Tus costillas crujen como barrotes viejos, atrapando un vacío que devora desde dentro. Lo que tocas se pudre, lo que miras te huye. Quieres llenarte, pero tus manos solo alimentan la herida.
El tiempo devora todo.Las manecillas giran con cruel majestuosidad, engullendo segundos como un dios hambriento. Aquí abajo,el silencio se extiende, infinito y oscuro.Nadie mira el reloj, pero él sigue, indiferente y eterno,mientras las sombras del andén se alargan y me consumen.