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𝗥𝗘𝗩𝗢𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔𝗦 ‣ Psicóloga, conferencista y escritora ‣ Columnista @elpaiscali ‣ @oyecali,@elcorrillodemao y @canal2co ‣ Consulta presencial y virtual

Cali, Colombia Katılım Nisan 2010
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Gloria H@revolturas·
Mamá perfecta, suegra peligrosa Se ha repetido por siglos de los siglos que el núcleo de la sociedad es la familia, dándole un protagonismo desbordado y responsabilizándola de todo lo bueno que le sucede a un ser humano. Sí, leyó bien: hice la diferencia. Lo bueno es la gestión familiar, la madre incluida. Pero lo malo, entonces, es responsabilidad individual. El ‘chino’ o la ‘china’ resultaron con malas inclinaciones tomadas posiblemente de los amigos, de su entorno o ahora de las redes. Esa idealización de la familia encumbró a la madre al olimpo de la perfección; por lo tanto, aquel que se atreva a cuestionarlo debe ser un mal hijo, anormal o un depravado. Pero ahora, en vísperas de la celebración de la madre, vale la pena intentar revisar la creencia sobre lo que es una madre y más ahora con el movimiento tan profundo que vive la sociedad. Porque el cambio se inicia desde el concepto de pareja: el hombre dejó de ser el rey y al lado tiene una compañera que ya no le baja la cabeza tan fácil. Muchos hombres no saben manejar a esta ‘nueva’ mujer. Y esta mujer, atrevida, desafiante, posesiva, busca su realización personal por caminos aceptables o equivocados, pero busca darle sentido a su vida. El trabajo, el estudio, las amigas, un amante o los hijos. Si su pareja no la llena, puede volcar toda su energía en los hijos para compensar la falta. Y es allí donde se gesta la dualidad “madre perfecta, suegra peligrosa”. Porque viuda o separada del ‘sinvergüenza’ marido ‘usa’ al hijo o a la hija como bastón. Cumple el rol de madre amorosa, omnipotente, eficaz, complaciente: puede fácilmente dedicarse a sus hijos y en especial al que ella escoja como preferido. Pero esos privilegios maternales tienen un costo muy alto: no existe mujer u hombre capaz de desbancarla. Ninguno califica para el puesto. Ella sigue siendo la única y la mejor. ¿Quién se le mide a ese desafío? El hijo o hija quedan atrapados en una cárcel de amor castrante y tóxico. Entonces encontramos casos como el de México donde, aunque no lo crea, esta historia hoy por hoy es casi el pan de cada día, con el cambio tan abrupto de la familia. Ausencia del padre, empoderamiento de la madre, utilización de los hijos. Historias como esa se repiten y repiten, no terminando en asesinatos, pero sí en intromisión, manipulación, victimismo y disolución de matrimonios a causa de “mamás perfectas, suegras horrorosas” que destruyen todo a su paso. Es una paradoja, pero el poder que se tiene como madre, utilizado como suegra, es demoledor. Cambian de silla, de madre a suegra, y te encuentras con mujeres irreconocibles con hijos e hijas que les tienen pavor y no logran la autonomía necesaria para crecer y marcar un límite. Si tú no sales de esa casa materna, es decir, si no logras desprenderte de la madre y darle su lugar detrás de tu pareja, no podrás construir una nueva familia. No has crecido, así el calendario marque años de vida. Sigue escogiendo a la madre: “Primero conociste a la mamá que a la esposa”. Por ello, el mejor consejo, el más prudente y eficaz, es distancia, no solo geográfica, sino también emocional. Y de parte de la “madre perfecta, suegra horrorosa” también se necesita colaboración. Debe ‘soltar’ a sus hijos, debe dejarlos volar así se equivoquen. Porque lo paradójico es que madre y suegra son las dos caras de una misma moneda. Y mientras más idealices un lado, más deformas la realidad, fomentando el lado oscuro y manipulador del otro. La mujer madre es un ser humano que no puede ser perfecta, y nuestro compromiso como sociedad es no colocarle estándares de excelencia tan altos que la atrapen en un rol cada vez más complejo. Es humana y falla. Tiene derecho a su vida personal y no es la ‘única’ responsable de lo que le sucede a un hijo o hija. ¿Existen los papás? El País. Revolturas
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Gloria H@revolturas·
INCESTO SIMBÓLICO México se sacudió esta semana con el asesinato de una exreina de belleza, a manos de su suegra, hecho sucedido en una colonia (barrio) ‘distinguido’ de la ciudad lo que le quita el inri y casi justificación de que esto sucede por ser ‘pobres e ignorantes’. Las cámaras de seguridad al interior del apartamento aportan material muy valioso para intentar explicar lo que pasó. Porque aun cuando el desenlace de la situación es impactante (una mujer asesinada), lo que verdaderamente debería estudiarse ahora es cuánto se están repitiendo historias como estas que no terminan en asesinatos pero sí en disolución de familias, con hombres y mujeres lastimados, niños y niñas abandonados, a causa de lo que podríamos titular ‘incestos simbólicos’. ¿Cómo explicarlo? Incesto significa “práctica de relaciones sexuales entre personas estrechamente emparentadas por consanguinidad (sangre) o afinidad (matrimonio), como padres e hijos, hermanos, o abuelos y nietos”. Es un concepto respetado por muchas culturas obedeciendo 3 principios básicos: evitar enfermedades degenerativas en la descendencia, facilitar el intercambio con otros grupos sociales y cuidar la estructura de roles en la familia. Pero, en este mundo cambiante, donde los adelantos científicos ‘tumbaron’ el inconveniente biológico, pareciera que la prohibición universal podría modificarse puesto que los impedimentos legales y sociales pueden ser relativos de acuerdo a las culturas. Como quien dice que existe la opción de abolir la prohibición del incesto. ¿Tan fácil? Sin embargo existen dos condiciones permanentes en la práctica del incesto que pueden dar al traste con el concepto de familia tradicional. 1. El abuso de poder, un poderoso o grande y uno sometido o pequeño. 2. Confusión en los roles familiares donde un hijo pueda volverse marido de su madre o una mamá esposa de su hijo. Estas dos características terminarían aboliendo el concepto de familia tradicional y como eje de la sociedad, llevarían al caos absoluto. Pero me pregunto, ¿será que está por pasar o ya lo estamos viviendo? En el incesto simbólico no tienen que darse las relaciones sexuales entre los protagonistas pero si cumplir con esas dos características que lo definen como simbólico: abuso de poder y confusión de roles. Abuso de poder porque el grande, poderoso o mayor ejerce su deseo sobre el pequeño o dependiente. El poder es el que construye esa relación aparentemente afectiva. Y como lógica consecuencia se da la confusión de roles en la familia que no solo termina siendo un problema de apariencia, sino que en la confusión suceden hechos como el de México donde la suegra ‘reclamó’ su propiedad, su derecho a que su hijo sea de ella, su marido, eliminando a la rival que se lo arrebató. Lo más grave parece es que el hecho no surge de un momento de crisis sino que existe la premeditación, la molestia acumulada que construye una solución patológica: en el video se ve a la suegra permanentemente con la mano en su bolsillo, donde tenía la pistola, mientras persigue a su nuera, a la rival que le quitó a su hijo. “Es mío”. No debe ser exagerado, entonces, unir las dos variables, confusión de roles y abuso de poder vivido en familia, con el despelote de roles y abuso de poder que vive la humanidad. Mal que bien, se aprendía en casa que la autoridad ‘mandaba’ (así fuera autoritarismo) y había que bajar la cabeza así fuera sometimiento. Hoy esto ha desaparecido y como los líderes tienen familia, lo que se aprende o se vive en casa es aquello que se practica en el exterior. ¿La nueva familia, la nueva sociedad, el nuevo orden, fruto del incesto simbólico? El País. Revolturas
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Gloria H@revolturas·
A eso fue que vinimos? Cuando se da una mirada global al mundo en el que estamos viviendo, incluido nuestro entorno más cercano, la familia, el barrio, la ciudad, hasta proyectarla más afuera, a la tecnología, la información, el cosmos, es posible que nos invada una sensación inmensa de impotencia y desconcierto. ¿A qué fue que vinimos? ¿Qué es lo que estamos haciendo en este plano terrenal? ¿Cuál es el sentido del ser humano, de ser terrícolas? O como le imprecaba un hijo a sus padres: ¡¿para qué me trajeron a este mundo?! ¡Yo no les pedí que lo hicieran! La inquietud está en el ambiente; aún más, está en nuestro interior. ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Para qué fue que vinimos? Que alguien (¿?) nos devuelva el instructivo y nos aclare cuál es el sentido de la existencia, porque es inexplicable este despelote actual. Y es entonces cuando percibes que muchas de tus creencias (valores), o lo que calificabas como verdades incuestionables, o personajes que admirabas por su actitud profesional y hasta por su coherencia, se desdibujan a pasos agigantados. ¿Qué está pasando? Pensadores y filósofos estructurados te repiten como si fuera un mantra: “El mundo es perfecto”, “nada es contra ti”, “has escogido el plan de tu vida”, “la familia no es un accidente”. ¿Qué es lo que pasa? ¿Cómo encajar la desesperanza con estos planteamientos que pregonan los pensadores más profundos? Pero no eres el único en tu cuestionamiento. Los estudios muestran cifras aplastantes: 1 de cada 8 universitarios ha querido suicidarse. Ellos, que son la juventud, que tienen “todo por delante”, si hasta ellos “no creen en el futuro”, ¿para dónde vamos? Como si la vida fuera una estafa, como si estuviéramos formando para un mundo inexistente, como si viviéramos en un universo de mentiras, como si fuera totalmente válido cambiar de criterio cada día, como si el mundo fuera un escenario de locura, donde el “todo vale”, “sálvese quien pueda” se convirtieran en los nuevos paradigmas de vida y convivencia. De pronto esta avalancha nos cogió desprevenidos, ubicados en la comodidad de la inconsciencia, y el tsunami del mundo actual nos obliga, sí o sí, a replantearnos verdades, creencias, expectativas. Vivir significa enfrentar posibilidades, lo dice la cuántica. No hay futuro de allí que pueda invadirnos la desesperanza porque tenemos que construirlo a diario, muchas veces sin saber cómo: improvisando, ensayando, equivocándose. Y en este tsunami de cambios e incoherencias, ¿de qué me agarro? ¿Dónde encontrar un mínimo de seguridad para continuar? Las nuevas generaciones posiblemente no tienen memoria de momentos armónicos que no estén cosidos al mundo externo: apariencia, dinero, éxito… Los mayores sí pueden tener anclajes en experiencias sostenidas por aquello en lo que se creía, que no necesariamente estaban ligados a lo material. Lo que vuelve prioritario enfocar el lente de la vida hacia verdades donde no solo lo externo provea de sentido. Para empezar, hay que hablar, conversar, enseñar sobre la muerte, sí, sobre la muerte. Es una paradoja, pero es claro que la certeza del morir aporta sentido a la vida. Para muchos la muerte es una enemiga por esconder. Pero la muerte está ligada a la trascendencia, a elementos que ni se ven ni se compran en el mundo materialista y no se transmiten porque no son tangibles, pero presionan a encontrarle sentido a la existencia. La muerte es la puerta entre dos dimensiones. Sin esta mirada, estamos dejando sin anclajes a la vida y de allí el desconcierto, la desesperanza y, en definitiva, la crisis de salud mental. En el mundo material la desesperanza invade porque allí no hay respuestas que colmen la integralidad de un ser humano. Es una crisis total, pero a su vez es un grito desgarrador para cambiar de rumbo e incluir lo trascendente en lo cotidiano. O damos el paso o nos enloquecemos colectivamente. No vinimos a ser espectadores de un caos. ¿A qué vinimos? El País. Revolturas
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Gloria H@revolturas·
Salud emocional Luna o Tierra Hay una metáfora muy difundida sobre una supuesta reunión que sostuvieron los dioses preguntándose cómo podían evitar que los humanos compitieran con ellos. Cómo ‘bajarle’ a la prepotencia terrenal. Entonces decidieron esconder la felicidad en un lugar donde no fuera fácil alcanzarla porque “si eran felices, serían como dioses”. ¿Dónde esconderla? ¿En el fondo del mar? No, allí la hallarían. ¿En la cima de una montaña? No, también lo lograrían. Hasta que a uno se le ocurrió que esconderla en el fondo del corazón haría muy difícil su hallazgo. El humano no está enseñado a mirarse a sí mismo… le aterra. Y ahora con el viaje a la luna, que emociona tanto, surge también la inquietud sobre las prioridades. ¿Cuál es lo principal? ¿Dar alimento a todos los seres del planeta Tierra u organizar un viaje al espacio como manifestación de inteligencia humana, para beneficio y orgullo de la ciencia? Sí, hay que escoger y esa decisión es una muestra de la esencia de cada quién, de lo que cada uno de los terrícolas guarda en su interior. De aquello que ha recibido a través de la cultura y los criterios de valor que se difunden como esenciales. No olvide que “todo tiene que ver con todo”. No hay decisión equivocada, sólo un retrato de los valores y criterios con los que las culturas han construido prioridades, como ha gestado el perfil del humano. A mitad de camino entre los dioses y las bestias, el humano pareciera que se enfocara más a igualarse con la bestia, con la irracionalidad, antes de intentar acercarse al mundo de la solidaridad, la compasión, la colaboración. O, por el contrario, en aras de desarrollar la razón y la inteligencia, no conoce de integralidad, de emociones, de sensaciones compartidas. Porque esa inteligencia ‘sola’ pareciera más un caballo desbocado que un elemento al servicio de la condición humana. ¿Por qué es tan difícil sentirse solidario? ¿Por qué se le huye a la felicidad de compartir? ¿Por qué es tan repulsivo hacer un favor, ayudar al que lo necesite, darle la mano al que se ha caído? Esas emociones son absolutamente gratificantes, pero parece que no son aptas para que cualquiera las experimente. Hace unos días, hablando de basuras, le dije a una señora que se podía llevar hasta el camión y ella, molesta, dijo: “¿Por qué, si para eso les pagan?”, como si colaborar ardiera. Sentir la emoción del servicio, como recibir la sonrisa de alguien agradecido, son sensaciones increíbles que no se compran en ningún supermercado. Calmar el hambre de una persona hambrienta, así sea solo una vez, genera una plenitud indescriptible. Pero parece que no es prioritario que la raza humana esté bien. No hay la motivación para ello, ni siquiera en forma egoísta (me siento bien haciéndolo, independiente de la respuesta), y el otro, el prójimo, no está en mi radar Miramos a la Luna y no miramos a Haití, a Yemen, a Gaza y a tantos otros pueblos con necesidades básicas por suplir… Digamos que dar de comer a toda la población del mundo, ¿no debería ser una prioridad? Si a usted lo hubieran puesto a decidir, ¿qué haría? ¿La Luna o la Tierra? ¿Seguimos buscando la felicidad ‘afuera’ perdiendo la esencia del servicio y la gratitud? Y si encontráramos extraterrestres, ¿ellos cómo nos verían, cómo nos juzgarían, cómo interpretarían las conductas humanas? Lo paradójico es que las filosofías y religiones del mundo hablan del amor, de la gratitud, de la solidaridad… Hay personas que manejan mejor el uso de las matemáticas que las conexiones emocionales. ¿El prójimo qué tan enemigo es? ¿Nos fuimos a la Luna en busca de mejores condiciones para quién? ¿Qué encontraremos en la Luna que no hemos podido hallar en la Tierra? El País Revolturas.
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
Francisco Piedrahita. Mirar al pasado trae emociones muy contradictorias porque existe la satisfacción de lo vivido, pero también la convicción de que “ya pasó” y lo vivido ahora tan solo forma parte de la memoria. Claro, ojalá recordáramos únicamente lo bueno, lo agradable… pero allí en ese proceso, están también los momentos amargos, el dolor, el sufrimiento, la tristeza, los duelos. La vida que ya has vivido es como un rompecabezas que tu memoria intenta armar valiéndose de las añoranzas, de anécdotas de tus conocidos o de circunstancias del presente. En mis recuerdos de niña y adolescente están muy, muy presentes los Piedrahita Plata, la cercanía con Bertica, su casa de Santa Mónica, anclando esos momentos con el Mundial de fútbol de Arica, cuando Pepe Piedrahita, el padre, hacía planes para asistir y, en la noche, después de una reunión con amigos, organizando el viaje, murió de un infarto fulminante el 16 de abril. Berta, mamá y sus hijos, quedaron con el impacto y el dolor intempestivo de su partida. Sí, recuerdo su entierro en la Iglesia de San Judas Tadeo, con muchos sorprendidos con su repentina muerte. Como sucede ahora con la muerte de Francisco, su hijo. Porque en definitiva hay familias que tienen un sello de servicio y entrega a los suyos y a la comunidad, lo que perfila su actuar en la vida. Como si con el ADN familiar se gestara un carácter de entrega por el prójimo. La partida de seres que entregaron su vida a una causa, al servicio de otros, deja un vacío inmenso, pero a su vez recordando todo lo que aportaron por crear un mundo mejor. Luces y sombras: es la paradoja de la existencia. Pero son las vivencias personales las que hacen que cada duelo sea muy personal por lo que asocias con la persona que fallece. Años más tarde, Francisco y Claudia nos dejaron por unas horas al cuidado de Vicente (Vizo), su hijo pequeño, compañero de clase del nuestro, mientras enfrentaban el dolor y los angustiosos momentos por la muerte de Gabriel en el accidente de American. Recuerdos que se construyen a través de la vida y que dejan una huella imborrable porque si algo marcó la vida de Francisco fue la entrega a los demás. Su pasión por la educación (recuerdo haberle prestado un libro de Paulo Freire, autor de la teoría de la educación liberadora), como también su colaboración a todo aquello que significara mejores condiciones de vida para los otros. Está también la muerte de su hermana María Eugenia, en el cálido y sentido funeral en la Catedral, con los sonidos de su voz mientras terminaba la ceremonia para que su música quedara en el recuerdo, volviéndose inolvidable... Sí, la muerte es inevitable y hay que prepararse para ello, en especial llevándonos lo único que podemos portar: nuestra esencia, la sabiduría que da la experiencia y los actos de servicio donde hayamos conectado con la parte más noble de la condición humana. A mitad de camino entre los dioses y las bestias, Francisco propició acercar a la comunidad hacia los dioses, con educación y servicio, generando confianza y credibilidad de que los seres humanos podemos ser cada día mejores personas. Lo bestial forma parte de una carencia de educación y empatía que se puede superar construyendo mejores sociedades. Lo valioso y satisfactorio es ir escuchando historias muy especiales y casi que íntimas, de personas que reconocen cómo una acción de Francisco Piedrahita cambió sus vidas… entonces, seres como él, pasan a la categoría de inolvidables. ¡Gracias por tanto! El País. Revolturas
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
@HProductiva Pero no explicaste la del gato, de Schordigen…
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Pablo Alcalde
Pablo Alcalde@HProductiva·
Si estas paradojas te han hecho parar a pensar… No eres como la mayoría. Pero cuidado: pensar no basta. – Compártelo con alguien que vaya en piloto automático – Guárdalo para releerlo – Y sigue a @HProductiva Porque ver diferente es el primer paso para vivir diferente.
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Pablo Alcalde
Pablo Alcalde@HProductiva·
LAS PARADOJAS MÁS PODEROSAS DE LA VIDA: // HILO //
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
Muerte, mirada diferente Hay personas que llegan a esta vida con el compromiso de enseñar, de contribuir a que el mundo sea distinto. Personas que se atreven a construir nuevos paradigmas. La humanidad no es igual gracias a su determinación, a su coraje. Cambiar creencias es de lo más complejo porque es nadar contra la corriente. La muerte de Aura Lucía y la gravedad de Francisco Piedrahita han contribuido, nos están obligando, a revisar conceptos sobre la muerte. Es una tarea muy compleja, pero sanadora. Además, la historia de Noelia, la joven española, y la de Catalina Giraldo, la psicóloga colombiana, que solicitaron permiso para realizarse un suicidio asistido, abren las puertas para colocar la muerte como tema de conversación. ¡Y de análisis! Así como sucedió hace años con el tema de la sexualidad, se despejan velos de oscurantismo y pareciera que ya no hay razón para ‘esconder’ temáticas, ni menos aún, para prohibir su divulgación. La muerte está sobre el tapete. Porque la ‘modernidad’ nos está obligando a considerar la muerte de otra manera. Primero, no está tan lejana, creyendo que imaginarla distante la hace desaparecer Y segundo, no son solo los ‘otros’ los que se mueren. Todos estamos en la fila. Hay que ‘sentarla’ en la mesa cotidiana para permitirnos dialogar con ella. O sería más preciso, para empezar a hablar de ella como la invitada obligada a nuestra vida porque no puede seguirnos tomándonos por sorpresa como si no supiéramos que va a llegar. Durante mucho tiempo, para la cultura occidental, fue la religión la que tuvo la palabra final sobre la muerte. Designios de Dios, la vida nos la han dado (¿quién?). ¿Es un regalo o una desgracia? Y, por lo tanto, no tenemos poder para disponer de ella. Le pertenece a otro y hay que pedir permiso o plegarse a sus designios. No podemos ser tan ‘igualados’ de tomar decisiones sobre ella. Pero, el mundo rueda, y si hubo un juicio, en alguna parte del planeta, que ganó un hijo contra sus padres (¿por qué me trajeron al mundo sin mi permiso?) lo que los obligó a que lo sostengan de por vida, las puertas sobre el más allá, el sentido de la vida, salud y sufrimiento, están abriéndose y es el momento de atravesarlas para encontrar respuestas que pueden hacer tambalear toda la estructura en la que creemos estar parados. No hay una única respuesta y permitir que otras miradas aporten es contribuir a hacer una humanidad más humana. La conexión entre unos y otros, permitiendo la diferencia, es un proceso enriquecedor y respetuoso. ¿Hay que sufrir incondicionalmente para ‘complacer’ a quién? Claro, los sufrimientos de Noelia o Catalina desde la mirada sistémica, no son ‘solo’ de ellas, sino que muy posiblemente obedecen al sistema familiar. Lo que hace más complejos los procesos porque se cree que las enfermedades mentales son ‘solo’ individuales. Revisar la familia significa revisar la sociedad… nada fácil. Igual con la salud física. ¿El cuerpo es un empaque? ¿Dónde está la conciencia? ¿El alma desaparece? ¿La vida debe prolongarse indefinidamente para complacer a quién? Para Aura Lucía un agradecimiento infinito por su coherencia. La construyó con ‘sudor y lágrimas’. Más de una persona tuvo, tiene y tendrá una mejor vida, gracias a sus posturas personales que flexibilizaron las críticas y los juicios. Ser diferente es un don, no un delito. Igual que la decisión de Francisco y su familia de aceptar procesos irreversibles con la tranquilidad de poder decir, a nombre de Pacho, ‘misión cumplida’.
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
Quiere tener hijos? Según la investigación, el factor que más contribuye al descenso de natalidad en el mundo es el despertar de la mujer, la necesidad que tiene de salir del espectro de sumisión, dependencia, obediencia que ha vivido a través de la historia. La píldora anticonceptiva le dio la opción de elegir si quería tener hijos, lo que abrió su mundo a otros horizontes. El único camino de realización no es la maternidad y no tengo que depender de un hombre para sobrevivir: puedo hacerlo sola. De carambola, el poder masculino, el poder patriarcal, está en peligro y se reduce más y más. Muchos de los criterios de ese mundo machista están en juego, incluido el poder que se le dio a la razón (en detrimento de otros valores) y su fracaso es estrepitoso. Apabullante. Pareciera que para el mundo patriarcal lo más válido fueran la violencia, el poder, el control (son expertos: lo han practicado durante siglos), por ello, muchos de los hijos del patriarcado creen aún que la violencia se elimina con más violencia. Consideran que las guerras son el camino para que el mundo encuentre armonía y equilibrio. Qué desastre: ni la razón ni el control desmedidos, baluartes del patriarcado, hicieron mejor al planeta Tierra Entonces… Es hora de mirar diferente. Podría hablarse de los estertores del patriarcado. Los resultados de hoy son la confirmación del gran fracaso de la humanidad como humanidad. Su desarrollo fue liderado por el varón (blanco, heterosexual, judeocristiano, occidental) y todo lo que no cupiera en ese parámetro era secundario o dependía de su poder. Por ello hay tanta, tanta rabia represada. Siglos de historia donde el atropello a nombre de la razón y el poder, causaron (y siguen causando) tanto sufrimiento. La ciencia ha probado que lo vivido no se borra, el inconsciente colectivo y familiar ‘registra’ heridas de generación en generación que solo la toma de conciencia de lo vivido puede reparar y ‘soltar’. Repetir la historia de violencia parece un karma interminable. Haciendo lo mismo, con las mismas creencias, esto no va a cambiar. La energía femenina se nutre de otros valores por ello es urgente su aporte para un mundo diferente. No es voltear la torta, pero sí buscar que el varón entienda y vivencie que hay que cambiar la forma de concebir la vida. Porque, en este escenario de sometimiento y poder, ¿qué mujer (en especial) va a querer traer hijos a este despelote? Los hombres (en su mayoría) necesitan ‘hijos’ soldados para que ‘sostengan’ la guerra (su poder y control). Si por ellos fuera, más hijos mejoran la economía y sostienen su dominio. En sentido metafórico, un golpe de poder sería la negativa de la mujer a parir hijos e impedir perpetuar el atropellador mundo patriarcal. Lo que sí es claro es que no son solo factores económicos los ‘causantes’ del descenso de la natalidad. Qué paradoja: hay que pensar diferente para crear un cambio. Pero el varón, ¿qué tan ‘cómodo’ se siente con su forma de vida sin captar su equivocación y responsabilidad en este resultado? Es como si el concepto hombre hubiera entrado en crisis, pero aún no lo captan. Tan grande es su aturdimiento que cuando se habla sobre este tema, uno o más varones que escuchan, reclaman: “pero díganos entonces cómo la hacemos”, porque perder el poder y el control, desnuda la verdad escondida: detrás de toda su violencia está su miedo a ser humano. A darse permiso de sentir y conciliar., a convivir con las emociones. La sola razón es demencial. El País. Revolturas
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
Su barrio o el mundo. La tecnología nos conectó y hay momentos en que creemos que el bombardeo a kilómetros de distancia está sucediendo en la cuadra de al lado. O el atraco no fue en España, sino en el propio vecindario. ¿El incendio, la inundación, el choque de trenes, los ríos desbordados, es aquí o dónde? Desventajas de la conexión porque siempre está sucediendo un momento violento en la tierra y nos damos cuenta al instante, minuto tras minuto. ¿Cómo poder marginarse de situaciones que no dependen de nosotros y, por lo tanto, no las podemos controlar, ni siquiera predecir? Sí, no se puede manejar lo que sucede en ningún escenario fuera de nosotros, pero sí debo aprender a dominar cómo reaccionar ante la avalancha de sucesos violentos y desesperanzadores. Ese es un aprendizaje y debo practicarlo a diario porque, si no, es imposible vivir en paz. El cuerpo ‘lo dirá’ con una enfermedad y las consecuencias de una vida amargada si las viviré en carne propia. Y aun cuando suene a utopía o a filosofía barata, lo que estamos viviendo en el mundo entero nos conecta con el sentido de la vida. ¿Para qué nacemos? ¿Qué estamos haciendo en el planeta Tierra? Preguntas que nunca debemos dejar de hacer porque son parte de la necesidad diaria de sobrevivencia. El planeta Tierra es un planeta de aprendizaje, una pasantía donde es necesario aprender a manejar el sufrimiento, donde se requiere aceptar el error como fuente de crecimiento; por lo tanto, nada, nada en la Tierra puede ser perfecto. Todos los días tenemos que practicar el ‘manejo de dificultades’. Esa es la asignatura que los humanos ‘matriculamos’ al ‘escoger’ vivir. Cuando los acontecimientos sorprenden en forma tan aterradora, es porque olvidamos lo que estamos haciendo en esta ‘escuela tierra’ y perdemos la conexión con el sentido de la vida. ¿Cómo manejar el miedo (real), la angustia o ansiedad (pegadas al cuerpo) por imaginar el futuro? La física cuántica habló de incertidumbre como parte fundamental de la existencia. El determinismo de la física tradicional está revaluado. No somos piezas del reloj que encajan a la perfección. Cada minuto ‘inventamos’ el minuto que sigue. ¿Cómo mantenernos ‘cuerdos’? Aquí viene el entrenamiento de la mente. Primera conducta básica: no se atosigue de información que no puede controlar. Entre su barrio y el mundo, escoja su entorno más cercano. ¿Algún vecino por acompañar? ¿Le esconde comida a su empleada? ¿Su portero de edificio o el vigilante de la cuadra están pagados justamente? ¿Cómo es el trato entre los vecinos? ¿Los otros inquilinos de su edificio saludan? Detalles cotidianos que le dan sentido a la vida y que muestran que sí se puede hacer para ‘mejorar’ el mundo. Pero no el mundo ‘afuera’, sino mi propio entorno. Enfocarme en lo cotidiano y no saber cuántos misiles disparó Estados Unidos me da calidad de vida. La injusticia, la desigualdad, el atropello, la violencia, lastiman, pero no puedo controlar las grandes potencias. ¡Ni siquiera nos escuchan! Pero mi barrio puede ser mejor dependiendo de mis reacciones y es allí donde puedo ejercitar mi poder para que este mundo sea diferente. No depende de ‘los de arriba’. Un gesto amable al día, en su entorno, hace que alguien tenga la vida más agradable, al menos un rato en que percibe solidaridad y acompañamiento. Practicar una cadena de favores en su vecindario es una manera de hacer un mundo mejor, donde es agradable vivir, pese a lo difícil que parezca. Es el trabajo primordial: aprender, corregir y evolucionar. ¿Estamos haciendo bien la tarea?
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!Su hijo a la guerra! Un exalcalde de Minnesota en Estados Unidos hizo una propuesta absolutamente coherente. Dijo que todo aquel político que apoye una guerra, un conflicto, una invasión o destrucción de una comunidad, pueblo o nación patrocinada por su país, además del apoyo simbólico que hace con su voto al respaldar la confrontación, escoja al representante de su familia (hijo, hermano, sobrino, nieto, abuelo) que ‘personifique’ su deseo de guerra. Porque patrocinar el conflicto bélico con ‘extraños’ que no signifiquen ni ‘duelan’ es muy ‘cómodo’. Pero cuando hay que contribuir con la propia sangre, allí sí talla. Entonces cada voto significa escoger a alguno de los suyos para que cumpla su deseo guerrerista. Lo increíble es que el ser humano todavía siga ‘patrocinando’ guerras donde lo que se consigue es una destrucción aplastante sin opciones de conciliación. Donde todavía estemos criando niños y niñas, víctimas de la destrucción, espectadores del odio y la rabia, cuyo único objetivo, cuando puedan hacerlo, es vengarse. La guerra está viva, presente, actualizada y pareciera que existen hombres, sí, hombres, que disfrutan fomentándolas. El poder y el control del narcisista inseguro. ¿Cuál es su concepto de lo que es un niño? ¿Es de los que cree que los niños no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor? ¿Usted fue educado bajo la creencia de que en la infancia ‘solo’ se tiene uso de razón a los 7 años? ¿Es de los que cree que cuando un niño pregunta, se lo puede ‘despachar’ con cualquier respuesta pendeja? ¿Pertenece a la generación que piensa que a un niño se lo enreda porque ‘no razona’?¿Le encanta burlarse de ellos? ¿En familia le encanta representar el papel de villano frente a las nuevas generaciones? Si fue honesto y respondió al menos con un sí en alguna de las anteriores preguntas, déjeme decirle que al lado suyo puede estar educando un Putin, un Trump, un Ayatollah, un Netanyahu en potencia. Porque creemos, ingenuamente, que las heridas que infligimos a un niño se olvidan y el solo hecho de ya no recordar es un buen síntoma de ‘perdón y olvido’, desconociendo que esos guardados acumulados son el motor de personalidades enfermizas, neuróticas y tiranas que no dudan en vengar sus fantasmas interiores cobrándosela a los que lo rodean. Basta dejar de ser niños, crecer, asumir alguna forma de poder y la venganza está instalada… ¿A quién le pasarán la cuenta de cobro de sus dolores y humillaciones? ¿Quiénes serán los depositarios de frustración y desencanto? En la guerra todos pierden. No hay ganador posible. Yuval Noah Harari dice que solo los menos inteligentes son los que gobiernan precisamente porque no tienen la capacidad de razonar, de considerar todas las variables. Inmediatistas, responden por impulso. Cegados en su prepotencia, no evalúan consecuencias. Atraen público porque ofrecen soluciones rápidas y ‘llamativas’ pero cuyas consecuencias son inmedibles. ¿Quiénes educan guerreristas? ¿Cuál es el escenario donde se construyen? ¿Quiénes patrocinan las confrontaciones en patios de recreo, competencias deportivas, discusiones intelectuales? Hoy por hoy, si los profesores no ‘utilizan’ las guerras del mundo como material pedagógico, están desperdiciando una herramienta fundamental de formación. No es teoría, es la práctica del odio y el sometimiento que un niño o adolescente puede enfrentar en su reducido entorno, y que debe aprender a conciliar. No solo son castigos y reprimendas. ¿Cómo reparar el odio de unos con otros? El País. Revolturas. 
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
Cuál es el límite? Si usted se da cuenta de que en la casa de al lado están violentando a varias personas, cuál es su reacción: ¿saca el celular y graba para subir ‘el ruido del atropello’ a redes y posar de salvador? ¿Llama 500 veces a la policía que no aparece ‘nunca’? ¿Convoca ‘junta de vecinos’ para tomar una decisión democrática? O se lanza a esa casa, tumba la puerta o rompe una venta y entra ‘a las buenas o a las malas’. Porque desde afuera lo que se percibe es toda una guerra de muchas personas que no pueden zafarse de un agresor descomunal. Claro, genera daños, puede que atropelle al gatito que estaba refugiado debajo del sofá, o aterrorice a varios habitantes de esa casa que no saben realmente qué es lo más peligroso si lo de adentro o lo de afuera. Pero usted entra porque entra para salvar de la agresión que siente se vivencia en ese hogar. Pues bien, hago la comparación con lo que el mundo vive en este momento. Les damos ‘infinitas’ gracias a Trump y Netanyahu porque realmente nos salvaron de un problema descomunal, Irán armado de material nuclear y de paso liberaron al pueblo musulmán de un tirano y son verdaderos héroes capaces de enfrentar líos para ‘salvaguardar’ el planeta. O nos morimos de rabia por ‘abusadores’, porque se creen dueños del vecindario y pueden entrar ‘a cualquier casa’ porque creen que son los únicos que arreglan los líos de los países, ellos en su infinito ego y prepotencia. Ni siquiera respetan el sentir de un pueblo, que claro, en una polarización extrema, habrá quienes añoren a Ali Jamenei como héroe pero también existirán quienes lo repudien por tirano. Sí, los vejámenes de los ayatolas son impactantes, lo cuentan los medios de comunicación y en especial testimonios de hombres y mujeres que han sufrido los efectos de la combinación de política con religión, lo que genera el fanatismo y la ceguera emocional. Se creen representantes de Alá por lo que pueden hacer lo que les venga en gana, porque esa es ‘su misión’. Entonces entre ayatolas y políticos estilo Trump, Netanyahu y Putin, la humanidad se pierde sin encontrar un camino donde los seres humanos vivencien un mínimo de respeto y tolerancia, sin necesidad de que una ‘casta’ de hombres se consideren dioses con derecho a destruir lo que para ellos no debe existir. No somos iguales, no tenemos que serlo, pero no tenemos que matarnos porque no lo seamos. ¿Son buenos o son malos? ¿Les agradecemos o los repudiamos? Tal vez como nunca nos encontramos ante una verdad filosófica que ni se cree ni se practica, pero es la piedra angular de todo el conflicto presente: los contrarios no existen, no existe la luz sin la oscuridad, izquierda sin derecha, lo bueno sin lo malo, arriba sin abajo. El haber construido una cultura de extremos, el haber institucionalizado la dualidad ha llevado a este momento donde el ser humano se atropella refugiado en el extremo en el que cree. Es una humanidad realmente perdida por la forma en que construyó sus valores. No se integra, se divide. Siglos de civilización no permitieron que se aprendiera a convivir con lo diferente. Un solo modelo de vida, una sola ideología, una sola verdad, llevaron al extremo de desaparecer lo que no concuerda con mi creencia. Claro, a todos los niveles, el abuso de poder es la representación de la imposición de un solo modelo. No es convivir con la violencia y el atropello, pero a su vez los que ‘atropellan’, ¿por qué lo hacen? ¿Qué esconde su abuso? ¿Hay abusos correctos y abusos incorrectos?
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
EL DESAMOR Es un fracaso del amor y llega por descuido, porque en su jardín la planta no se regó a tiempo. Y cuando se instala en el corazón, no tiene reversa. Por fortuna, si estamos atentos, es un desastre que se puede prevenir. Imposible definirlo, pero existe. Es una mezcla de momentos, circunstancias y detalles que unidos uno detrás de otro, pueden producir una hecatombe. Y a diferencia del amor, el desamor camina silenciosamente. No produce escandalera, ni palpitaciones, ni desmayos. Es sutil, "suavecito", y llega a invadir el corazón. Entra con sigilo de ladrón y cuando menos se piensa ha invadido el espíritu. Y entonces no hay nada que hacer. Porque ¡el carrito del desamor no tiene reversa! Se habla y escribe mucho del amor pero muy pocos renglones se le gastan al desamor. Sin embargo está allí, solapado, a la espera de una oportunidad para caer. Y se la ofrece la vida cotidiana, la rutina, pero sobre todo la certeza y la seguridad de que "sí me quiere". El desamor no es lo contrario del amor, no. Pero sí es el fracaso del amor. El desamor se da porque se dejó morir al amor, porque la plantica no se regó. No se le dio importancia a la indiferencia de hoy, a la ausencia de miradas de ayer, a la frialdad del lunes. El desamor surge de la certeza del amor. Es hijo de un amor que cree que por amor todo se puede, todo se aguanta, todo se resiste. Pero el desamor golpea al narcisismo porque casi siempre lo coge por sorpresa. Podemos estar preparados para el amor pero nunca para el desamor. Y es entonces cuando quisiéramos devolver el tiempo, revisar actitudes, hacer propósitos de enmienda. Todo en vano. El desamor es como la roya: todo lo destruye y no deja ni siquiera una esperanza. Porque el desamor, repito, no tiene reversa. Una vez instalado en el corazón no hay regalo, ni deseo, ni chantaje que valga. Ni siquiera una terapia psicológica logra el milagro de hacerlo desaparecer. Allí está, golpeándolo todo, con la más absoluta y total indiferencia. "Me da lo mismo", "no me importa", son las expresiones más características del desamor. Desamor no significa odio: en el odio todavía hay vida. En el desamor hay muerte, finales, puertas cerradas. ¡En el desamor no hay nada que hacer! Es importante gastarle tiempo al desamor para cuidarse de él. A los enemigos hay que conocerlos para poderlos enfrentar. No basta entonces con querer, ni siquiera con ser bueno. En el amor uno nunca se puede “acomodar". Siempre deben existir las espinitas que azuzan la vida sobre si el otro sí me quiere, si se puede ir de mi lado y perderlo para siempre, la inquietud sobre lo que pasa en el otro corazón. Siempre hay que permanecer en estado alerta, vigilante. Si se duerme en el amor se corre el riesgo de que desaparezca. Se lo "roban", pero no lo hurta otro amor, no. Se lo lleva el hastío, la apatía, la indiferencia. Y estos sí son "amantes" contra los cuales es imposible luchar. Hay que ser entonces guardianes de lo que amamos. Pero no vigilantes de lo que hace o dónde está. Hay que mantener controlado el corazón: sus expresiones, sus silencios, sus miradas. Hay que trabajar con el asombro, con lo inesperado, con la sorpresa, para poder darle alicientes al amor. En el desamor no se necesita una pelea estruendosa, gritos o desaires notorios. Nada de eso requiere el desamor porque éste se alimenta de pequeñeces, de simplezas pero, como el vidrio molido, es capaz de destruir el gran edificio del afecto. Gástele un tiempo a medirle el termómetro a su amor: de pronto se va a encontrar con lo mucho que se ha transformado en desamor. ¡Y que no lo coja por sorpresa! Gloria Hurtado
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Ethic
Ethic@Ethic_·
El #desamor no es solo una metáfora, sino que duele en el cerebro. Y duele porque no implica únicamente una pérdida afectiva, sino un quiebre narrativo.  ethic.es/consecuencias-…
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
Les fallamos! Cada vez que se encuentre con un therian (humano disfrazado de animal) y se le encoja el corazón, o le dé miedo o se inunde de rabia, ojalá pueda sentir muy adentro de usted que fallamos, que los del problema somos los adultos que fabricamos una sociedad falsa y hueca, que los responsables de su confusión de identidad somos todos los que creímos que lo material, lo externo, lo concreto, daba sentido a la vida. Hoy la comunidad de los therian es una bofetada a la cultura, una cachetada que grita nuestro fracaso como humanidad. Pero no es la primera vez que sucede. A través de la historia, los individuos o grupos disruptivos han existido mostrando la necesidad de salirse del control, de lo denominado ‘normal’, para identificarse con perfiles diferentes, donde su naturaleza no se sienta atropellada. Para ciertas sociedades musulmanas, por ejemplo, la mujer hoy es despreciable, reforzando la idea de los therian, que es mejor ser animal que humano. ¿Entonces, un joven con un mínimo de conciencia cómo interpreta estos comportamientos? ¿Vale la pena ser humano? Es imposible negar las inmensas diferencias de trato, donde un animal es mejor cuidado y amado que un niño, una mujer, un individuo de raza negra. ¿Qué nos espera? La inteligencia, la razón, el pensamiento marcaron la diferencia entre el humano y el animal. La inteligencia daba una superioridad porque se podía aprender, corregir, analizar. Tener razón era semejante a haber recibido un regalo de los dioses… solo que no supimos priorizar a qué se le debía dedicar el mayor esfuerzo. El animal tiene el instinto, el humano la razón. Pero si seres inteligentes tienen tal capacidad para hacer daño, destruir, marginar a otros humanos, ¿para qué se requiere la inteligencia? El instinto pareciera más adecuado para la vida, más auténtico, más efectivo para la convivencia, menos contaminado de control y poder. Como si la elementalidad fuera más cuidadosa que la fría y aplastante razón. Hoy habría que preguntarse si la inteligencia es un plus de consideración o un plus para el abuso y el desprecio. ¡Es la sociedad que construimos! Se escondieron emociones, biología, trascendencia, naturaleza y se creyó que la razón, la mente ‘sola’ organizaría la vida en forma adecuada. No resultó. Se dice que los animales no razonan, pero pareciera que su conducta de solidaridad y consideración es más sana que la inteligencia. No necesitaron ser inteligentes para ser considerados. La forma en que los humanos nos tratamos parece más conducta propia de lo salvaje que el resultado de una civilización que ‘piensa’. La mente terminó por ser una tirana que puede asfixiar con su bombardeo de pensamientos disruptivos o borracha de poder y control, pisotea lo que no puede manejar. Los adolescentes therian han llegado a este nivel de identificación con lo instintivo porque no tienen de qué más agarrarse. ¿Cree que es fácil ‘marginarse’ socialmente con esta conducta? ¿Cree que es una decisión ‘voluntaria’ exenta de angustia y desesperanza? No saber quién soy, estar perdido en una maraña de sensaciones físicas y biológicas, es aterrador. Un mundo que desprecia al humano, que hoy trata mejor a un animal, no es más que una sociedad tóxica que creyó que con la sola razón e inteligencia construía una sociedad armónica y equitativa. ¡Fallamos! Y si un adolescente asumió la identidad therian, es un cuestionamiento a nuestros valores y creencias. Estamos lejos de ser coherentes. ¡Es nuestro fracaso! El País. Revolturas
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
No fue con este ADN Parece que con este no se pudo, definitivamente no. Es impactante la indiferencia de hoy frente a la desigualdad, el sufrimiento, el dolor, la injusticia… ¿Cuál es el ADN humano que nos hace tan insensibles? ¿De qué estamos hechos? ¿Qué fue lo que vinimos a aprender en el planeta Tierra, que no evolucionamos? ¿Faltan aún más dosis de crueldad para reaccionar? A quién le compete la responsabilidad de cómo somos: ¿a Dios que nos hizo ‘así’ para que despertáramos, o a nosotros que mareados por el poder y el control, no caemos en cuenta de cómo somos? Los efectos de creencias que se alimentan de soberbia e irrespeto, que creen que existen razas superiores e inferiores son un motivador constante para llevarnos a actuar como lo estamos haciendo… Porque no es un país, un territorio, un dirigente, una ideología. No, es el mundo entero, en cualquier lugar. No depende del estudio, conocimiento, ciencia, nacionalidad, dinero, religión… no, de nada de eso depende, pero está inyectado en nuestros genes, en la sangre que nos corre, en el aire que se respira. No hay consideración por el otro. Aún más, parece que el prójimo ni siquiera existe. En niveles de conciencia se hablaría de ‘modo sobrevivencia’, el nivel más bajo, el nivel de la elementalidad en toda su dimensión. Nada importa, solo yo y mi universo. Por lo tanto, creo que no le hago daño a nadie si voy detrás de mi objetivo, atropellando todo lo que se cruce en mi camino. Es increíble el grado de inconsciencia, pero no educamos para despertar y caer en cuenta, sino que, por el contrario, pareciera que el objetivo principal es ‘drogarnos’, aturdirnos, acomodarnos para no generar discordias en el rebaño. Todo lo diferente es peligroso porque corre el riesgo de ayudar a ver lo que no se quiere ver. Otro nivel de conciencia, donde exista algo más que el clan o la tribu, donde esté el individuo, suena peligroso porque pone en jaque al poder. En Brasil acaba de suceder una tragedia donde un hombre, golpeado por la infidelidad de su esposa, mató a sus dos hijos y luego se suicidó. Es impactante el hecho porque en su deseo de venganza (¿quién institucionalizó la venganza en el amor?) quería acabar con la vida de su esposa ‘en vida’, es decir, crearle una culpa que la torturara el resto de su existencia. Es un hecho muy grave, pero más delicada es la respuesta de las redes, donde la culpan a ella mientras el esposo es una víctima. Sí, ella no hizo las cosas bien, pero una relación de pareja no se acaba por responsabilidad ‘de un solo lado’. La intención del marido de acabar con todo lo que cree le pertenece es una prueba de poder, de creer que los seres humanos son posesiones de las que ‘el dueño’ puede disponer a su antojo. ¿Será acaso la combinación humano y tecnología lo que nos hará mejores personas? Con ‘lo que hay’ no se vislumbran resultados de una raza humana noble y solidaria. En Barcelona se acaba de celebrar la Feria ISE (Integrated Systems Europe), donde no hay palabras para describir los alcances de la tecnología en el campo audiovisual. ¿Será allí, en esas innovaciones tan ‘reales’ donde se podrá encontrar otra condición humana resultado de mezclar humano y tecnología? ¿Serán las aplicaciones las que nos despierten conciencia? Sin las categorías tiempo y espacio, ¿descubriremos la fibra que nos humanice? ¿Por qué la bondad no nos conquista? ¿Por qué pueden más el odio y el control que la solidaridad? El País. Revolturas
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
Migrante=humillante. Al llegar al aeropuerto de El Prat, en Barcelona, en migración lo recibe un letrero que lo saluda: “ciudadanos de terceros países”, para marcar diferencia con los ciudadanos europeos, los de USA o Canadá. Desde el ingreso, la discriminación se percibe, en lugares oficiales, como el aeropuerto, colegios o universidades, donde es obvio que el problema mayor que enfrenta (y enfrentará el mundo) será el de los migrantes. ‘De tercera’ en el argot latino significa algo como despreciable, algo que no es valioso o importante. Recibir al turista con un aviso con este mensaje no suena amigable. Y lo de colegios o universidades también se percibe en el trato que profesores, por ejemplo, señalan al estudiante sudaca como agresivo, pelión, insoportable. Me sorprendió sobre manera el caso de un adolescente que ‘perse’, la profesora condenó por la queja del agredido, sin investigar el proceso. No hubo ni siquiera la oportunidad de cotejar versiones. Bastaba condenarlo porque era latino. Igual a nivel universitario, también la molestia está si existe alguien del ‘tercer mundo’ con ideas brillantes o creativas. Es el momento en que la nacionalidad se ha convertido en una ventaja o una discriminación. Ya no será el color de la piel, ni siquiera la ideología, lo que generará discriminación. No. Ahora será tu país, tu nacionalidad, lo que te marcará con un letrero para convertirte en ciudadano ‘importante’ o individuo de ‘tercera’ categoría. Y entonces los humanos, nada que aprendemos convivencia ni tolerancia. Tanto el desarrollo tecnológico como el científico parecen disparados; hay más educación, más información, más conocimiento, pero nada que aprendamos a tratarnos de igual a igual. Es como si se pensara que hay razas superiores e inferiores, como si elementos externos, piel, rasgos físicos y ahora nacionalidad, hicieran diferencias. La provocación es una forma de desafiar, ‘medir’ poder y se estila cada vez más ‘mostrar’ qué tanto controlas lo que te rodea y eres superior a ello. Impacta lo que sucede con la migración porque la marca del desarraigo difícilmente se borra. El desarraigo es una herida en tu historia y en la de los tuyos y ya no se evalúa como antaño de qué dimensión son tus aportes a la nueva comunidad, sino, por el contrario, cuáles son tus defectos que transmites al nuevo círculo de vida. El migrante es un desarraigado, alguien que ‘ya no es’ de ningún lado. La paradoja es que muchos países se vanagloriaron de lo que han logrado, lo ‘vendieron’ como magnífico, pero ahora ya no quieren compartir ese logro. Y el migrante es indeseable o un ciudadano de tercera, al que se necesita como un esclavo, donde la humillación puede marcar sus nuevas relaciones en su ‘nuevo’ país. La nueva esclavitud no se vivirá con cadenas, sino intentando controlar la autonomía de pensamiento, nacionalidad o criterio. No tendrás derecho a ser diferente porque esa diferencia agrede a los poderosos, a tus ‘dueños’. La migración es un problema universal que pareciera no tener solución a la vista. Porque además tiene unas secuelas emocionales inmensas. La humanidad pareciera especializarse en acumular rabias que tarde que temprano se convertirán en facturas por cobrar. O mis hijos o los hijos de mis hijos… A su vez, no existe un líder político empeñado en construir calidad de vida, en mostrar otras formas de convivencia. Solo progreso, mundo material, mundo externo… y el interior debilitado, enfermo, zambullido en problemas psicológicos, la nueva pandemia. ¿Necesitaremos entonces otro Cristo?
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Gloria H
Gloria H@revolturas·
El caos va primero En este despelote de mundo que estamos viviendo, buscar una explicación al porqué nos comportamos con esos niveles de intolerancia y agresividad se vuelve una necesidad apremiante. La respuesta puede estar en el mundo racional, competitivo y desafiante, en intereses económicos y políticos, en facturas sociales que se transmiten de generación en generación, en ‘maldiciones ancestrales’, en fuerzas oscuras difíciles de controlar… en fin, existen múltiples opciones de respuesta. Desafortunadamente, no se le da mucha importancia a alternativas esotéricas, que no significan diabólicas o embrujadas. Esoterismo es sinónimo de oculto, reservado, enigmático, misterioso Desafortunadamente, el esoterismo tiene muy ‘mala prensa’ y se lo condenó antes de ser escuchado. Pero es urgente abrir la mente y aceptar que existen muchísimos enigmas que no pueden responderse tan solo desde la visión racional o materialista. Coincidencias, mensajes, interrogantes, que hablan de otras dimensiones y de la evolución actual a otros niveles de conciencia. En YouTube existe un canal llamado Psicoenigma, donde (a mi parecer) en forma seria y profesional, reúnen las distintas predicciones de varios videntes y las presentan no para asustar y escandalizar, sino, por el contrario, dándoles una salida espiritual, de crecimiento, buscando explicar lo que está sucediendo. Estamos pasando de la tercera dimensión a la quinta, con un tránsito por la cuarta. ¡Es un despertar de conciencia! Repetir hasta la saciedad que estamos haciendo una pasantía en este mundo material y que somos seres espirituales con un cuerpo físico. Porque la esencia nuestra está conectada con lo divino, situación que el grueso de la población o desconoce o lo ha olvidado. Hay testimonios de Brian Weiss, por ejemplo, médico psiquiatra egresado de Yale, que revolucionó el conocimiento emocional y espiritual, ‘recuperando’ la hipnosis y utilizándola como herramienta de curación. Junto a él, testimonios de videntes de la categoría de Edgar Cayce, Nostradamus, Baba Vanga, Madre Shipton, San Malaquías, personas de 5 épocas y tiempos diferentes, de 5 nacionalidades distintas, repitiendo las mismas predicciones. Se acerca un cambio dimensional, existe una crisis espiritual que se traduce, entre otras, en la multiplicación de la enfermedad mental. El mundo que conocemos va a desaparecer, pero el caos que se vive es una puerta que abre nuevas opciones de vida. Como estamos viviendo no se puede continuar. Lo significativo es que el caos se antepone a la luz. Este año 2026 es particularmente importante. Las incoherencias, contradicciones, manipulaciones, abusos, todo pareciera parte de un plan caótico que lleva al límite. Pero lleva a ese límite precisamente para decidir entre la luz o la oscuridad. Los 5 videntes coinciden en sus predicciones, información que no cumple con un aval científico, pero que no por ello se puede desconocer. Algo viene, algo cambia, algo se transforma. Y es una responsabilidad individual aceptar ese momento para poder contribuir a depurarlo. La necesidad de espiritualidad es prioritaria, pero a los líderes pareciera no interesarles. El mundo racional y material copa todas sus expectativas. Por eso sus promesas son tan desatinadas: la esencia de la condición humana se escondió detrás del dinero y el poder. Pareciera un mundo donde muchos, en especial los jóvenes, caminan hacia el despeñadero. Afortunadamente, el caos precede a la luz... ¡En eso estamos!
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