Misael Sánchez

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Misael Sánchez

Misael Sánchez

@misaelsanchezmx

Comunicador

Oaxaca, México Katılım Aralık 2016
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Misael Sánchez
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Salud, territorio y política en el Centro de Convenciones de Oaxaca A las ocho de la mañana, cuando el sol apenas comenzaba a calentar las paredes del Centro de Convenciones de Oaxaca, el recinto ya estaba tomado por un movimiento inusual. No era un acto protocolario más ni una conferencia rutinaria. Era una escena que mezclaba logística sanitaria, despliegue institucional y un mensaje político cuidadosamente construido. Las unidades móviles del sector salud, alineadas como una flota recién salida de fábrica, daban la primera señal de que la jornada no sería menor. El gobernador Salomón Jara Cruz entró al lugar con la puntualidad de quien sabe que la narrativa del día se juega desde el primer minuto. La conferencia del 19 de mayo no comenzó con la sección habitual de “Voces que no mueren”. El gobernador lo anunció desde el inicio, como quien mueve una pieza del tablero para marcar un tono distinto. La prioridad, dijo, sería la salud. Y en ese punto, el escenario ya hablaba por sí mismo. Tres clínicas móviles, tres unidades médicas con farmacia, tres unidades de mastografía y dos unidades veterinarias formaban un corredor blanco y metálico que ocupaba buena parte del espacio exterior. Era una puesta en escena que buscaba transmitir capacidad operativa, presencia territorial y un mensaje claro: el gobierno se mueve hacia donde está la gente. El doctor Efraín Jarquín, secretario de Salud, tomó la palabra con la seguridad de quien conoce cada tornillo de las unidades estacionadas afuera. Explicó que la estrategia Ve’e Tata —salud en tu casa, en lengua mixteca— nació para unificar brigadas dispersas y convertirlas en un solo cuerpo operativo. Lo dijo sin adornos. Antes, cada dependencia hacía lo suyo. Ahora, la instrucción era coordinar, sumar y llegar más lejos. Las unidades móviles, recién renovadas, ofrecían consulta general, odontología, ginecología, oftalmología, laboratorio y farmacia. No era una promesa abstracta. Era un catálogo de servicios que, en muchos municipios, nunca había estado disponible de manera gratuita y cercana. El doctor detalló horarios, procedimientos, rutas y especialidades. Habló de biometrías hemáticas, perfiles lipídicos, refracción digital y exploraciones ginecológicas. Enumeró colonias, agencias y municipios donde iniciarían las jornadas. San Andrés Huayapam, San Agustín Yatareni, Santa Lucía del Camino, San Sebastián Tutla, Santa Cruz Amilpas. La lista era larga y la intención evidente. Llevar salud a la puerta de las casas, sin esperar a que la población llegue a los centros de salud. La estrategia, dijo, se reforzaría con unidades de veterinaria que permitirían un registro estatal de animales de compañía, vacunación, esterilización y desparasitación. Un enfoque de salud pública integral que pocas veces se había planteado con esa amplitud. La secretaria de Bienestar, Vilma Martínez Cortés, tomó el relevo con cifras que daban dimensión al esfuerzo. Dijo que Ve’e Tata había recorrido 248 colonias y todas las agencias municipales de Oaxaca de Juárez. Más de 33 mil viviendas visitadas, casi 14 mil familias atendidas, más de 30 mil personas beneficiadas. Las brigadas fijas habían otorgado más de 23 mil servicios, entre consultas médicas, odontológicas, nutricionales y psicológicas. Las mastografías, uno de los servicios más demandados, sumaban ya 3 mil 193 estudios gratuitos en lo que iba del año. La secretaria habló de prevención, de acceso, de acompañamiento. Y sobre todo, de un gobierno que sale al territorio, escucha y actúa. El gobernador intervino de nuevo para precisar la magnitud del despliegue. Once unidades en total. Tres clínicas móviles, tres unidades médicas con farmacia, tres unidades de mastografía y dos unidades veterinarias. Dijo que era un esfuerzo que no se había visto antes y que respondía a una necesidad evidente. La salud, insistió, debía llegar a donde la gente vive, trabaja y se organiza. Luego vino el turno de Caminos Bienestar. Moisés Salazar Martínez presentó un informe que parecía un mapa en movimiento. Enumeró obras en proceso, caminos artesanales, rehabilitaciones con concreto asfáltico y mantenimiento de rutas rurales. Santa María Yucunicoco, Juxtlahuaca, Monteverde, Petapa, Zacatepec, Jocotepec, Huatulco, Chalcatongo, Totontepec, Xalapa de Díaz, Ayutla. La lista era extensa y reveladora. La conectividad, dijo, no es un lujo. Es la condición mínima para que los servicios lleguen y las comunidades se integren al desarrollo. La conferencia avanzó hacia un terreno más político cuando el gobernador abordó la propuesta de la presidenta de la República sobre la elección del Poder Judicial. Explicó fechas, procedimientos, criterios de evaluación, insaculación, simplificación de boletas, capacitación obligatoria y concurrencia electoral. Lo hizo con un tono técnico, casi pedagógico, como quien busca dejar claro que el debate no es menor. Dijo que la iniciativa evitaría confusiones, reduciría cargas electorales y permitiría un proceso más ordenado. Señaló que el gobierno de Oaxaca coincidía con la propuesta y esperaba que el Congreso la discutiera a fondo. La mañana avanzaba y el Centro de Convenciones seguía lleno de movimiento. Alrededor, las unidades móviles permanecían abiertas, listas para iniciar operaciones. Adentro, la conferencia cerraba con la sensación de que el gobierno buscaba mostrar músculo operativo y claridad política. No era solo un informe. Era una narrativa. Salud territorializada, bienestar cercano, caminos que conectan, reformas que ordenan. La crónica del día deja una imagen precisa. Un gobierno que se presenta en movimiento, que despliega unidades, que recorre colonias, que anuncia obras y que se posiciona en debates nacionales. Una mañana donde la política se mezcló con la logística sanitaria y donde el Centro de Convenciones se convirtió en un escenario que sintetiza la apuesta de la administración estatal. Llevar el Estado al territorio y convertir la operación cotidiana en un mensaje político. — Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx
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Salomón Jara Cruz
Salomón Jara Cruz@salomonj·
Recibimos en la Casa del Pueblo al rector de la #UABJO, @Farid_AcevedoL, para fortalecer el trabajo conjunto en beneficio de la máxima casa de estudios de #Oaxaca. 📚 El desarrollo académico de nuestras juventudes es fundamental para construir un estado con más oportunidades y bienestar, por eso seguimos sumando esfuerzos en favor de su educación. 🙌🏽
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Misael Sánchez
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Salomón Jara reconoce elección histórica en la UABJO y reafirma respeto a la autonomía universitaria Misael Sánchez El Gobierno del Estado celebró el proceso electoral que definió a la nueva rectoría de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, al considerar que marca un punto de inflexión para la vida institucional de la máxima casa de estudios. Durante su conferencia matutina, el gobernador Salomón Jara Cruz felicitó al doctor Farid Acevedo López por obtener el respaldo mayoritario de la comunidad universitaria y destacó que la jornada se desarrolló en un ambiente de paz y apego a la normatividad interna. Jara subrayó que el triunfo del nuevo rector, con el 53 por ciento de la votación, refleja la voluntad de la comunidad estudiantil y académica. Señaló que esta elección adquiere especial relevancia al tratarse de la primera realizada en una década, lo que abre una nueva etapa para la universidad y fortalece su vida democrática. El mandatario reiteró el respeto absoluto del Gobierno del Estado a la autonomía universitaria, la libertad académica y la pluralidad que caracterizan a las instituciones de educación superior. Recordó que la UABJO ha sido históricamente un espacio formador de mujeres y hombres comprometidos con las causas sociales y el desarrollo de los pueblos de Oaxaca. Jara afirmó que su administración mantendrá una relación institucional basada en el diálogo y el respeto mutuo con la nueva rectoría. Expresó la disposición del gobierno estatal para trabajar de manera conjunta en el fortalecimiento académico, la ampliación de oportunidades educativas y la consolidación de una educación pública más incluyente y humanista. El gobernador destacó que la educación pública es motor del desarrollo y base de la transformación del estado. Aseguró que la comunidad estudiantil cuenta con el respaldo del Gobierno de Oaxaca y que se impulsarán políticas que fortalezcan la formación profesional de las juventudes oaxaqueñas. Finalmente, Jara felicitó nuevamente al doctor Farid Acevedo y reconoció a la comunidad universitaria por haber llevado a cabo un proceso ejemplar que contribuye a la estabilidad institucional de la UABJO.
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Misael Sánchez
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Columna Política de Apuntes y Despuntes… — + Espaldarazo del gobernador Salomón Jara al rector Farid Acevedo, tras la elección en la UABJO — Misael Sánchez — La política oaxaqueña suele encontrar en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) un espejo incómodo. Cada proceso interno, cada disputa por la rectoría, cada gesto institucional, termina por decir más sobre el estado que sobre la propia universidad. La elección de Farid Acevedo López, reconocida públicamente por el gobernador Salomón Jara, no es la excepción. Lo que ocurrió en la UABJO no solo marca un relevo administrativo. Es un movimiento que reordena símbolos, expectativas y tensiones en un espacio donde la política y la vida académica nunca han estado separadas. El gobernador subrayó que el nuevo rector obtuvo el 53 por ciento de los votos en una jornada pacífica, la primera elección rectoral en diez años. La cifra y el énfasis en la normalidad institucional no son detalles menores. En un estado donde la universidad ha sido escenario de conflictos prolongados, grupos de presión y disputas históricas, la sola realización de una elección ordenada adquiere un valor político que trasciende el campus. La narrativa oficial presenta el proceso como un punto de inflexión, una oportunidad para inaugurar una etapa distinta en la vida universitaria. La pregunta relevante es qué tan profunda puede ser esa transformación y qué condiciones reales existen para sostenerla. El discurso del gobernador insistió en el respeto a la autonomía universitaria, la libertad académica y la pluralidad. Estas afirmaciones, necesarias en cualquier relación entre gobierno y universidad, adquieren un matiz particular en Oaxaca, donde la frontera entre lo académico y lo político ha sido históricamente porosa. La autonomía, más que un principio jurídico, es un campo de disputa. La universidad ha sido semillero de liderazgos sociales, pero también escenario de prácticas corporativas y redes de poder que han condicionado su desarrollo. Reconocer esa complejidad es indispensable para entender el alcance del momento actual. El respaldo del gobierno estatal a la nueva rectoría se presenta como una disposición al diálogo y a la colaboración institucional. La oferta de trabajar conjuntamente para fortalecer la universidad y ampliar oportunidades educativas para la juventud oaxaqueña responde a una necesidad evidente. Incluso el gobernador planteó recientemente que pedirá a la nueva administración que la inscripción sea gratuita. La UABJO enfrenta rezagos en infraestructura, procesos académicos fragmentados, tensiones laborales y una estructura administrativa que requiere modernización. La rectoría entrante tendrá que navegar entre expectativas elevadas y limitaciones estructurales que no se resuelven con voluntad política, aunque esta sea un punto de partida. El mensaje del gobernador también coloca a la educación pública como motor del desarrollo y base de la transformación del estado. Esta afirmación, más allá de su tono institucional, plantea un desafío concreto. Si la educación es un eje estratégico, la universidad pública debe ser tratada como un proyecto de largo plazo y no como un espacio de contención política. La transformación educativa requiere financiamiento sostenido, profesionalización, evaluación rigurosa y una visión clara sobre el papel de la universidad en un estado con profundas desigualdades territoriales. La elección de Farid Acevedo abre un escenario donde la rectoría tendrá que demostrar capacidad de gestión, independencia y habilidad para articular consensos en un entorno donde los equilibrios internos son frágiles. La legitimidad electoral es un punto de partida, pero no garantiza gobernabilidad. La comunidad universitaria, acostumbrada a ciclos de conflicto, observará con atención si la nueva administración logra construir una agenda académica sólida o si la dinámica interna vuelve a imponerse. El gobierno estatal, por su parte, deberá sostener su compromiso con la autonomía más allá del discurso. La tentación de intervenir en la vida universitaria ha sido una constante en distintos periodos y administraciones. La relación institucional que se promete solo será creíble si se respeta la capacidad de la universidad para decidir su rumbo sin presiones externas. El cierre de este episodio electoral deja una reflexión necesaria. La UABJO no solo necesita estabilidad. Necesita un proyecto académico que responda a los desafíos contemporáneos, que fortalezca la investigación, que profesionalice la docencia y que recupere su papel como espacio crítico y formador de ciudadanía. La rectoría entrante tiene la oportunidad de iniciar ese camino. El gobierno estatal tiene la responsabilidad de no obstaculizarlo. Y la comunidad universitaria tiene el reto de exigirlo. Si la elección de 2026 marca realmente una nueva etapa, no será por el porcentaje de votos ni por la ceremonia de felicitación. Será por la capacidad colectiva de convertir un relevo administrativo en una transformación institucional que trascienda los ciclos políticos y devuelva a la universidad el lugar que merece en la vida pública de Oaxaca. — Misael Sánchez / Periodista / Agencia Oaxaca Mx @Farid_AcevedoL
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Misael Sánchez
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De las matrices de plomo al periodismo digital — Misael Sánchez — Hubo un tiempo en que el periódico marcaba el pulso del día. No era solo un objeto de papel, sino un contrato tácito entre reporteros, editores y lectores que compartían una misma noción del tiempo y de la relevancia. La noticia llegaba una vez, se leía con detenimiento y dejaba un sedimento de comprensión. Hoy ese pacto se ha transformado. No ha desaparecido, pero se ha fragmentado en múltiples capas donde conviven la inmediatez, la sospecha y una atención cada vez más intermitente. Los periódicos que han sobrevivido ya no son únicamente redacciones; son nodos dentro de un ecosistema informativo saturado. Los reporteros trabajan con la presión de producir para varios frentes a la vez, mientras los periodistas asumen funciones que antes eran ajenas al oficio, desde la difusión hasta la defensa pública de su trabajo. Los comunicadores, en sentido amplio, ocupan ahora un espacio ambiguo donde la frontera entre información, promoción y opinión se vuelve difusa. En ese contexto, las fuentes informativas han aprendido a hablar sin intermediarios y los lectores, convertidos en usuarios, consumen contenidos sin la mediación que antes ordenaba el debate público. El cambio no es meramente tecnológico, sino cultural. La relación con la información se ha acelerado al punto de erosionar la jerarquía de los hechos. La relevancia ya no se define por el impacto social de una noticia, sino por su capacidad de circular. Este desplazamiento obliga a preguntarse qué lugar ocupa el periodismo cuando la visibilidad se convierte en un valor superior a la verificación. El resultado es un escenario donde la credibilidad no se hereda del medio, sino que se construye y se pone a prueba en cada texto. Antes, el lector esperaba; ahora exige. Antes confiaba en el nombre del periódico; ahora contrasta, duda o abandona. Esta transformación no es necesariamente negativa, pero sí exige una revisión del oficio. El periodismo que renuncia a explicar para competir en velocidad pierde su función social, mientras que el que se refugia en la nostalgia corre el riesgo de volverse irrelevante. La salida no está en elegir entre pasado y presente, sino en recomponer la relación con el lector desde la claridad, el contexto y la responsabilidad narrativa. En este escenario, los periódicos que sobrevivan no serán los más ruidosos, sino los más coherentes. Aquellos capaces de sostener una línea editorial reconocible, de formar reporteros con criterio y de tratar a las fuentes con distancia crítica. El lector, lejos de ser un cliente volátil, sigue siendo el centro del oficio. Reconocerlo no como un consumidor de titulares, sino como un ciudadano que busca sentido, es la única forma de que el periodismo conserve su lugar en una sociedad que aún necesita comprenderse a sí misma. — Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx
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Misael Sánchez
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La conversación desplazada — Misael Sánchez — Durante buena parte del siglo pasado, el periódico fue un espacio de mediación estable entre los hechos y la sociedad. No era un artefacto neutral, pero sí un dispositivo reconocible, con reglas compartidas por reporteros, editores, fuentes y lectores. Esa arquitectura permitió que la información circulara con cierta previsibilidad y que el desacuerdo se procesara dentro de márgenes comprensibles. Hoy ese sistema no ha desaparecido del todo, pero ha sido desplazado por una lógica distinta, más fragmentada, menos jerárquica y, al mismo tiempo, más vulnerable a la distorsión. El cambio no se explica sólo por la tecnología, sino por la transformación de los roles. El reportero ya no es únicamente un intermediario profesional, sino un gestor permanente de visibilidad. El periodista dejó de escribir para un lector identificable y ahora produce para audiencias móviles, volátiles, que reaccionan más que leen. El comunicador institucional, antes subordinado a tiempos editoriales, se convirtió en emisor directo, capaz de imponer agenda sin pasar por filtros. Las fuentes aprendieron a narrarse a sí mismas y los periódicos, en muchos casos, aceptaron reproducir esas narraciones con mínimos ajustes. En este contexto, el lector también cambió. Ya no espera la noticia; la intercepta. No busca explicación, sino confirmación. La lectura se volvió selectiva, intermitente, condicionada por algoritmos que jerarquizan el contenido según su capacidad de generar interacción, no de producir comprensión. Esta dinámica alteró el equilibrio entre informar y persuadir, empujando a los medios a competir en un terreno donde la velocidad y la emocionalidad pesan más que la verificación. El resultado es un ecosistema informativo donde la autoridad profesional se diluye y la confianza se vuelve un bien escaso. No por una crisis moral del periodismo, sino por la pérdida de un marco compartido que ordene la conversación pública. Cuando todo comunica, pero pocos verifican, la información se acumula sin convertirse en conocimiento socialmente útil. Frente a este escenario, el periodismo enfrenta una disyuntiva práctica. Puede adaptarse de manera acrítica a la lógica de la circulación permanente o puede redefinir su función, apostando por la contextualización, la explicación y la responsabilidad editorial como valores diferenciales. Esto implica reconstruir la relación con las fuentes desde una posición menos dependiente, asumir al lector como interlocutor y no como cliente, y recuperar rutinas profesionales que privilegien el sentido sobre la inmediatez. El futuro de los periódicos no dependerá de su soporte, sino de su capacidad para volver a ordenar el flujo informativo con criterios claros. En un espacio público saturado de mensajes, el periodismo sigue teniendo una tarea insustituible: transformar el ruido en relato comprensible y socialmente significativo. Esa función, aunque menos visible que antes, sigue siendo necesaria. Y, bien ejercida, aún puede ser decisiva. — Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx
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Misael Sánchez
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Ya no es noticia, pero así es el periodismo — Misael Sánchez — Hubo un tiempo en que el periódico era un espacio de trabajo colectivo y no sólo un producto. La redacción funcionaba como una pequeña república del oficio, con jerarquías claras, tiempos compartidos y una conciencia casi física de que la información debía ser trabajada antes de ser entregada al lector. El reportero escribía con la presión del cierre, pero también con la certeza de que alguien más revisaría, editaría y contextualizaría su texto. La noticia no era inmediata; era procesada. Ese retraso técnico, visto hoy como una carencia, operaba en realidad como un mecanismo de control y reflexión. En ese escenario, los periodistas aprendían a convivir con la espera y con el límite. El papel no alcanzaba para todo, el tiempo tampoco. La selección era una obligación diaria y no una opción estética. De esa restricción surgía una cultura profesional donde el criterio tenía valor y la jerarquización era una forma de responsabilidad pública. El periódico no aspiraba a decirlo todo, sino a decir lo necesario. La noción de servicio informativo estaba ligada a la comprensión, no al impacto. La transformación digital alteró de manera profunda esa lógica. La abundancia de plataformas y la aceleración de los flujos informativos modificaron la relación entre periodistas, medios y audiencias. Hoy, la noticia compite por atención en un entorno saturado, donde la velocidad se confunde con relevancia y la actualización constante desplaza al análisis. El comunicador contemporáneo trabaja bajo la presión de publicar primero, incluso cuando eso implica publicar incompleto. El error se corrige después, si el algoritmo lo permite. Este cambio no sólo afecta la práctica periodística, sino también el espacio público. La fragmentación de la información debilita la construcción de marcos comunes de interpretación. Los lectores reciben datos sueltos, desprovistos de contexto, y se les exige formar opinión a partir de estímulos breves y contradictorios. En ese entorno, el periodista deja de ser mediador y corre el riesgo de convertirse en un simple transmisor de señales. Sin embargo, el contraste entre el antes y el ahora no debe entenderse como una disputa entre nostalgia y modernidad. La tecnología no es el problema central; lo es la renuncia al oficio como práctica intelectual. Allí donde antes existía una cultura de edición, hoy se impone una lógica de publicación continua que diluye la responsabilidad individual y colectiva. Recuperar el sentido del periodismo no implica ralentizar artificialmente los procesos, sino reinstalar el valor del criterio en medio de la velocidad. El escenario actual exige periodistas capaces de detenerse, incluso dentro de la urgencia, para interpretar lo que circula. Exige redacciones que entiendan la información como construcción social y no como mercancía inmediata. El futuro del periodismo no se juega en la herramienta, sino en la decisión de volver a pensar la noticia como un acto de sentido. Porque sin ese acto, el periódico deja de ser espacio público y se convierte únicamente en ruido organizado. — Redacción de Misael Sánchez / Reportero de Agencia Oaxaca Mx
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