
Las lluvias que golpean Arequipa no solo dejan calles inundadas y carreteras bloqueadas. Golpean bolsillos, paralizan negocios y ponen vidas en riesgo.
Más de 1 millón de arequipeños están expuestos a deslizamientos e inundaciones (Cenepred, 2026). Solo en febrero, más de 4200 personas fueron afectadas y más de 1200 viviendas quedaron inundadas en Cayma tras el desborde de la torrentera Chullo. Un huaico destruyó el puente Villa Continental y en Castilla se dañaron 56 km de caminos vecinales (COER, 2026).
Cuando las avenidas se inundan, el transporte se detiene y miles de personas dejan de trabajar. Con el inicio del fenómeno de El Niño Costero, Arequipa podría perder más de S/24 millones diarios en comercio y transporte (CCL, 2026).
Ante esta situación, las autoridades ampliaron el estado de emergencia y postergaron el inicio de clases en las zonas afectadas (GRA, 2026). También solicitaron S/8 millones para Agricultura y Transportes y S/40 millones para rehabilitación en 20 distritos (GORE; MPA, 2026). Medidas que llegan tarde, porque la prevención nunca llegó.
Sin embargo, en los últimos cinco años el GORE de Arequipa ejecutó solo el 66% del presupuesto para gestión de desastres, dejando más de S/60.9 millones sin usar (MEF, 2026).
Las lluvias no son nuevas. Lo que falta no es reacción, sino prevención. Usar bien el presupuesto, limpiar las torrenteras antes de cada temporada, ordenar el crecimiento urbano e invertir en infraestructura resistente no debería ser un lujo ni una promesa: es la diferencia entre estar preparados o volver a sufrir los mismos daños cada año.
Porque, al final, prevenir siempre cuesta menos que reconstruir. ¿Seguiremos reaccionando cada año o exigiremos prevención real? Te leemos.

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