
É𝑅𝐼𝒞
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@sourescapade
who heals the healer? ⠀ –🔞, bi. they/he | rol/Fake account. Content posted isn't mine. Multiera/multiship.


no eres un humano tan molesto en verdad. Además, conoces dulces ricos, es lo importante.

—Arruga la nariz y se lleva una mano al pecho como si acabara de ser profundamente ofendida. Luego se deja caer un poco más en el sofá, cruzando las piernas.— ¿"La gente mala", yo soy la gente mala. —Mantiene la expresión seria dos segundos antes de soltar una risa por la nariz.— Es broma. Más o menos. Y sí, he comido. No especialmente bien, pero lo suficiente para que nadie pueda darme un sermón. —Lo señala con el móvil.— Y antes de que preguntes, eso significa comida de verdad. No un café, un cigarro.

bueno, sigues aquí hablándome tras un par de días, así que lo daré como por bueno. —— el guiño observa, rodeando ojos por este aunque termina riendo. ——

—Se queda unos segundos en silencio escuchándolo. La sonrisa divertida sigue ahí, pero se vuelve un poco más pequeña. Gira el móvil entre los dedos mientras mira el techo.— Lo de las ojeras genéticas me parece una falta de respeto personal. Voy a presentar una queja formal al Infierno. —Resopla una risa.— Porque si me van a maldecir podrían haberme dado algo útil. No sé. La capacidad de hacer matemáticas sin sufrir. —Se acomoda mejor sobre el sofá, dejando caer la cabeza hacia atrás.— Y no te atrevas a decir "consentimiento informado" como si no estuvieras intentando convertir mi desgracia en una publicación académica. Te conozco. Ya estabas poniéndole título. —Pone voz solemne.— Observaciones preliminares sobre la transformación espontánea de un demonio adolescente y sus consecuencias psicosociales. —Se ríe sola.— Cinco estrellas. Lo leería. —La risa se va apagando poco a poco cuando escucha la última pregunta. Se queda mirando un punto cualquiera del techo.— Es raro. —Admite al final.— No por esto. Bueno, sí, un poco por esto. Pero no tanto como debería. —Mueve una mano en el aire, buscando palabras.— Sigo siendo yo. Pienso igual. Hablo igual. Me siguen gustando las mismas cosas. Sigo siendo igual de insoportable. —Hace una pausa.— Aunque ahora es más fácil manipular a la gente. Eso ha sido un descubrimiento interesante. —La sonrisa vuelve un segundo.— Preocupante. Pero interesante. —Luego se queda callada otra vez.— Creo que lo más raro es que todo el mundo actúa como si hubiera cambiado muchísimo. Y yo me miro y... —La última frase sale más baja. Juguetea con un anillo mientras suspira.— Supongo que ya estaba teniendo una semana de mierda antes de despertarme así. Entonces mi cerebro ha decidido que una maldición ancestral no entra ni en el top tres de problemas actuales. —Intenta reírse, pero el sonido sale más suave esta vez.— Así que sí. Raro. Pero no por las razones que esperaba.




—Suelta una carcajada inmediata al escucharle reírse, rueda sobre el respaldo del sofá hasta quedar boca arriba y deja colgar un brazo por el borde mientras el móvil permanece pegado a su oído. Sus uñas repiquetean contra la funda unos segundos antes de detenerse. Sonríe sola. Una sonrisa demasiado satisfecha para alguien que acaba de convertirse en una chica por una maldición infernal. Cruza una pierna sobre la otra en el aire, balanceando distraídamente el pie.— Qué decepción, Erick. Yo también esperaba algo más dramático. Un bosque. Una luna llena. Gritos desgarradores. Mucho sufrimiento estético. —Suspira exageradamente.— Pero no. —Hace una pausa de un segundo.— La verdad es que es una historia bastante aburrida. —Se incorpora un poco sobre el sofá, apoyando la cabeza en una mano.— Además, mírame. Bueno, no me mires porque estamos por teléfono, pero imagínatelo. ¿Tú sabes lo ofensivo que es que una maldición infernal ancestral me convierta en una versión femenina y siga teniendo ojeras? Ni una sola consideración por el sufrimiento ajeno. —Chasquea la lengua.— Siglos de magia demoníaca y esto es lo mejor que se les ocurrió. Aunque admito que es divertido. La gente está rarísima. Los chicos me miran como si acabara de aparecer una nueva religión. Las chicas me miran como si estuviera a punto de robarles el novio. Y yo sigo siendo exactamente la misma imbécil de siempre. —Se queda callada un instante. Luego resopla una risa por la nariz.— Bueno. Quizá un poco más perra. Pero solo un poco. —Mentira evidente.— Y tú. ¿Estás decepcionado porque no me encerré en una habitación durante tres días a aullar a la luna o porque te quedaste sin la oportunidad de escribir una tesis sobre mi transformación?




