M Bleu@soymbleu
Después de cierta edad, ya no podemos culpar a la infancia, al padre ausente, a la mamá difícil, a la escuela que no nos entendía. Eso explica mucho, pero no lo justifica todo. Llega un punto en el que ya no somos consecuencia del entorno, somos producto de nuestras elecciones. Y es ahí cuando es difícil mirarse en el espejo. Sanar exige valentía. Reconstruirse exige carácter. Convertirse en la persona que nadie te enseñó a ser exige una entrega absoluta. Puedes seguir siendo rehén de lo que te lastimó, o elegir escribir una historia distinta.