Fernando de Andreis@deAndreis
MALDITOS ARCOS SIN ANCLAJE
(es largo, pero lean, es importante).
El 4 de enero, desde Ramos Mejía, Joaquín Gatto, de 12 años, llegó a Junín de los Andes para participar de un campamento de los Exploradores de Don Bosco. Mientras jugaba con sus compañeros en una cancha de fútbol, un arco se vino abajo con todo su peso sobre su pecho. Gravemente herido, fue trasladado al hospital de San Martín de los Andes. Tenía contusión pulmonar, fracturas de costillas, una lesión de dos centímetros en la aurícula del corazón y hemorragia. Lo operaron de urgencia. Quedó en terapia intensiva. Al otro día murió.
El 28 de octubre del año pasado, Benicio Farji, de 9 años, después de un entrenamiento de básquet en la cancha del polideportivo del Argentino de Quilmes, se quedó jugando con otros chicos y se trepó a un arco de handball que estaba fuera de juego, no amurado. El arco se desestabilizó y se desplomó sobre Benicio. La estructura lo golpeó en la cabeza y le produjo un traumatismo craneal muy severo, hemorragia intracraneal, sangrado y paro cardiorrespiratorio. Fue trasladado primero al Hospital Isidoro Iriarte y luego derivado al Hospital El Cruce, donde, tras los intentos quirúrgicos, los médicos diagnosticaron muerte cerebral. Benicio murió al día siguiente del accidente.
En Argentina, desde 2017 a la fecha murieron 9 chicos por caídas de arcos no anclados. Cada una de esas muertes es una tragedia evitable tan profunda que nos conmociona con solo conocerlas.
Hace dos semanas me reuní con los padres de Joaquín. Fue uno de los encuentros más tristes que tuve en mi vida. Me comprometí a apoyar una ley que lleva su nombre, que establece medidas de seguridad obligatorias para instalaciones deportivas, arcos y juegos recreativos.
Como les dije a los padres, la ley es necesaria pero no alcanzará. La negligencia, la indiferencia y la imposibilidad de controlar las miles de canchas que hay en Argentina hacen que sea insuficiente.
Tenemos que hacer un cambio mucho más profundo que abarque obligaciones institucionales para las autoridades de clubes, entrenadores y árbitros. Pero, además, debemos alcanzar una vigilancia cruzada. Es fundamental alertar a los padres para que sean agentes de control y no dejen la seguridad de sus hijos en manos de personas que podrían ser irresponsables. Los padres deben entender los riesgos y las medidas de seguridad, y no deben confiar ni delegar los chequeos. Además, los chicos tienen que ser explícitamente entrenados desde que pisan una cancha para que sepan de los peligros mortales que puede significar colgarse de un arco. Los chicos mayores también tienen que aprender a ser adalides de la seguridad de los arcos y proteger a los más chicos cuando los vean en peligro.
Todos tienen que saber que, para volcar un arco de papi fútbol o handball no amurado, solo se necesitan 11 kilogramos de fuerza y que el impacto sobre el pecho o la cabeza de esos arcos puede ser mortal.
No existe ley más fuerte y confiable que la vigilancia mutua y el compromiso.
Soy padre de tres chicos, dos de ellos juegan al fútbol. Lo hacen en un club que controla las medidas de seguridad, pero el otro día en la cancha hubo con un episodio muy serio, similar a los que estoy contando, aunque no mortal. Pero además de esa cancha, mis hijos juegan torneos en otras canchas de las que no sé qué clase de medidas tienen.
Entonces, tenemos que asumir que por ahora no hay canchas seguras, no podemos confiar en las autoridades. Las muertes de al menos nueve chicos desde 2017 muestran que las medidas tomadas hasta ahora no alcanzan.
Somos nosotros los que tenemos que cambiar la situación.
Desde acá voy a poner en marcha una campaña basada en otra que hizo Australia para evitar accidentes, llamada:
“ANCLÁ, CONTROLÁ, RESPETÁ” (Anchor, Check, Respect).
Son medidas dirigidas a toda la comunidad del fútbol infantil, donde anclar los arcos es la acción fundamental.
Pero para hacer algo así se necesitará mucha ayuda, porque nadie puede hacer un cambio tan grande solo.
Tenemos que comprometer a las autoridades del fútbol, a los futbolistas profesionales que con su influencia carismática enseñen a los chicos a respetar los arcos y que no se expongan a peligros. A los árbitros, a la AFA, a todas las organizaciones de fútbol infantil. A los periodistas, streamers y creadores dedicados al fútbol. Pero más que a ninguno, a los padres. Los padres tienen que ser los custodios de la seguridad de sus hijos. Cada equipo debe tener un padre delegado que controle los arcos y las medidas de seguridad que ponen en riesgo a los chicos. Recordemos que Benicio murió por un arco que no estaba en juego, que había sido ubicado en reposo sin criterio de seguridad. Los arcos no fijados que no están en juego deben guardarse acostados.
Estoy convencido de que podemos hacerlo. Nunca más se debería caer un arco. Nunca un chico debería morir así.
Quienes quieran participar, hayan vivido situaciones de inseguridad con los arcos no amurados o sean entrenadores, árbitros o padres, pueden escribir acá para dejar sus datos y sus historias. Pronto nos pondremos en contacto.
arcosasegurados@gmail.com