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La otra cara de la historia ⛓️⚔️

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El 16 de enero de 1911 nacía en Barcelona la luchadora antifascista Mercedes Núñez Targa. Mercedes, que durante los años de la República había trabajado como secretaria de Pablo Neruda, que en esos momentos era cónsul de Chile en Barcelona, fue detenida en mayo 1939 en A Coruña donde había asumido la dirección del Partido Comunista. Condenada a 12 años de reclusión, fue liberada a los pocos meses por un error burocrático, lo que le permitió huir a Francia, donde terminó interna en el campo de concentración de Argelès junto a decenas de miles de republicanos que habían cruzado la frontera. Una vez libre del campo y con la ocupación nazi-fascista de Francia Mercedes Núñez se incorporó a la Resistencia para colaborar en la lucha antifascista clandestina hasta que fue detenida por la Gestapo, en mayo de 1944, y enviada al campo de concentración de Ravensbrück, donde permaneció hasta la liberación. Condecorada por el Estado francés con la Médaille Militaire y la Legión de Honor, fundó en 1968 el Partido Comunista de Galicia, aunque hasta la muerte del dictador no pudo volver al Estado español donde dedicó el resto de su vida, hasta 1986, a recuperar la memoria de las víctimas del fascismo y el nazismo.
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El 16 de enero de 1945, Jesús Carrera Olaskoaga, comunista de Hondarribia, fue fusilado. Fue arrestado por Franco en 1943, cuando era secretario general de Interior del Partido Comunista Español. Tras ser torturado durante cinco meses, fue juzgado y condenado a muerte. Los restos fueron recuperados por su familia en 2018. (Publicado originalmente en Argia)
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El 16 de enero de 1980, Karlos Saldise Korta fue asesinado en Lezón por un pistolero del grupo parapolicial Grupos Armados Españoles. Saldis participaba en numerosos movimientos sociales de la localidad. En los años anteriores, los grupos parapoliciales habían lanzado una campaña contra militantes de izquierda en Euskal Herria, y Karlos había recibido amenazas. Le dispararon dos veces en la puerta de su casa. El Gobierno Vasco reconoció a Karlos Saldise como víctima de violaciones de derechos humanos en 2024. Gipuzkoako Hitzak entrevistó a Mays y a su hermana Karmele Saldise sobre el caso. GAE es uno de los nombres utilizados por los servicios secretos españoles para referirse a la guerra sucia de 1975 a 1982, integrada por miembros de extrema derecha. Estos grupos asesinaron al menos a 70 personas en el Euskal Herria durante ese período. (Publicado originalmente en Argia)
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Celestino, el cabo madrileño que detuvo una columna de tanques para defender Cataluña. El 16 de enero de 1939, las fuerzas que defendían la II República sabían que no tenían nada que hacer. Los franquistas habían cruzado el Ebro y se trataba ya sólo de retirarse lo más ordenadamente posible hacia el norte, defender Cataluña los meses, semanas o días que se pudiera. En esa tarea imposible estaba el cabo Celestino García Moreno, un joven de Morata de Tajuña, un pequeño pueblo de Madrid. Al amanecer de ese día no sabía que en unas horas se convertiría en un símbolo de la resistencia antifranquista en combate. Ni que esa celebridad le costaría muy cara. Su acción fue tan alocada como eficaz. Heroica, se dice en tiempos de guerra. Se enfrentó a una columna de 13 tanques italianos que se cruzaron en su camino en Santa Coloma de Queralt, Tarragona. Con sus granadas de mano alcanzó e inutilizó tres e hizo huir al resto. No contento con ello, cogió la piqueta que llevaba adosada uno de los carros y reventó las torretas, que quedaron abiertas como latas de sardinas. Obligó así a salir a las tripulaciones, a las que hizo prisioneras, al menos media docena de soldados italianos. La hazaña pronto llegó a oídos de sus superiores y de las autoridades republicanas, que no dejaron pasar la ocasión de bautizar a un nuevo héroe y magnificar los hechos ante un pueblo más que desmoralizado, casi derrotado tras dos años y medio de guerra y un invierno que sólo vio retiradas. El comandante del Ejército del Ebro, Juan Modesto, le agasajó públicamente y le ascendió a sargento. El mismísimo presidente del Gobierno, Juan Negrín, le felicitó por carta y personalmente antes de ofrecerle una recompensa: un mes de permiso para viajar a su pueblo y ver a la familia. El traslado debía hacerse en avión, ya que Cataluña estaba aislada de Madrid tras la última gran derrota. Sería su último viaje. Sus compañeros de la 9ª Brigada Mixta de la 11ª División siguieron retrocediendo: el 2 de febrero intentaron defender sin éxito Girona y el 9 al atardecer cruzaron la frontera con Francia, pasando en un instante de soldados a refugiados. Celestino no estaba con ellos. Descansaba plácidamente en su Morata, aún bajo el mando republicano. Sólo unos días después las tropas franquistas tomaron el pueblo y fue señalado por varios vecinos. Juzgado y condenado en la Causa General, acabó fusilado el 14 de junio de 1939. Aún hoy se ignora dónde fue enterrado.
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En Ourense un pederasta ha sido condenado a una multa de 720 euros por tener en su ordenador más de 1.000 archivos de pornografía infantil. Mientras Pablo Hasel lleva ya casi cinco años pudriéndose entre rejas por denunciar desde sus canciones que aquí no hay democracia. Esta es su justicia.
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El Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores nació entre los obreros de Seat. El anarquismo estaba en una encrucijada. CNT y los grupos anarquistas, que tanto habían alimentado la rebelión y la denuncia de los acuerdos entre el Antiguo Régimen y los pretendidos demócratas, se hallaban envueltos en conflictos internos. Había numerosas asambleas de trabajadores que tomaban fábricas, grupos autónomos y, con el montaje policial del llamado caso Scala, en enero de 1978 (que acabó con la vida de cuatro trabajadores de la conocida discoteca, cuyas muertes recayeron en militantes anarcosindicalistas, que fueron condenados), la situación en todo el país se hizo explosiva. En 1978 se desató una enorme campaña de detenciones. En febrero se detuvo en Barcelona, Valencia y Madrid a veintidós personas acusadas de pertenecer a los Grupos Autónomos. Luego siguieron una docena más en Valladolid. En medio de este ambiente surgió uno de los grupos armados más singulares y quizás menos conocidos, y lo hizo en una fábrica de Seat, en Barcelona: se autodenominaron Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores (ERAT) y comenzaron a ser conocidos tras un atraco en el hipermercado Catalsa del barrio de Sants (Barcelona) el 28 de febrero de 1978, en el que se llevaron dos millones de pesetas. No había sido el primero. Tampoco fue el último: Banco Trasatlántico, la empresa de Pedro Mollet, el atraco a un empleado de Ferrocarriles Sarriá en la mismísima plaza de Cataluña, el asalto a un coche del Banco de Bilbao que trasportaba fondos de los Ferrocarriles Catalanes, el citado atraco al supermercado Catalsa y un último atraco frustrado a un transporte del Banco Hispano Americano. Seat a comienzos de los setenta, se había convertido en uno de los centros de trabajo más activos contra el franquismo, y el grupo armado nació en este clima, concretamente en 1971, con la muerte del trabajador de la fábrica Ruiz Villalba,  tras una violenta entrada de la policía, que uso armas de fuego. Inmediatamente nació el Grupo de Autodefensa Ruiz Villalba, el antecedente del Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores (ERAT). Sus acciones pretendían emular a las Brigadas Rojas italianas o al MIL español. En Seat hay despidos masivos, persecuciones y palizas a trabajadores. Fueron una especie de comité de ayuda a los trabajadores despedidos de Seat. Pero la historia del ERAT está llena de luces y sombras. El propio Guy Debord, en Carta a los libertarios (1980), habla de ellos en estos términos: “Han recurrido a expropiaciones a mano armada contra diversas empresas y buen número de bancos. Se trata en particular de un grupo de obreros de SEAT de Barcelona (que en un tiempo se denominaron ‘Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores’), que quisieron de este modo aportar ayuda pecuniaria a los huelguistas de su fábrica, así como a los parados”. Sin embargo, el grupo ha estado bajo el punto de mira de historiadores y especialistas en movimientos políticos durante la transición, sobre todo por la participación en este de Joaquín Gambín, alias “El Grillo”, confidente de la policía y personaje siniestro de aquellos años. Gambín, tras pasar varios años en prisión, intervino en la creación del ERAT. Era un delincuente común que recibía dinero de mandos policiales a cambio de que hiciera algunos “trabajos”. Uno de estos fue su infiltración en la CNT barcelonesa. En unos meses, tras hacer amistad con varios jóvenes anarquistas, a los que deslumbró con su historial de delincuente experimentado y veterano de las cárceles, participó en la manifestación que acabó con el lanzamiento de varios cócteles molotov contra la discoteca Scala que, como sabemos, causaron varios muertos. Tras los hechos, fue él quien dio los nombres de los supuestos autores. ¿Fue el efímero grupo, aquel extraño ERAT, otro intento por criminalizar al anarquismo? Posiblemente. Gambín, tras el caso Scala y el ERAT, sintió miedo. Su papel de chivato se hizo famoso. Era un agente “quemado” al que muchos habían puesto precio a su cabeza. Así que se esfumó, aunque aparentemente. Es aquí donde su historia adquiere tintes de auténtica novela de espías. Gambín aprovechó la muerte de su tío, en extrañas circunstancias, para simular su propia muerte, engañando al periódico Egin, que confirmó su supuesta muerte. Además, cambió de nombre y decidió comenzar una nueva vida. Pero no pudo evitar seguir cometiendo delitos. Poco después, fue detenido cuando trataba de atracar el Banco Exterior de Elche. A pesar de la detención, sorprendentemente fue puesto en libertad poco después y abandonó el país, marchando a Francia, donde trató nuevamente de simular su muerte, esta vez sin éxito. No fue su última fechoría. Tiempo después, fue detenido en Valencia. Iba armado y dispuesto a cometer un atraco. Su suerte terminó. El caso Scala se reabrió, pero en esta ocasión el único imputado era él. Tras rogar que se atendiese a su condición de antiguo confidente y relatar su pasado, fue condenado a varios años de prisión. El 21 de abril de 1978 fueron detenidos casi todos los miembros del ERAT. El fiscal los acusó de haber intervenido en un total de cinco atracos consumados y uno frustrado, en los que se apoderaron de cinco millones de pesetas. Dos años más tarde, fueron condenados a siete años de prisión. En 1984, Manuel Nogales Toro, Gabriel Botifoll y José Hernández Tapias, varios de los condenados, fueron indultados y pudieron reincorporarse laboralmente a SEAT, la empresa en la que iniciaron su aventura armada. (Texto original de Doctor Peligro para Agente Provocador)
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¿Aquella policía asesina fue depurada? No, ¡ascendida! El PSOE se estrenó en su gobierno con el asesinato de Martín Luna el 5 de diciembre de 1982. No fue la anécdota criminal, pues en pocas semanas ordenó altos mandos policiales a todos los procedentes de la desaparecida Brigada Político-Social. Incluso El País de 7 de febrero de 1983 contaba algunos de esos nombres: “Gran parte de los altos mandos policiales nombrados por el gobierno socialista proceden de la desaparecida brigada político-social, que perseguía a las organizaciones democráticas, ilegales, durante el anterior régimen. Entre ellos se encuentran el comisario general de información, Jesús Martínez, quien fue jefe del grupo comunista de la mencionada brigada en Zaragoza, y el jefe de las brigadas operativas de la comisaría de información, José María Escudero, hombre ligado estrechamente al comisario Roberto Conesa y que trabajó durante años en la Brigada Central de investigación social, dentro del grupo anarquista. El director general de la Policía, Rafael del Río, manifestó a este respecto que “miembros de la Político-Social hay muchos en la policía” y que "el equipo actual goza de la confianza del Ministerio". Jesús Martínez, actual comisario general de Información, que ingresó en el cuerpo en 1964, fue durante varios años jefe del grupo comunista de la Brigada Político-Social de Zaragoza. Era considerado un hombre duro y muchos comunistas de esta ciudad recuerdan sus acciones. José María Escudero, jefe de las brigadas operativas de la Comisaría General de Información, trabajó bastante tiempo en la desaparecida Brigada de Investigación Social en Madrid. En los primeros años setenta, Escudero trabajó en los denominados grupos de acción del norte-antiterroristas-, pero en este campo no consiguió grandes resultados y se empleaba en seguir a miembros de Comisiones Obreras y del Movimiento Comunista. Después, el comisario Conesa le nombró jefe del grupo anarquista en la Brigada de Investigación Social, donde coincidió con el conocido Billy el Niño,que, en aquellos momentos, era jefe del grupo GRAPO de esa misma brigada. Escudero también participó en algunas actuaciones que dirigió en Barcelona, contra grupos anarquistas, el comisario Conesa. Tras el atentado contra el teatro Scala, en el que estaba implicado un confidente policial, Joaquín Gambín, Escudero fue destinado, por influencia de Conesa, a la brigada del Banco de España, considerada como el puesto más cómodo de la policía. Después fue destinado a la inexistente comisaría de Pasajes Rentería, y de allí fue nombrado jefe de la Brigada Regional de Información de Barcelona, donde conoció a Rafael del Río. Los hombres de esta brigada fueron los que participaron en la operación que acabó con la muerte del grapo, Martín Luna. El jefe superior de Baleares, Benjamín Solsona, perteneció al grupo de estudiantes de la Brigada Político-Social, de Valencia. Antonio Garrido, jefe superior de Policía de Madrid, estuvo infiltrado en UGT e intentó realizar la misma labor en el PSOE. También trabajó en la Brigada de Investigación Social en Asturias. El jefe superior de Sevilla, Raimundo Maestro, según fuentes policiales, también procede de la Brigada Social de Zaragoza, donde trabajaba con el comisario general de Información. Asimismo, dentro de los nuevos nombramientos, figuran otras personas del equipo personal de Rafael del Río. El director general de la Policía conoció a Francisco Saavedra cuando éste era jefe de Policía Judicial en Valencia; donde Del Río era jefe superior. Francisco Saavedra es ahora comisario general de Policía Judicial. Dos secretarios particulares de Del Río en Valencia ostentan ahora cargos de gran responsabilidad: Jesús Prol fue nombrado jefe de la división de enseñanza de la Dirección General de la Policía y Juan José Lesmes es ahora jefe superior de Granada. También los jefes superiores de Asturias y Zaragoza, Gregorio Luis Marugán y Félix Bernal, conocieron a Del Río en Valladolid y Barcelona, respectivamente, donde el actual director general de la Policía, ostentaba el cargo de jefe superior. El actual jefe superior de Bilbao y delegado del MULC en el País Vasco, Francisco Alvarez...”. ¿Y aún nos hablan de Estado democrático?
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El 15 de enero de 1978 varios cócteles molotov quemaban la sala de fiestas Scala de Barcelona matando a 4 personas. El incendio, detenciones y criminalización de la CNT que desencadenaron, representan uno de los casos más significativos de guerra sucia en la Transición: El caso Scala. Ese día, la CNT había organizado una manifestación contra los Pactos de la Moncloa, firmados unos meses antes, que apuntalaba el régimen al tiempo que atacaba los derechos de la clase trabajadora. La manifestación transcurrió sin incidentes hasta que unos desconocidos lanzaron varias bombas incendiarias contra la sala de fiestas del Eixample barcelonés. La prensa no tardó en señalar a los anarcosindicalistas como culpables del incendio y las muertes. 48h después, un comunicado de la policía informaba de la detención de los presuntos autores, a los que habían identificado entre las más de 10.000 personas de la manifestación. El comunicado insistía en la afiliación de los detenidos a la CNT. Las detenciones, cerca de 170, continuaron los días siguientes, acompañadas de una campaña mediática de descrédito de la CNT, que entonces contaba con decenas de miles de afiliados y representaba una molestia a las fuerzas aceptantes de la transición. El trato de la prensa llevó a gran parte de la opinión pública a creerse el relato de una organización terrorista que quería desestabilizar el 'frágil' proceso de Transición. A pesar de las protestas y la acusación de montaje policial no pudieron evitar las bajas de muchos afiliados. Tanto la CNT como algunos periodistas de investigación, comenzaron al poco tiempo a sacar a la luz varias cuestiones oscuras de aquel caso, como la preparación y participación en el ataque de un infiltrado de la policía, Joaquín Gambín, que acabaría por confesar. Tampoco cuadraba como se había producido el incendio. Testigos afirmaban que había iniciado en la parte posterior del edificio, muy lejos de donde se lanzaron los molotov. Durante el juicio los abogados pidieron la comparecencia de Joaquin Gambín y del fascista ministro de gobernación Rodolfo Martín Villa. El juez denegó la petición y condenó a los acusados a 18 años. Con el tiempo se fue destapando el papel que tuvo el infiltrado, captado por el servicio de Gobernación, dirigiendo el atentado y señalando a los finalmente condenados. En 1981 fue detenido por un tiroteo en Valencia y el Caso Scala se reabrió con una segunda vista donde se le condenó a 7 años. Aunque se hubiera demostrado el montaje policial, el mal ya estaba hecho y la CNT no volvería a tener nunca más el peso político y sindical previo a los hechos, antes de caer víctimas de la represión y la despiadada campaña mediática.

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El Caso Scala o las oscuras cloacas de la Transición. Uno de los temas que más tinta han hecho correr (y píxeles encender) por estas tierras ha sido la llamada “guerra sucia” del Estado español frente al conflicto independentista en Catalunya. Escuchas telefónicas, filtraciones y todo tipo de argucias utilizadas por el gobierno español para desacreditar o, directamente, dinamitar por lo bajini las aspiraciones secesionistas catalanas han hecho que la opinión pública se escandalice a cada nueva información desvelada por los medios, habida cuenta que nos encontramos en un (al menos supuesto) estado democrático. No obstante, tal vez no debiera extrañarnos este uso de las “cloacas” del estado, en tanto que este tipo de tejemanejes oscuros se han hecho servir ya anteriormente (ver Un despropósito llamado independencia de Guinea Ecuatorial). Un ejemplo de estas artimañas estatales, que tuvo una importante repercusión a nivel político se dio en Barcelona en el ya lejano (para algunos) año de 1978. Me refiero al llamado Caso Scala. Después de la muerte de Franco, la sociedad española se encontró en un equilibrio inestable que las facciones más extremistas, ya fueran por la derecha (que no querían que nada se moviese) o por la izquierda (que querían una rotura total con el régimen) ponían continuamente en peligro. Yo, que por aquel entonces tenía unos 10 años, veía totalmente normal que no se armase ninguna “gorda” como decían los mayores, aunque después, el tiempo me demostrase que la cuerda se estiró mucho más de lo conveniente en demasiadas ocasiones. Con todo, la vida pasaba todo lo plácida que podía pasar entre noticias de atentados, dibujos de Mazinger Z (ver El icono histórico del enorme Mazinger Z de Tarragona) y manifestaciones más o menos violentas por las calles. En aquella época, Adolfo Suarez, que era el presidente del Gobierno, hacía encajes de bolillos para conseguir una cierta estabilidad entre los recién legalizados partidos políticos, las organizaciones empresariales y los sindicatos. La economía estaba padeciendo con toda su crudeza los efectos (tardíos) de la crisis del petróleo de 1973, y la inflación se encontraba cabalgando a galope tendido con tasas interanuales superiores al 25%, lo que producía grandes reestructuraciones de plantillas en  el desfasado tejido industrial heredado del franquismo. En esta circunstancia, el gobierno de UCD promovió lo que se llamó los Pactos de la Moncloa, toda una serie de acuerdos entre los agentes sociales, económicos y políticos que, cediendo unos por un lado y otros por el otro, pudieran conseguir la estabilidad que necesitaba el país. No obstante, no todos estaban a favor de estos acuerdos, y uno de estos opositores a ultranza era la CNT. La Confederación Nacional del Trabajo (CNT) era -de hecho es- un partido político de raíz anarquista que había sido legalizado el 6 de mayo de 1977, después de no pocos tiras y afloja entre el resto de partidos políticos, sobre todo los de derechas, que aún recordaban su extremismo durante la Guerra Civil. Este partido, en mor a sus principios políticos, se oponía totalmente a aceptar el juego democrático ya que pensaba que, para la lucha por los derechos de los trabajadores, el pactar con gobierno y empresarios seria poco menos que dar un cheque en blanco a los ricos para explotar al obrero. Esta oposición recalcitrante ponía en un serio brete la paz social del país, tanto más si tenemos en cuenta las crecientes simpatías y el rápido auge que la CNT estaba teniendo entre los españoles. No en vano, en julio de aquel mismo año había conseguido convocar a 200.000 personas en Barcelona en el primer mitin que organizaba desde 1939. Y eso daba mucho yuyu a algunos... El domingo 15 de enero de 1978, la CNT organizó una manifestación en contra de los Pactos de la Moncloa -firmados el 25 de octubre de 1977- en la que unas 15.000 personas saliendo desde Drassanes, subieron por la Avenida del Paralelo (ver La Torre del Rellotge de Barcelona, donde paralelos y meridianos se dan la mano) hasta la Plaza España. En contra de lo esperado, no se produjeron altercados con la policía, por lo que al llegar a su destino, la concentración se disolvió pacíficamente. Sin embargo, en la otra punta de la ciudad, unos desconocidos lanzaban cócteles molotov contra la puerta de la, por aquel entonces, muy conocida sala de fiestas Scala Barcelona, produciendo un terrible incendio. El Scala Barcelona, que dirigido por Ramón y Antonio Riba llevaba abierto desde 1973, era una sala de fiestas con restaurante en la que se mezclaba un menú de calidad con un espectáculo de revista en el que actuaban grupos y cantantes de renombre internacional. Esta sala, ubicada en el Passeig de Sant Joan esquina Consell de Cent, era considerada la mayor sala de fiestas de Europa en su momento, por lo que era un espacio muy frecuentado por la burguesía barcelonesa y, por ende, un objetivo de los grupos que hoy tildaríamos de “antisistema”. El incendio, que se extendió con una facilidad pasmosa (14 dotaciones de los bomberos consiguieron a duras penas evitar que las llamas llegaran a los edificios colindantes, que fueron evacuados), acabó provocando el derrumbe de todo el tejado y la muerte por inhalación de humos de cuatro trabajadores que se encontraban en el interior. A la desgracia de las muertes, se le tuvieron que añadir los daños, que ascendieron a 1.000 millones de pesetas de la época, y la pérdida de 300 puestos de trabajo. Un auténtico desastre. Las autoridades, pronto pusieron el ojo en los grupos de extrema izquierda, primero en el FRAP, después en el PCE (Internacional) para, finalmente, atribuírselo a la CNT, siendo detenidos el día 17, siete personas de entre 17 y 26 años militantes del partido anarquista, acusados de haber preparado el atentado. En diciembre de 1980 el juez dictó sentencia, siendo 3 acusados condenados a 17 años de cárcel, y los otros absueltos o bien condenados a penas menores. Sin embargo, uno de los imputados e inductor directo de los atentados (convenció a los chavales de hacer los explosivos y de lanzarlos al local) no apareció por ningún sitio, por lo que fue condenado en rebeldía. ¿Qué había ocurrido con Joaquín Gambín, alias “el grillo”? El juicio, a parte de la falta de Gambín, estuvo lleno de irregularidades y no dio respuestas a una serie de situaciones cuando menos sospechosas. Para empezar, sorprendió la excepcionalmente rápida detención de los acusados la cual cosa solo podía haber sido por un “chivatazo” interno; por otro, los bomberos descubrieron trazas de fósforo acelerante en un punto de la sala muy alejado del punto del lanzamiento de los “ponchazos”, seguido por el extrañamente rápido derribo de las ruinas del Scala (las máquinas tenían que ir con cuidado para no aplastar los cuerpos de las víctimas), lo cual imposibilitó la investigación científica de la escena del atentado; y para acabar, la misteriosa desaparición momentos antes del atentado de la unidad móvil de TVE que aquella tarde grababa el programa de varietés “Scala Internacional” para su emisión el martes de 21.35 a 22.45 por la Primera Cadena. Todo un cúmulo de cuestiones que llamaron la atención de los periodistas de investigación del momento. Las pesquisas no tardaron en dar su fruto. Gambín, que pese a los “ímprobos” esfuerzos de los 10.000 policías españoles no había podido ser detenido, fue fácilmente encontrado -y entrevistado- por un periodista en Murcia. Así, por su propio testimonio, se pudo saber que Joaquín Gambín, un "pintas" de amplio currículo delictivo, era un confidente de la policía que cobraba por su trabajo de delator y por hacer trabajos sucios como el del Scala, que le venían encargados por altas instancias relacionadas con el propio ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa. Este testimonio revolucionó todo el mundo anarquista, al confirmar la tesis de la “guerra sucia” del Estado, pero no fue hasta finales de 1981 en que, gracias a la denuncia de un ciudadano árabe que lo vio traficando con armas, finalmente la policía española lo detuvo. La presión de los medios de comunicación y de los abogados defensores de los otros encausados hicieron que el caso Scala se reabriera y se juzgara a Gambín por su participación en el atentado en diciembre de 1983, siendo condenado a 7 años de prisión. El asunto, a pesar de destapar el entramado oscuro de las cloacas del Estado, supuso un golpe durísimo para la CNT, ya que la temprana atribución del atentado al partido anarquista, transmitió la imagen a la opinión pública de un grupo violento y radical al estilo de ETA, GRAPO o similares. Ello produjo una oleada de bajas de afiliados del partido, así como una dura división interna entre los que querían seguir el juego democrático, los ortodoxos y los elementos más violentos, que provocó la total atomización del espacio anarquista español. La "amenaza" anarquista durante la Transición, de esta forma, quedó totalmente aniquilada. En conclusión, el movimiento anarquista no volvió a ser el mismo. La CNT, cuando más volada  parecía tomar y cuando más peligrosa para el statu quo representaba, recibió un torpedo mortal lanzado de forma oscura por el Estado, tardando casi 30 años en levantar la cabeza. Un ejemplo más de cómo, los estados (y en esto España no es una excepción) por muy democráticos que se declaren, no dudan en fomentar lo que les interesa y de eliminar lo que les incomoda, aunque para ello tengan que utilizar los caminos más oscuros y sucios a su disposición. Y usted puede estar en el medio. (Texto original de Ireneu Castillo)
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El 15 de enero de 1978 varios cócteles molotov quemaban la sala de fiestas Scala de Barcelona matando a 4 personas. El incendio, detenciones y criminalización de la CNT que desencadenaron, representan uno de los casos más significativos de guerra sucia en la Transición: El caso Scala. Ese día, la CNT había organizado una manifestación contra los Pactos de la Moncloa, firmados unos meses antes, que apuntalaba el régimen al tiempo que atacaba los derechos de la clase trabajadora. La manifestación transcurrió sin incidentes hasta que unos desconocidos lanzaron varias bombas incendiarias contra la sala de fiestas del Eixample barcelonés. La prensa no tardó en señalar a los anarcosindicalistas como culpables del incendio y las muertes. 48h después, un comunicado de la policía informaba de la detención de los presuntos autores, a los que habían identificado entre las más de 10.000 personas de la manifestación. El comunicado insistía en la afiliación de los detenidos a la CNT. Las detenciones, cerca de 170, continuaron los días siguientes, acompañadas de una campaña mediática de descrédito de la CNT, que entonces contaba con decenas de miles de afiliados y representaba una molestia a las fuerzas aceptantes de la transición. El trato de la prensa llevó a gran parte de la opinión pública a creerse el relato de una organización terrorista que quería desestabilizar el 'frágil' proceso de Transición. A pesar de las protestas y la acusación de montaje policial no pudieron evitar las bajas de muchos afiliados. Tanto la CNT como algunos periodistas de investigación, comenzaron al poco tiempo a sacar a la luz varias cuestiones oscuras de aquel caso, como la preparación y participación en el ataque de un infiltrado de la policía, Joaquín Gambín, que acabaría por confesar. Tampoco cuadraba como se había producido el incendio. Testigos afirmaban que había iniciado en la parte posterior del edificio, muy lejos de donde se lanzaron los molotov. Durante el juicio los abogados pidieron la comparecencia de Joaquin Gambín y del fascista ministro de gobernación Rodolfo Martín Villa. El juez denegó la petición y condenó a los acusados a 18 años. Con el tiempo se fue destapando el papel que tuvo el infiltrado, captado por el servicio de Gobernación, dirigiendo el atentado y señalando a los finalmente condenados. En 1981 fue detenido por un tiroteo en Valencia y el Caso Scala se reabrió con una segunda vista donde se le condenó a 7 años. Aunque se hubiera demostrado el montaje policial, el mal ya estaba hecho y la CNT no volvería a tener nunca más el peso político y sindical previo a los hechos, antes de caer víctimas de la represión y la despiadada campaña mediática.

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El 15 de enero de 1978 varios cócteles molotov quemaban la sala de fiestas Scala de Barcelona matando a 4 personas. El incendio, detenciones y criminalización de la CNT que desencadenaron, representan uno de los casos más significativos de guerra sucia en la Transición: El caso Scala. Ese día, la CNT había organizado una manifestación contra los Pactos de la Moncloa, firmados unos meses antes, que apuntalaba el régimen al tiempo que atacaba los derechos de la clase trabajadora. La manifestación transcurrió sin incidentes hasta que unos desconocidos lanzaron varias bombas incendiarias contra la sala de fiestas del Eixample barcelonés. La prensa no tardó en señalar a los anarcosindicalistas como culpables del incendio y las muertes. 48h después, un comunicado de la policía informaba de la detención de los presuntos autores, a los que habían identificado entre las más de 10.000 personas de la manifestación. El comunicado insistía en la afiliación de los detenidos a la CNT. Las detenciones, cerca de 170, continuaron los días siguientes, acompañadas de una campaña mediática de descrédito de la CNT, que entonces contaba con decenas de miles de afiliados y representaba una molestia a las fuerzas aceptantes de la transición. El trato de la prensa llevó a gran parte de la opinión pública a creerse el relato de una organización terrorista que quería desestabilizar el 'frágil' proceso de Transición. A pesar de las protestas y la acusación de montaje policial no pudieron evitar las bajas de muchos afiliados. Tanto la CNT como algunos periodistas de investigación, comenzaron al poco tiempo a sacar a la luz varias cuestiones oscuras de aquel caso, como la preparación y participación en el ataque de un infiltrado de la policía, Joaquín Gambín, que acabaría por confesar. Tampoco cuadraba como se había producido el incendio. Testigos afirmaban que había iniciado en la parte posterior del edificio, muy lejos de donde se lanzaron los molotov. Durante el juicio los abogados pidieron la comparecencia de Joaquin Gambín y del fascista ministro de gobernación Rodolfo Martín Villa. El juez denegó la petición y condenó a los acusados a 18 años. Con el tiempo se fue destapando el papel que tuvo el infiltrado, captado por el servicio de Gobernación, dirigiendo el atentado y señalando a los finalmente condenados. En 1981 fue detenido por un tiroteo en Valencia y el Caso Scala se reabrió con una segunda vista donde se le condenó a 7 años. Aunque se hubiera demostrado el montaje policial, el mal ya estaba hecho y la CNT no volvería a tener nunca más el peso político y sindical previo a los hechos, antes de caer víctimas de la represión y la despiadada campaña mediática.
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John Reed, escritor y soldado de la revolución. La grandeza de John Reed reside fundamentalmente en la actitud que asumió ante la lucha proletaria universal y en el contenido revolucionario que supo prestar a toda su obra periodística y literaria. Como subraya Egon Erwin Kisch, en un ensayo sobre el autor de los «Diez días que estremecieron al mundo«, «la declaración tendenciosa de que la verdad reside en el término medio o que no hay verdad absoluta, no ejerció ninguna influencia sobre él. Desde los primeros momentos, Reed comprendió de qué lado estaba realmente la verdad. Y, sin vacilar ni un sólo instante, se colocó resueltamente a su lado«. Como periodista y escritor, John Reed siempre ha defendido intransigente-mente la causa de los pueblos oprimidos por el imperialismo angloamericano y siempre defendió con ímpetu la causa de la paz y del socialismo, bandera de la lucha del proletariado internacional. Periodista de renombre, cuya colaboración era disputada por los mayores órganos de la prensa norteamericana, abandonó el falso brillo de una carrera burguesa para integrarse cada vez más en el movimiento revolucionario. Ya en su primer libro de cierta envergadura, Reed revela una comprensión exacta de las causas de la revolución mexicana liderada por Pancho Villa, ya que en los cinco meses que pasó en México, supo identificar su pensamiento con las aspiraciones de un pueblo oprimido por el imperialismo yanqui. En esa época escribe la historia «Mac, el americano«, en la que el escritor estadounidense hace una crítica implacable de las relaciones entre los «yanquis» y los pobres «nativos» de los países dominados por ellos económica y políticamente. De vuelta a los EE.UU., fue arrestado durante una huelga textil por protestar contra las arbitrariedades de la policía. En prisión escribió «El hotel del Sheriff Radcliffe«, denunciando el sistema penitenciario estadounidense. Ese folleto causó sensación. Desde entonces, no cesó jamás la militancia política del escritor; que pasó a desarrollar, a través de conferencias y artículos, una intensa campaña contra la «Standard Oil Company«, por el hecho de que esta empresa había ordenado asesinar a varios huelguistas en los pozos de petróleo de Bayona y Colorado. Rockefeller, uno de los dueños de la «Standard Oil Company«, presentó una demanda contra los periódicos que publicaban los artículos de John Reed, pero esta demanda no pudo progresar porque los propios tribunales se vieron obligados a reconocer la exactitud de las alegaciones formuladas por el famoso periodista. En 1914, debido a la guerra mundial, John Reed se va a Europa como corresponsal de varios periódicos yanquis. Estuvo en los Balcanes y en diversos teatros de operaciones y de allí trajo material para su libro «La guerra en la Europa occidental«, que es una denuncia elocuente contra la guerra y el militarismo. En ese mismo año hizo su primer viaje a Rusia, pero al llegar fue arrestado por haber afirmado que las autoridades zaristas eran responsables de la organización de los pogromos antisemitas. De vuelta a EE.UU. comenzó a trabajar en la redacción del periódico «The Liberator«. Un artículo suyo titulado «Prepara a tu hijo para la camisa de fuerza«, hizo que el periódico fuese cerrado y sus editores detenidos. Pero John Reed consiguió escapar y subirse a un barco hacia Rusia, donde pretendía seguir de cerca el desarrollo de la revolución de Kerensky. Con la revolución rusa en marcha ante sus propios ojos, John Reed vio de forma más clara y precisa de qué lado estaba la verdad y la justicia. Él mismo dijo, en el prefacio de «Diez días que estremecieron al mundo«, terminado a principios de enero de 1919: «En vista de esta lucha, no me mantuve neutral, porque simpatizaba con una de las partes. Sin embargo, cuando escribí la historia de los acontecimientos, procuré ser sólo un reportero con conciencia, comprometido con la verdad«. Este libro, en el que Reed revela todo su amor a la verdad y toda su simpatía a la causa del proletariado, es al mismo tiempo un gran documento histórico y una gran obra literaria. Lenin, el genial guía de la revolución proletaria, no ocultó su entusiasmo por la obra de Reed. Dijo: «Después de haber leído, con inmenso interés e inalterable atención hasta el fin, el libro de John Reed, «Diez días que estremecieron al mundo», desde el fondo de mi corazón lo recomiendo a los obreros de todos los países. Quisiera que este libro fuese distribuido por millones de ejemplares y traducido a todas las lenguas, ya que ofrece un cuadro exacto y extraordinariamente útil de acontecimientos que tan grande importancia tienen para comprender lo que es la revolución proletaria, lo que es la dictadura del proletariado. Estas cuestiones son hoy objeto de discusión general; pero, antes de aceptar o rechazar las ideas que encarnan, es indispensable comprender toda la significación del partido que con relación a ellas se tome. El libro de John Reed, sin duda alguna, ayudará a esclarecer este fundamental problema del movimiento obrero universal«. Con ese libro, John Reed no nos dio sólo un documento verídico, una magnífica obra de arte, sino también un instrumento de lucha para el proletariado de todo el mundo. Después de la victoria del proletariado ruso, Reed ocupó el cargo de Comisario del Pueblo de Asuntos Exteriores, siendo uno de los encargados de la propaganda en los países de habla inglesa. Erwin Kisch dice que ese período «el escritor se convirtió en un verdadero soldado de la Revolución, tanto es así que, tras ser disuelta la asamblea constituyente por lo bolcheviques, cuando se esperaba un golpe de los socialistas revolucionarios con el apoyo de otras facciones abiertamente reaccionarias, Reed, con el fusil al hombro, se unió a la guardia que protegía el edificio del Comisionado de Asuntos Exteriores«. De vuelta a los EE.UU., pasó a la lucha, por todos los medios, contra la intervención militar en Rusia y en contra el bloqueo económico organizado por los países capitalistas. Organizó mitines, dio conferencias, tratando de explicar al pueblo americano el verdadero sentido de la Revolución Rusa. Como consecuencia de sus actividades políticas sufrió, durante este período, varias detenciones y juicios, siendo condenado en uno de estos a cinco años de trabajos forzados. Pero cuando la sentencia fue promulgada, Reed estaba de nuevo en Rusia como delegado norteamericano al II Congreso de la Internacional Comunista. Incapaz de volver a su país, el escritor pasa a trabajar activamente con sus camaradas rusos. Al regresar de un Congreso de los Pueblos del Este, celebrado en Bakú, John Reed se ve afectado por una gran enfermedad y muere pocos días después, el 17 de octubre de 1920, precisamente tres años después de los gloriosos días de Octubre que él tan bien había sabido interpretar y describir. Murió con 33 años de edad, pero su vida, tan abruptamente cortada, era un ejemplo de lucha y combate por la causa de la paz y el socialismo. John Reed supo ser un gran escritor y un valiente soldado de la Revolución y es por eso que su cuerpo descansa hoy en la Plaza Roja de Moscú, en ese lugar, en que según sus propias palabras, es «un lugar sagrado, el más sagrado de toda Rusia, porque en el descansan nuestros mejores camaradas«. (Traducido por «Cultura Proletaria» de la revista «Fundamentos», nº30, Noviembre de 1952.)
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Donde hay un Estado terrorista se ve la mano de Estados Unidos: el caso de Nicaragua. Durante casi cuarenta años Nicaragua estuvo sometida a los Somoza, una familia con inmensas propiedades. La fundación de la dinastía fue el asesinato en 1934 de Augusto Sandino, dirigente de la guerrilla que luchó desde 1926 contra la influencia de las empresas estadounidenses sobre el país. Las primeras victorias de la guerrilla, compuesta principalmente por nativos, campesinos pobres y trabajadores, obligaron a Estados Unidos a enviar allí varios buques de guerra y setenta aviones en 1927. La tropa de Sandino, mal armada y bombardeada por aviones estadounidenses, se vio obligada a retirarse a un lugar de difícil acceso, Cerro el Chipote. En 1933 se firmó un tratado de paz, a pesar de lo cual Washington exigió la cabeza de Sandino. Fue una tarea que se apresuró a cumplir el jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García. Dos años después, Somoza tomó el poder, imponiendo un estado de terror. “Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, dijo el presidente Roosevelt. El poeta Rigoberto López Pérez, que hoy es un héroe nacional, le ejecutó en 1956 durante un baile. Como en una monarquía, le sucedieron sus dos hijos, Luis Somoza y luego Anastasio Somoza. Bajo el reinado del primero, el puerto de Puerto Cabezas sirvió como base de lanzamiento para la operación en Bahía de Cochinos organizada por la CIA y destinada a acabar con la Revolución Cubana. En cuanto al segundo, se hizo especialmente famoso por haberse apoderado del dinero de la ayuda internacional enviada tras el terremoto de diciembre de 1972. Los Somoza tuvieron que enfrentarse a un movimiento guerrillero, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, fundado en 1961 e inspirado en la lucha revolucionaria de Sandino contra la oligarquía, los terratenientes y la influencia de Estados Unidos. Uno de los puntos de inflexión en la lucha de la guerrilla contra la banda de los Somoza fue el asesinato, ante su camarógrafo, del periodista de la cadena ABC, Bill Stewart. Le disparan en la cabeza en un control de carretera. Inicialmente el ejército nicaragüense quiso aparentar que el periodista había sido asesinado por un tirador sandinista, aunque las imágenes del asesinato finalmente salieron a la luz, indignando a la población de Estados Unidos y del mundo y obligando al presidente Jimmy Carter a retirarle su apoyo. A pesar de las masacres cometidas por las tropas de Somoza en el campo, los bombardeos a las ciudades y el apoyo militar estadounidense, en 1979 los sandinistas pusieron fin al régimen de Somoza, que se exilió en Estados Unidos después de vaciar las arcas del Estado. Tras la victoria de la revolución, los sandinistas expropiaron a los grandes terratenientes, nacionalizaron las minas y parte de la industria, e iniciaron una reforma agraria destinada a proporcionar tierras a los campesinos pobres. También comenzaron una campaña de alfabetización, legalizaron los partidos políticos y los periódicos. Se abolió la pena de muerte y el acceso a la atención médica se hizo gratuito. El dirigente sandinista Daniel Ortega fue elegido en 1984 con el 67 por cien de los votos, un resultado electoral que no gustó en Washington, que hizo como en Venezuela en 2024: las elecciones sólo son legítimas cuando las ganan sus lacayos. Entonces Estados Unidos empezó a jugar la carta de los Contras, una organización contrarrevolucionaria fundada en 1979 y formada por antiguos matones somozistas y paramilitares de la reacción que habían quedado en el paro tras la victoria de la revolución. Los Contras recibieron el apoyo del dictador argentino Videla, responsable de la muerte de decenas de miles de opositores en su país. La financiación procedía del narcotráfico y la CIA, que son las dos caras de la misma moneda. El periodista que se suicidó dos veces: Gary Webb Como demostró el periodista y ganador del Premio Pulitzer Gary Webb en 1996, no se trataba sólo de que la CIA obtuviera financiación para los Contras a través del tráfico de drogas, sino también de inundar los barrios de Los Ángeles con el crack, una forma de cocaína que se presenta en forma de pequeños cristales o piedras. Luego la CIA orquestó una campaña de desprestigio contra Webb con el manoseado recurso a su “teoría de la conspiración”. Perseguido y calumniado, en particular por los periódicos estadounidenses más vendidos, como el New York Times, el Washington Post y Los Ángeles Times, el periodista apareció “suicidado” en 2004 de dos disparos en la cabeza. La Contra atacó cooperativas, escuelas y centros de salud recién creados, quemaron cultivos y fábricas. Su violencia rayaba con la locura: torturaban sistemáticamente a sus prisioneros antes de ejecutarlos y secuestraban periódicamente a trabajadores enviados como parte de campañas de alfabetización o salud. Las violaciones formaban parte de sus prácticas corrientes. El terrorismo llegó a los titulares de los medios, incluso en Estados Unidos, tras el asesinato el 28 de abril de 1987 del ingeniero estadounidense Ben Linder, quien viajó a Nicaragua para ayudar al nuevo gobierno sandinista. Durante su primer año en el país centroamericano le escribió a su madre: “Es una sensación maravillosa trabajar en un país donde la principal preocupación del gobierno es su gente, toda su gente”. Fue herido por una granada durante una emboscada de la Contra y recibió un disparo en la cabeza. Fue el propio presidente Jimmy Carter quien alimentó los fondos destinados a los Contras y luego Reagan se apresuró a multiplicarlos por diez. Mientras, el entrenamiento de los terroristas estuvo organizado por la CIA. El caso Irán-Contra El 6 de octubre de 1986 un avión de carga pilotado por cuatro agentes de la CIA, que contenía decenas de toneladas de equipo militar destinado a los Contras fue derribado en medio de la selva nicaragüense. Los tripulantes llevaban sus documentos de identidad que los vinculaban con Southern Air Transport, una conocida aerolínea de la CIA. Así comenzó el caso Irangate (1). Estados Unidos había impuesto un embargo de armas a Irán después de la revolución de 1979 y presionaba a los países que les vendían armamento. A partir de 1986 era obvio que eran los propios Estados Unidos los que eludían su propio embargo. Además, la Enmienda Boland, aprobada por el Senado en 1982, trató de impedir que Reagan apoyara a los terroristas nicaragüenses. La CIA estaba con las manos atadas, así que fue el Consejo de Seguridad Nacional, quien se encargó de apoyar a la Contra a través de una filigrana, a la que Secord llamaba “La Empresa”: el dinero procedente de la venta de armas a Irán (también sujetas a un embargo) debía permitir financiar una red de contrabando de armas destinada a los terroristas nicaragüenses. Los Contras también contaron con la generosidad de Israel, aprovechando las buenas relaciones que el gobierno de Tel Aviv mantenía con el sátrapa guatemalteco Efraín Ríos Montt, condenado a 50 años de prisión en 2013 por genocidio: cerca de 500 aldeas destruidas y 10.000 indios asesinados, en particular mediante los “vuelos de la muerte” (2), más otros 30 años adicionales por crímenes contra la humanidad. “La Empresa” era una organización paralela y secreta dirigida por el coronel Oliver North, del Cuerpo de Marines y miembro del Consejo Nacional de Seguridad, Richard Secord, un general retirado de la Fuerza Aérea y Albert Hakim, un empresario iraní-estadounidense que hacía de testaferro. La red se creó para burlar cualquier tipo de ley u orden de las cámaras parlamentarias y tenía como objetivos principales recaudar dinero para los terroristas nicaragüenses, de fuentes privadas y extranjeras, así como organizar el transporte de armas y equipos. El tinglado era como un monstruo de dos cabezas. Tenía una parte secreta (pública) y lo demás parecía una empresa con múltiples cuentas abiertas en Suiza. Controlaba cinco aeronaves, incluyendo aviones de transporte C-123 y C-7, contaba con un aeródromo, almacenes en una base aérea, un arsenal de armas y equipo militar para lanzar por aire a la Contra y equipos de comunicaciones seguras obtenidos por North de la Agencia de Seguridad Nacional. La dilatada biografía de un mercenario al servicio de la CIA De los cuatro tripulantes del avión de la CIA que fue derribado en Nicaragua sólo se salvó Eugene Hasenfus. La Casa Blanca le hubiera preferido muerto porque los muertos no hablan. Hasenfus había sido un marine que había realizado misiones de suministro para las aerolíneas de la CIA durante la guerra de Vietnam. Sus puertos de escala incluyeron Saigón (hoy Ciudad Ho Chi Min) y Vientiane, en Laos. Fue juzgado y encarcelado en Nicaragua, que luego lo indultó. Salió de una para caer en otro juicio en Estados Unidos contra los 14 implicados en “La Empresa”. El costo de su defensa judicial no fue pagado por el gobierno porque intentaba aparentar que fuera un empleado público… “Roma no paga a traidores”. Finalmente, Bush indultó a todos los implicados en aquella chapuza, que ha pasado a la historia más absurda de las operaciones encubiertas. La CIA también se desentendió de su mercenario. Hasenfus demandó sin éxito a las empresas de la central de espionaje para las que trabajaba, Southern Air Transport y Corporate Air Services, diciendo que habían prometido verbalmente cubrir todos sus honorarios legales, pero perdió. En Estados Unidos fue condenado por exhibicionismo tres veces, en 2000, 2003 y 2005. (1) brown.edu/Research/Under… (2) Los vuelos de la muerte consistían en arrojar a los detenidos desde un helicóptero o un avión al mar. [Artículo publicado originalmente por MPR21]
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Para evitar un posible levantamiento de los esclavos, en la actualidad no sólo se les hace ver lo maravillosos que son los Amos sino, sobre todo, que ellos también pueden llegar a ser Amos con un pequeño esfuerzo. Lo dramático es que esa propaganda ha tenido un éxito total.
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Mario Aguiriano
Mario Aguiriano@AguirianoMario·
El sha fue uno de los dictadores más siniestros del pasado siglo. Brutalizó y empobreció a su pueblo. La Savak, su policía secreta, llegó a torturar a gente por poseer ejemplares de la Ciencia de la Lógica de Hegel. Su hijo no es más que otra marioneta canalla de Occidente.
CBS News@CBSNews

“Is it responsible to be sending citizens in Iran to their deaths? Do you bear some responsibility?” CBS News’ @NorahODonnell asks Iran’s exiled Crown Prince Reza Pahlavi as the protest death toll grows in the country. “This is a war, and war has casualties. In fact, in order to preserve and protect and minimize the death toll, minimize innocent victims yet again being killed by this regime, action is needed,” Pahlavi says.

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Libro de jugadas de cambio de régimen de EE. UU.: (1) terrorismo económico (bloqueos, embargos, robos) para crear escasez (2) financiar saboteadores y desplegar a la CIA para crear/multiplicar disturbios (3) culpar de la escasez/malestar al régimen y/o sistema (4 ) usar disturbios para justificar una invasión a gran escala e instalar títeres
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US regime change playbook: (1) economic terrorism (blockades, embargos, theft) to create scarcity (2) fund saboteurs & deploy CIA to create/multiply unrest (3) blame the scarcity/unrest on the regime and/or system (4) use unrest to justify full-scale invasion & install puppet

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«Elisa Risco», comunista, antifascista, dirigente del Socorro Rojo y pionera del parto sin dolor. Consuelo Ruiz, joven madre de una niña de 10 años, sin casa, sin trabajo, sin profesión, con un marido desaparecido tras la guerra -sus conocidas le habían dicho que lo habían fusilado-, sobrevivía en una triste habitación de mala muerte en un barrio del extrarradio de Madrid de los primeros años de la dictadura franquista, cosiendo para la calle y vendiendo pequeñas prendas de lana que ella decoraba artísticamente y que las hacía únicas. Y con tantas penurias pasó lo que tenía que pasar. Su hijita Amaya enfermó de tuberculosis. Corría el año de 1945 y la Segunda Gran Guerra había terminado en Europa. En el Instituto Antituberculoso le dieron pocas esperanzas de que se curase, y únicamente le regalaron muestras de calcio y vitaminas para que buscara a alguien que se las inyectara, «y a ver qué pasaba». Pero no conocían a Consuelo. No iba a permitir que un desconocido pinchara diariamente a su hijita llena de pavor, sin la menor consideración. Entonces Consuelo aprendió a poner inyecciones, ¿cómo?, poniendo en práctica lo que su madre le había enseñado siempre: pensando, razonando, y buscando la manera de hacerlo mejor, y así consiguió poner las inyecciones de forma casi indolora, engañando a Amaya diciéndole que solo ponía la inyección con la jeringuilla, pero sin aguja. Como todos los niños, Amaya no se pudo callar, y pronto su comentario de «pues mi mamá me pone las inyecciones sin aguja, y no me duele nada de nada» (el tonito se lo pueden imaginar) corrió como la pólvora entre los chavales del pobre barrio madrileño donde vivían. La penicilina había llegado a España y Consuelo se hizo famosa por poner inyecciones «sin aguja», principalmente a niños y niñas y además sin cobrarles nada. ¡Consuelo era un peligro!, y pronto los practicantes del barrio la amenazaron con denunciarla ante la policía por intrusismo profesional. Así es como Consuelo comenzó a estudiar por su cuenta, como siempre había hecho, pues nunca fue a la escuela pero había aprendido a leer y a escribir a los tres años edad, y obtuvo el título de Practicante presentándose en el examen libre en la Facultad de Medicina de Madrid. Poco después se hacía Comadrona y aprendió en París el moderno método de parir sin dolor, poniendo en práctica su fina sensibilidad que demostró con las «inyecciones sin aguja» y se convirtió en la pionera del parto sin dolor en España, publicando en 1955 su libro «Parto sin dolor, método de preparación psicoprofiláctico». Todo un referente en su nueva profesión y un gran ejemplo de superación y de sororidad. *** Elisa Risco, jovencita de 19 años, conoció a Maria Teresa León en el Congreso de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo que se celebró en el salón La Única de Madrid el 16 de julio de 1934, donde María Teresa había ocupado una de la presidencias, intervino en nombre de la Asociación de escritores y artistas revolucionarios y terminó leyendo un poema de su marido Rafel Alberti. Al mes siguiente el matrimonio marchó a Moscú invitado a participar en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos y ya no volvió a Madrid. La represión desatada tras la Revolución de Asturias les llevó a realizar un gira de denuncia en nombre del Socorro Rojo Internacional por varios países americanos y una estancia final en París. Hasta finales de enero de 1936, cuando el «bienio negro» se daba por terminado y se habían convocado nuevas elecciones generales para el 16 de febrero, no regresaron a España. Elisa Risco no la olvidó durante ese año y medio de ausencia y cuando se enteró de que un grupo de amigos de María Teresa y de Rafael le iban a agasajar con un banquete en el Café Nacional de la calle Toledo el domingo 9 de febrero, y aprovechando que iban a ir también destacados dirigentes del Partido Comunista, le dijo a su marido Luis Zapirain, entonces miembro del Comité Central, «¡yo voy contigo!». Dejó a su hija Amaya, de cinco meses de edad, al cuidado de su cuñada y su suegra, y allá que se fue a rodearse de los intelectuales más sobresalientes de la Generación del 27, los García Lorca, Luis Cernuda, Concha Méndez, Manuel Altolaguirre, Magda Donato, León Felipe, etc., sin olvidar que también acudió Pablo Neruda. Pero Elisa, joven culta e instruida de 21 años, no solo acudió a saborear aquel impresionante ambiente literario como no ha habido otro igual en nuestra Historia, sino que tenía preparada una sorpresa. En el momento de leer las adhesiones y de pronunciar breves discursos como el de Federico García Lorca, allá que se levantó ella y habló en nombre de las Bibliotecas de Cultura Popular que se habían abierto hacía pocos meses en Madrid, después de que las antiguas Bibliotecas Circulantes para obreros fueron clausuradas después de octubre de 1934. Este banquete de homenaje solo fue comentado por el Heraldo de Madrid, donde colaboraba María Teresa León; ningún otro diario madrileño le pareció una noticia que se reunieran en la capital 300 comensales de aquella categoría cultural y política. Para este diario Elisa no era nadie, y sin mencionar su nombre solo escribió que «también habló una representante de las Bibliotecas Populares». Este dato daba pie a confusiones, pues en aquella época las hoy denominadas Bibliotecas Públicas municipales se llamaba «Bibliotecas Populares» y había ya siete en Madrid. Fue el diario comunista Mundo Obrero quien publicó: «Elisa Risco pronunció un emocionante discurso de felicitación a los agasajados y de llamamiento a los escritores presentes para que prestasen mayor atención a las mencionadas instituciones culturales dirigidas a los jóvenes trabajadores. Las valientes e inteligentes palabras de la camarada Elisa Risco produjeron gran impresión en los presentes y motivaron una cálida ovación». Pero eso no fue todo, sino que cuando se levantó María Teresa León para agradecer el agasajo, al final de su discurso «excitó a los escritores presentes a que enviaran sus libros y solicitaran las críticas pertinentes a las Bibliotecas Populares a las que representaba Elisa Risco». Eso no fue todo. A los pocos días, el 14 de febrero de 1936 se celebró en Madrid un acto en el Teatro de la Zarzuela organizado por un grupo de jóvenes escritores para homenajear y recordar a Ramón del Valle Inclán que había fallecido el 5 de enero. En nombre de la Comisión organizadora leyó unas cuartillas María Teresa León, y a continuación intervinieron García Lorca que recitó unos versos de Rubén Darío dedicados a Valle-Inclán; Luís Cernuda, que leyó un ensayo de Juan Ramón Jiménez sobre el homenajeado, y otros poetas y escritores, cerrando el acto Rafael Alberti, «el alma de la iniciativa», que leyó unas cuartillas de Antonio Machado dedicadas a Valle-Inclán. A continuación el grupo de teatro aficionado «Nueva Escena» -dirigido por María Teresa León y Alberti- representó la obra inédita del homenajeado «Los cuernos de Don Friolera». Sin embargo, aunque no se dijo su nombre ni se aludió en la mayoría de los diarios a su intervención entre tanto intelectual conocido, Elisa Risco también participó en el acto: La Libertad la citó solo como «la Secretaria de las Bibliotecas Populares de Chamberí y Antonio Machado», quien leyó unas cuartillas sobre Valle-Inclán arrancando «grandes aplausos» de los asistentes; Ahora añadía que «fuera de programa estuvo la intervención de una muchacha que, en representación de los lectores de las Bibliotecas Populares, se unió fervorosamente al homenaje», y el ABC y La Época escribían: «Hasta una niña intervino -cuyo nombre no nos fue posible conocer- en representación de las Bibliotecas Populares, que dio al homenaje caracteres de mitin. La precoz oradora hizo vibrar al auditorio durante unos minutos…». Solo el diario comunista desveló quién era esa desconocida «muchacha», «niña» y «precoz oradora». Mundo Obrero del 15 de febrero de 1936 publicó la crónica del acto, y mencionaba que «Elisa Risco, por la Biblioteca de Cultura Popular Cervantes, hizo un emocionado llamamiento a los intelectuales para que se preocupasen de las Bibliotecas Populares, a las que concurren la juventud proletaria, ávida de enseñanza y de cultura». Elisa confundía a los presentes; no era ninguna «niña», aunque eso sí, era «pequeñaja y enclenque» como ella misma se decía, pues una osteomalacia padecida en su infancia hizo que su desarrollo óseo no fuera el adecuado, quedándose con una talla algo menor de un metro y medio. Cuando poco después intervino en un mitin en Salamanca y al terminar quisieron sacarla en hombro como los toreros (nada infrecuente en aquella época en los actos políticos), ella pensaba en su modestia que lo hacían por lo poco que pesaba y lo pequeña que era. Solo puedo atribuir a María Teresa León que en ese homenaje a Valle-Inclán pudiera intervenir Elisa Risco fuera de programa, a quien ya conocía desde el banquete del Café Nacional. Seguro que Elisa le sorprendió gratamente, y hasta le cogió cariño, ¿cómo podía caber en ese cuerpo tanto poder de convicción y de fervor hacia los hijos del trabajo? A esta especie de amistad atribuyo que el 12 de marzo de 1936, cuando la «Sección Femenina» de la Biblioteca y Círculo Popular Cervantes celebró un «gran acto femenino» en homenaje a la mujer española en el Fomento de las Artes (Calle de San Lorenzo), fuese precisamente María Teresa León quien impartiera la conferencia «La cultura, el deporte popular y la mujer». Elisa y María Teresa habían congeniado. *** No, Elisa Risco, a pesar de su apariencia física, no era una niña. En octubre de 1934, a punto de cumplir los 20 años, se había casado en Madrid con el dirigente comunista y carpintero de profesión Luis Zapirain Aguinaga (San Sebastián, 1904), y en agosto de 1935 nacía su única hija, Amaya, que tuvo que hacerlo por cesárea debido a la estrechez pélvica de su madre, y ese embarazo y parto tan dolorosos la marcó para siempre. Cuando una década después Elisa volvió a ser Consuelo Ruiz, se dijo a sí misma que si ella podía remediarlo, ninguna mujer más pariría con dolor, por mucho que la «Santa Madre Iglesia» y sus «Santos Padres» dijeran lo contrario. Y así fue. *** Pero Elisa Risco, ni era una niña, ni en febrero de 1936 era una oradora precoz que estaba iniciándose en las tablas de una tribuna. Elisa Risco nació como Consuelo Ruiz Vélez-Frías el 6 de noviembre de 1914 en la calle del Salitre del Barrio de Embajadores de Madrid. Con ocho años perdió a su madre Clotilde, de quien no se había separado en todo ese tiempo, pues siempre que la sacaba a la calle lo hacía enrollada en su mantón, junto a su pecho, viéndole la cara; ¡qué pena le daban los niños que son paseados en un cochecito y sin ver a sus madres! Su madre le proporcionó una educación libre, integral y práctica que nunca olvidaría. En una casa llena de libros, revistas y periódicos, donde se escuchaba la radio y se hablaba de todo libremente, y siempre en pie de igualdad su padre y su madre, Consuelo desarrolló una rica personalidad crítica y libre de prejuicios. Ella recordaba, siendo poco más que una niña, que su tío Paulino Vélez-Frías -que vivía con ella en la misma casa-, afiliado a la Sociedad de chóferes de la UGT, recibía por correo El Socialista y que ella corría antes que nadie a leer los poemas que en dicho semanario publicaba con frecuencia el poeta salmantino Miguel Rosendo Seisdedos («R. Seisdedos»). Ya entonces pensaba que cuando fuera mayor quería ser «escritora y poetisa, como la Pardo Bazán, como Concha Espina, o como Gabriela Mistral», a quienes admiraba y de quienes era «ferviente admiradora». Esta Consuelo, recién había cumplido los 16 años de edad, se afilió a la Juventud Comunista de Madrid: el fusilamiento de los mártires de Jaca, los capitanes republicanos Fermín Galán y Ángel García Hernández, en diciembre de 1930, le abrió los ojos definitivamente y su rebeldía difusa tomó cuerpo. Nunca su padre supo nada de su militancia comunista. La primera noticia de la existencia de «Elisa Risco» fue en su intervención en el mitin que se celebró en Madrid con motivo de la Jornada Internacional de la Mujer Trabajadora organizado por el Partido Comunista. Tuvo lugar el 12 de marzo de 1933 y se celebró en el Salón Luminoso de Cuatro Caminos. Presidió Consuelo Navarro, quien después de explicar el motivo del acto, cedió la palabra a Elisa Risco en nombre de la Juventud Comunista. La crónica de Mundo Obrero destacaba que el suyo fue un «discurso vibrante», en tono «de gran indignación», y que «arrancó aplausos repetidos». Tengo que hacer notar que este acto no mereció la atención de la prensa madrileña, ni la generalista ni la de ningún Partido, incluido el Partido Socialista, que ese año no celebró el 8 de Marzo. En ese momento de su debut conocido en la tribuna política, Elisa tenía 18 años, aún no era mayor de edad en aquella época (los 21 años), y por eso ocultó su nombre; temía que al anunciarse en la prensa su padre se enterara y que incluso fuera al local a sacarla a rastras. Alguien de su organización la bautizó entonces como «Elisa Risco» y así quedó para la Historia de la Segunda República. Es preciso convenir que si Elisa Risco intervino en el mitin del Día de la Mujer, mucho antes de ese día debió haber participado en otros, aunque no los publicara la prensa y que llevara una activa vida militante. Ese desparpajo que manifestó en aquel momento no era una casualidad ni una cualidad innata. A partir de entonces, su presencia va a ser casi continua a juzgar por la prensa de la época, a pesar de que, como ya hemos visto, no solían reseñar los actos comunistas y antifascistas. Sin querer pecar de exhaustivo, Elisa Risco participó el 19 de marzo de 1933 en el primer acto de masas de carácter antifascista que organizó el Partido Comunista en el Frontón Central de Madrid, y al que acudieron más de 7.000 obreros y obreras. En dicho acto la «pequeña y enclenque» Elisa Risco compartió tribuna con Luis Cabo Giorla por el PCE de Madrid, César Falcón por los Escritores Proletarios, con el abogado y diputado comunista José Antonio Balbontín y cerró el acto Vicente Uribe del Comité Central del PCE, es decir, con destacados personajes que ya habían pasado por la cárcel en varias ocasiones durante la Dictadura de Primo de Rivera. Los siguiente mítines en los que participó Elisa lo hizo ya representando a la Comisión Femenina de la Juventud Comunista y siguieron siendo actos contra la guerra y el fascismo, realizando por vez primera una gira de propaganda por tierras gallegas: la mañana del domingo 20 de agosto de 1933, la vamos a encontrar en un mitin contra la guerra y el fascismo organizado por el «Frente Único Provincial de Izquierdas» que se celebró en el Teatro Principal de Lugo, intervenir en nombre de la «Liga de Mujeres Revolucionarias», como ya lo había hecho en Madrid semanas antes, y la tarde del lunes 21 de agosto de 1933 volvían a repetir mitin, esta vez en la Plaza de Toros de Pontevedra, organizado por la Federación Obrera «como protesta contra la guerra y contra el Tratado comercial con el Uruguay que arruinará a los pequeños campesinos gallegos». Además de mítines, Elisa comenzará a impartir conferencias, como la del 15 de septiembre de 1933, sobre el tema «La mujer en la lucha revolucionaria», que tuvo lugar en la «Biblioteca Circulante Latina» de la calle Segovia n.º 33 de Madrid. Y dos semanas después volvía a salir de gira, esta vez visitando Cáceres y Alcuéscar participando en la campaña del Partido Comunista: «¡Contra la guerra y el fascismo! ¡Por la amnistía de clase!». La revista quincenal ¡Compañera! -Órgano de las mujeres trabajadoras de la ciudad y el campo-, editado por el Partido Comunista, vio la luz el 15 de septiembre de 1933, y Elisa Risco también va a colaborar con artículos en dicha revista. Las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933 estaban cerca. Era la primera vez que las mujeres pudieron votar, pero solo si eran mayores de 21 años, y por eso Elisa no pudo hacerlo, ni otros muchos miles de muchachas y muchachos madrileños que estaba sobradamente formados y concienciados, hecho que denunció Elisa en todos sus mítines, done pidió el voto a los 18 años de edad. Porque Elisa también participó en aquella campaña electoral en pueblos de la provincia de Cáceres y de Córdoba, animando a las mujeres a que apoyaran con sus papeletas a las candidaturas del Partido Comunista. Como puede apreciarse, Elisa no era una «oradora precoz», ni mucho menos, en febrero de 1936. Pero sí es verdad que su vida militante sufrió un parón, y quizás muchos se olvidasen de ella. Su padre Marcos Ruiz Egea falleció atropellado por un coche cuando caminaba por la calle de Claudio Moyano de Madrid el 8 de enero de 1934. Elisa quedaba huérfana de madre y padre, con una madrastra con la que no congeniaba -¡era tan, tan distinta a su madre!- y a cargo de una tía muy bondadosa, pero que no comprendía ni respetaba sus aires de libertad. Además, tras el parto de su hija Amaya, Elisa sufrió una mastitis en uno de sus pechos que se complicó y estuvo cuatro meses enferma soportando tres operaciones quirúrgicas, y la última con anestesia general en la que le vaciaron la mama. El final del «bienio negro» y el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 coincidió con su completa recuperación y con su vuelta a la vida militante. Quizás por que su marido Luis Zapirain se convirtió en el Secretario de Organización del Comité Nacional del Socorro Rojo Internacional, y en diciembre de 1937 en el Secretario General, Elisa va a comenzar a militar activamente en esta organización de solidaridad. Su primer acto conocido fue en la población burgalesa de Miranda de Ebro donde en la mañana del domingo 22 de marzo de 1936 se celebró un mitin organizado por el Socorro Rojo Internacional. Tuvo lugar en la plaza de toros y al que acudieron más de tres mil trabajadores y muchas mujeres. Entre los intervinientes figuraba Elisa Risco «por el Socorro Rojo Internacional (SRI) de Madrid», cerrando el acto Isidro Rodríguez Mendieta de las Juventudes Socialistas, Edmundo G. Acebal, del Partido Sindicalista y del SRI, y Francisco Galán, por el Partido Comunista. Al terminar el mitin se formó una imponente manifestación con los oradores al frente que recorrió las calles de Miranda hasta llegar al Ayuntamiento. Y por la tarde, Elisa Risco volvió a participar en otro mitin, esta vez en la plaza del vecino pueblo de Santa Gadea (Burgos). Desde entonces, Elisa Risco no dejó de dar conferencias, escribir artículos (sobre todo en el semanario del SRI, Ayuda) y participar en mítines en las provincias de Pontevedra, Murcia, Albacete, Valencia, etc., intensificándose esta labor tras el fatídico 18 de julio, y formando parte de la Comisión de Mujeres del SRI junto a Tina Modotti («Carmen Ruíz» o «María») y Matilde Landa, y en la Comisión de Propaganda del Comité Nacional. Durante toda la guerra, su pequeña hija Amaya estuvo cuidada por su cuñada, y apenas pudo verla en contadas ocasiones, lo mismo que a su marido Luis, pues sus responsabilidades en la organización eran distintas. Es significativo – como ella decía en sus memorias: «llevo casi toda mi vida luchando a favor de la mujer»- que el primer acto conocido de Elisa Risco, conocido por la prensa, fuera su intervención en el Día de la Mujer en marzo de 1933, y el último también. Fue en Guadalajara, aprovechando que estaba realizando tareas de solidaridad, donde con motivo de la Semana Internacional de la Mujer, la Asociación de Amigos de la Unión Soviética organizó el 16 de marzo de 1938 un «gran acto reivindicativo» en el Teatro-Cine de la Casa del Pueblo de Guadalajara y en el que intervinieron Clotilde Ballesteros por las Mujeres Antifascistas de la ciudad y Elisa Risco del Socorro Rojo Internacional. Además de la Rondalla del SRI que interpretó varias piezas musicales, el acto consistió en la puesta en escena del juguete cómico «La afición» y en la proyección de la película soviética «Las tres amigas». En marzo de 1939 Elisa se encontraba en el frente granadino de Baza-Guadix realizando tareas organizativas para el Socorro Rojo, y allí fue detenida -junto a su hermana Áurea, enfermera el Socorro Rojo- por las fuerzas franquistas, temiendo seriamente por su vida, pues en Baza se había «señalado» las semanas previas participando en mítines antifascistas en el Teatro Dengra de la localidad. Tras estar unos días encarceladas, finalmente fueron enviadas a un campo de prisioneros en Alicante, donde quedaron clasificadas y formaron parte de una expedición a Madrid para ser encarceladas y juzgadas por un Tribunal militar. Elisa Risco y su hermana lograron escapar de sus vigilantes al parar el convoy en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y mezcladas en un tren con soldados italianos pudieron llegar a Madrid. En ese preciso instante acabó la vida de «Elisa Risco» y la recobró Consuelo Ruiz Véĺez-Frías. *** Consuelo y Áurea consiguieron llegar a Madrid y allí se reunieron con su cuñada y con su hija, y juntas se fueron a vivir a una amplia habitación que alquilaron en una Pensión de Madrid. Amigas comunes le dijeron que su marido Luis Zapirain, al igual que otros dirigentes comunistas, había sido fusilado tras pasar unos días en el Campo de prisioneros de Albatera (Alicante), y precisamente, para preguntarle sobre él, recibió en la Pensión la visita de la policía franquista. Ella era Consuelo Ruiz Vélez-Frías, y les dijo que apenas había visto a Luis durante la guerra -lo cual era cierto- y que bastante tuvo con tener que cuidar a su hija de corta edad en medio de los bombardeos y de las penurias de la guerra. Interpretó muy bien su papel de Consuelo Ruiz, esposa y madre de una hija de cuatro años, y la dejaron en paz. Pero la dueña de la Pensión las echó del cuarto tras la visita policial y Consuelo solo encontró otra habitación pero mucho más pequeña, para ella y su hija; su cuñada entró de sirvienta con el dueño de un obrador, y su hermana se dedicó a labores de costura y punto, y se instaló por su cuenta. Luis Zapirain no fue detenido ni fusilado y se marchó al exilio -primero a Orán y después a México, Francia y por último Checoslovaquia-. Había estado casi 40 años llorando la muerte de su marido y padre de su única hija, sin saberlo. Hasta que en 1977 Consuelo logró localizar a Luis en Praga y concertó un encuentro navideño en Manchester, donde vivía su hija. No se lo podían creer.  Poco después, Consuelo y Luis regresaron a Madrid: Franco ya había muerto. Consuelo falleció el 18 de noviembre de 2005 en la Residencia de San Camilo de Tres Cantos, donde se alojaba tras ser dada de alta hacía dos días del Hospital Gregorio Marañón. Acababa de celebrar en el Hospital su 91º cumpleaños. A los 84 años publicó su última obra: «Cartilla para aprender a dar a luz» y un año antes de su muerte, con 90 años, aún asistía a mujeres embarazadas a parir en su domicilio en un ambiente de dignidad, sin dolor, sin miedo, en libertad. Todo por lo que siempre había luchado cuando entonces se llamaba «Elisa Risco». Al igual que Elisa Risco dejó una huella indeleble, ahora puesta de manifiesto con el presente trabajo, en la Historia de la Segunda República, el legado de Consuelo Ruiz también será inolvidable: ocho libros sobre «El parto sin dolor» y una ingente cantidad de páginas escritas en revistas científicas y profesionales, sin olvidar sus poemas y relatos. Elisa y Consuelo: una y otra son una misma y bella persona. Una vida admirable de una mujer admirable. *********** * Fuente de la Imagen: Mundo Obrero del 19 de octubre de 1936. * La Bibliografía sobre la matrona Consuelo Ruiz Vélez-Frías es abundante y en parte está disponible en internet. * NOTA: En el siguiente enlace está disponible para las personas interesadas un trabajo mucho más extenso del autor sobre la militante comunista «Elisa Risco», que incluye fuentes y bibliografía consultadas: …encomunistayantifascista.blogspot.com/2026/01/elisa-… (Texto original de Manuel Almisas Albéndiz)
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El 14 de enero de 1957 cerca de 1.500 personas que trabajaban en la mina La Camocha, en Asturies, desafiaban el régimen franquista y convocaban la primera huelga minera desde el inicio de la dictadura. La protesta inició como una huelga de brazos caídos demandando mejoras salariales y laborales y se convirtió a finales de semana en un paro general de toda la comarca en la que jugaron un papel primordial y clave las mujeres. Después de nueve días la protesta se dio por finalizada con una victoria obrera y la aceptación por parte de la patronal de gran parte de las demandas. La negociación la llevó a cabo una comisión de trabajadores al margen del Sindicato Vertical franquista y se adjudica como raíz fundadora de las primeras comisiones obreras.
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El 14 de enero de 1930, el comunista Albrecht "Ali" Höhler disparó contra Horst Wessel, jefe de una unidad de las tropas de asalto nazis de Berlín, que murió a consecuencia de sus heridas el 23 de febrero. Höhler era miembro de la organización paramilitar del Partido Comunista Alemán, Roter Frontkämpferbund (Liga de Combatientes del Frente Rojo). Tras su muerte, Wessel fue elevado a la categoría de mártir por los nazis, mientras que Höhler fue condenado a seis años de cárcel por homicidio, sólo para acabar siendo sacado a rastras y asesinado una vez que los nazis llegaron al poder.
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"Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros. Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada. Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano, esa propiedad que es para el hombre la base de toda libertad, el acicate de todas las actividades y la garantía de toda independencia. ¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano! ¿Os referís acaso a la propiedad del humilde artesano, del pequeño labriego, precedente histórico de la propiedad burguesa? No, ésa no necesitamos destruirla; el desarrollo de la industria lo ha hecho ya y lo está haciendo a todas horas. ¿O queréis referimos a la moderna propiedad privada de la burguesía? Decidnos: ¿es que el trabajo asalariado, el trabajo de proletario, le rinde propiedad? No, ni mucho menos. Lo que rinde es capital, esa forma de propiedad que se nutre de la explotación del trabajo asalariado, que sólo puede crecer y multiplicarse a condición de engendrar nuevo trabajo asalariado para hacerlo también objeto de su explotación. La propiedad, en la forma que hoy presenta, no admite salida a este antagonismo del capital y el trabajo asalariado." Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1848.
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En septiembre de 1955, Nikita Jrushchov concedió una amnistía a colaboradores nazis. Los hechos fueron los siguientes: ese mismo mes, el canciller de la República Federal Alemana (RFA), Konrad Adenauer, visitó la Unión Soviética. Esto ocurría apenas unos meses después de que, bajo su liderazgo, la RFA se hubiera unido a la OTAN —hecho que, de por sí controvertido, tuvo lugar el 9 de mayo, en el décimo aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi. Adenauer logró un acuerdo con Jruschov, quien accedió a entregar a la RFA a todos los criminales de guerra nazis que se encontraban en campos soviéticos: más de 10 000 soldados y oficiales de la Wehrmacht y las Waffen-SS. Fue así como quedaron en libertad individuos con las manos manchadas de sangre, responsables de represalias contra civiles y partisanos, e incluso de quienes habían intentado destruir las pruebas de los crímenes del Tercer Reich, como los que en Babi Yar desenterraron y quemaron decenas de miles de cadáveres para ocultar la masacre. Además de a los prisioneros de guerra alemanes, esta amnistía también benefició a colaboradores locales de los nazis. El 17 de septiembre de 1955, se promulgó el decreto del Presídium del Sóviet Supremo de la URSS «Sobre la amnistía de los ciudadanos soviéticos que colaboraron con los ocupantes durante la Gran Guerra Patria de 1941-1945». Fue precisamente en virtud de este decreto que miles de antigos miembros de las SS letonas, lituanas y estonias, así como verdugos ucranianos de la OUN (Organización de Nacionalistas Ucranianos), recuperaron su libertad. (Publicado originalmente en Bitácora Soviética)
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El día en que la URSS empujó a la US Navy en el mar Negro El 12 de febrero de 1988, en plena fase final de la Guerra Fría, el mar Negro se convirtió en escenario de un choque directo —literalmente— entre buques de guerra soviéticos y estadounidenses frente a las costas de Crimea. Los buques estadounidenses, el crucero Yorktown y el destructor Caron, entraron en una zona que la URSS consideraba aguas territoriales cerradas cerca de Crimea. Washington afirmaba que estaba ejerciendo su "derecho de paso inocente", previsto en la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar: tránsito pacífico, sin maniobras de combate ni actividades de Inteligencia. No obstante, Moscú veía otra cosa: una nueva provocación y violación deliberada de su frontera marítima. Tras un incidente previo en 1986 protagonizado por los mismos buques, el mando soviético había aprobado una directiva: en caso de nuevas incursiones, no solo acompañar, sino físicamente expulsar a los intrusos, incluso embistiendo los buques enemigos si es necesario. Así, cuando el Yorktown y el Caron se adentraron en las aguas reclamadas por la URSS, la fragata Bezzavetnyi chocó contra el costado del Yorktown y realizó maniobras de abordaje contra el buque estadounidense, que era el doble de grande, subiendo incluso su proa sobre la cubierta de helicópteros del crucero. Resultado: barandillas arrancadas, daños en la estructura y en una lanzadera de misiles Harpoon. Por su parte, el buque guardacostas SKR‑6 rozó al Caron, dañando la obra muerta, barandillas y una embarcación auxiliar. Tras esta demostración, ambos guardacostas continuaron escoltando a los intrusos en estado de máxima alerta, preparados para repetir la maniobra. Sin embargo, los dos buques estadounidenses pusieron rumbo hacia la salida de las aguas territoriales soviéticas y no intentaron regresar por la misma ruta. Posteriormente, el subsecretario de Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional en ese momento, Richard L. Armitage, reconoció que el tránsito no era necesario desde el punto de vista operativo, pero todavía siguió insistiendo en que era un pasaje válido e inocente en virtud del derecho internacional. (Publicado originalmente en Bitácora Soviética)
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