El que se separa de todos los hombres por Dios, se une verdaderamente a todos ellos con el lazo más fuerte que existe, que no es otro que el de la caridad divina.
El demonio perderá una baza, si en vez de perder tú los estribos, reflexionas con calma que eres hombre y no ángel, y que vas hacia Dios caminando sobre tus dos pies y no volando con alas de serafín.
El dolor de Abrahán se clavó en el corazón de Dios, que tuvo piedad de él. Pero cuando Dios debía sacrificar a su propio Hijo por nosotros, ya su corazón no tuvo piedad. "No se reservó a su propio Hijo". Lo entregó a la muerte por nosotros, pecadores y rebeldes. Tal es su amor.