
Posicionarse anti casta y anticorrupción de una manera tan fuerte tiene un recorrido claro: sube como la espuma y un gran beneficio, pero muy difícil sostenerlo y más aún, en el gobierno. Es un riesgo que iba a llegar más temprano que tarde. Defenderlo o remontarlo es difícil porque erosiona la credibilidad con la gente que te llevó hasta el lugar donde estás. Ahora estás tomando de tu propia medicina.
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