
Desde el aire se ve la herida abierta de un país que ha resistido demasiado, pero también se ve algo más profundo: la vida insistiendo. Entre escombros, miedo y silencio, Venezuela vuelve a recordarnos que la esperanza no siempre grita; a veces respira bajito, se abraza, se organiza y vuelve a levantarse. Porque podrán temblar las calles, caer paredes y quebrarse ciudades, pero hay algo que ningún terremoto puede derrumbar: la fuerza de un pueblo que todavía quiere vivir. Venezuela está herida, pero no vencida. 🙏🏻🇻🇪