
Hace seis semanas atrás nadie imaginó que era posible una ley de amnistía. Hace dos semanas muchos eran escépticos sobre la posibilidad de aceptar consultas e incorporar cambios legales sustantivos al proyecto de ley. Hace unos días era difícil predecir que la ley pasaría por unanimidad. Ahora el problema es su alcance debido a que la ley está acotada a eventos específicos a lo largo de los últimos 26 años y es necesario ampliar su alcance aún más; pero nadie imaginó tampoco que se aceptaría una comisión especial en la Asamblea Nacional para garantizar su ejecución y abrirlo más allá de lo que está establecido. La ley no es perfecta pero es un buen primer paso y si hay voluntad política -y se mantienen consensos amplios sobre concesiones mutuas- se puede ampliar rápidamente; el tema es seguir construyendo acuerdos políticos para lograr ese objetivo. Este es el camino más realista que tiene disponible el país para abrir un proceso de cambio institucional y democrático que funcione para todos. Yo no veo otra alternativa.
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