad de gobernar la Argentina en un momento crítico. Registrará también cómo decidió usarla. Atentamente. Javier Smaldone (@mis2centavos)
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mingo
mingo@mingomusica·
Cero inteligente Martinez Cuarta.. un minuto de juego papa.. es preferible un gol en contyra que uno menos los 90 minutos. Este es el referente que tenemos?
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mingo
mingo@mingomusica·
@JMilei @AcostashowJuan En las aulas intentamos que los estudiantes entiendan lo sano que es vivir aceptando las diferencias con muy poco éxito, en parte, gracias a los mensajes de este señor y sus seguidores. Lamentable (Porque soy educado)
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Acosta
Acosta@AcostashowJuan·
Ariel Lijalad te comiste una poronga de dos metros.,fin
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mingo
mingo@mingomusica·
Una de @pabloalboran que me encanta para cerrar el domingo. Además hace mucho que no canto por acá. 🪐
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Andy Crush
Andy Crush@Andy_TToledo·
El banco que iban a volar por los aires, es el que les dio los créditos millonarios a todos sus funcionarios. La petrolera de estado que querían volver a privatizar, es la que les dios el mayor ingreso de divisas al país. La China comunista con la que no querían negociar, fue la que les renovó el swap para que no les estalle todo por los aires. El Brasil comunista con el que tampoco querían tratar, les facilitó el gas que no lograron tener en invierno. El gasoducto que no servía para nada, les permitió ahorrarse 3.600 millones de dólares en transporte. El mercado que se regulaba solo, tuvo que ser intervenido por ellos para fijar salarios, pisar el usd, y limitar paritarias. Los controles sanitarios que estaban al pedo, les provocó 200 muertes por fentanilo contaminado. Las regulaciones alimentarias que “se usaban como cajas del estado”, evitaba que prohibieran compras de carne vacuna por presencia de aftosa. El estado del que viva la casta se ha desarmado por completo y los negocios de estos tipos están ya a la vista de todos. Son la muerte de su propio discurso y de sus propias ideas. Ideas que solo existieron para juntar votos y que nunca jamás se aplicaron ni se aplicarán.
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Vanessa♡
Vanessa♡@1105Vanessa·
Güendía🧉 Felices Pascuas✨️
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