Long live Venezuela in that shit retweetledi
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Long live Venezuela in that shit
@sqag08
Caraqueño, economista.
Katılım Ocak 2010
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Bajo la premisa de “primero la economía”, dictada desde los laboratorios de Jorge Rodríguez, se intenta vender la quimera de que una tiranía como la chavista puede mutar en un motor de prosperidad. Es, evidentemente, falso. Mientras la estructura extractiva, criminal y kakistocrática del chavismo ocupe el poder ilegítimamente, cualquier mejoría es apenas un espejismo de corto plazo (y guiada por Washington) que el régimen usará para comprar tiempo, no para refundar una nación destruida por ellos mismos.
Como bien explican Daron Acemoğlu y James A. Robinson, el desarrollo no es un accidente geográfico o cultural, sino una consecuencia institucional. Venezuela es hoy el caso de estudio más radical de instituciones extractivas, diseñadas específicamente para secuestrar la renta y concentrarla en una élite minúscula que, en condiciones de libertad y competencia real, no podría gestionar ni una junta de condominio. Este modelo bloquea por diseño la innovación y el emprendimiento, pues cualquier asomo de autonomía económica es percibido como una amenaza directa al control político. Aquí podemos acudir a William Easterly: la fascinación por el “autócrata benevolente” es un error estadístico alimentado por el sesgo de supervivencia. Tendemos a mirar a Singapur o China, pero ignoramos que la regla general de las autocracias es una varianza destructiva; por cada éxito excepcional, hay decenas de tiranías que hunden a sus pueblos en la miseria absoluta. Como dicta la regla: “exceptio probat regulam in casibus non exceptis”.
El chavismo no es la excepción brillante, es el ejemplo más puro de la media estadística hacia el desastre. Además, siguiendo la lógica de Bruce Bueno de Mesquita, el régimen venezolano no gobierna para un país, sino para una “coalición ganadora” (esa cúpula militar y judicial que requiere corrupción constante como combustible de lealtad). Al mutar en un Estado-mafia que ha sobrevivido por el oro de sangre y tráficos transnacionales, la economía dejó de regirse por leyes de mercado para convertirse en un botín. Ningún inversor serio deposita capital en un sistema donde el derecho de propiedad es un capricho del tirano. A esto se suma el componente de la kakistocracia: el chavismo es, objetivamente, el gobierno de los peores. Un sistema que dilapidó 140.000 millones de dólares del FONDEN e incluso los miles de millones de dólares que le robaron ¡a los propios chinos!, quienes pusieron ese dineral para mejorar un sistema eléctrico que hoy está completamente roto. Son el Rey Midas a la inversa: todo lo que tocan lo convierten en escombros.
Entre las dos Berlín, el chavismo siempre será la sombra oriental; entre las dos Coreas, el oscurantismo del norte. El chavismo es barbarie, y pedirle que genere bienestar es pedirle a un virus que fortalezca al huésped.
Para que en Venezuela el desarrollo sea real, las mejoras estructurales sean perdurables y exista confianza, se necesita imperiosamente un gobierno democrático. Y aunque ello para nosotros es una necesidad existencial, también es una necesidad lógica para cualquier inversor. El chavismo es barbarie y, aunque hoy se disfracen de “liberales preocupados por la economía”, solo es eso: un disfraz. Si mañana la tutela/presión estadounidense termina y ellos siguen allí, ilegítimamente en el poder, volverán a su cauce natural, pues su naturaleza es una sola: extractiva, centralista, tiránica, kakistocrática, miserable, expropiatoria, represiva y corrupta.
Si hoy el chavismo multicolor trata de vender la posibilidad de un régimen tiránico pero con buena economía, lo hace solo porque eso les sirve para ganar tiempo. No porque sea su objetivo, pues ni quieren, ni saben, ni pueden lograrlo. En Venezuela hay un solo proyecto de país para convertir a nuestra República en una tierra de gracia, con reglas claras, con Estado de Derecho, con instituciones sólidas, con confianza, con un plan económico claro, abierta al futuro, democrática y, fundamentalmente, libre.
La única solución transversal, desde lo económico hasta lo humano, es la libertad absoluta; lo demás es propaganda para ingenuos o salario para mercenarios y estafadores intelectuales.
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Mi opinión sobre el tema de "primero la economía, después la democracia" me llevó hace poco a escribir un artículo corto que la Revista Democratización de la Red Forma tuvo la gentileza de publicar. (No pongo el enlace porque el algoritmo sepultará este post).
Quiero resumir en pocas líneas mi argumento:
1. El problema central que enfrentamos es que las mismas élites que demolieron el país durante 27 años siguen tomando decisiones, sin el respaldo de mandato popular alguno. Después del 3E, cambiaron el libreto, pero nos dejaron el elenco.
2. En este contexto, el lema "la economía primero, la democracia después" parece ser la línea de acción del interinato, de las élites económicas que quedan y del tutelaje externo de los EE.UU.
3. Yo argumento que esta secuencia es un gran error. En un país desinstitucionalizado y con todo por reconstruir, la falta de legitimidad democrática de los tomadores de decisiones impulsará inevitablemente un efecto wait-and-see, como mecanismo de defensa frente a cambios futuros (aun cuando estos sean para mejor).
4. Hay cuatro áreas que son particularmente sensibles a los cambios regulatorios y a la inestabilidad del marco político y legal:
a. En el sector petrolero ningún inversionista comprometerá capital, al menos en los montos que se requieren para recuperar el sector, sin un marco legal que esté respaldado por la representación mayoritaria del país.
b. Lo mismo puede decirse de las ingentes cantidades de inversión extranjera directa que se requieren para rehabilitar la infraestructura y los servicios públicos del país.
c. No habrá un proceso de renegociación de la deuda externa efectivo y que responda realmente a los intereses del país si los acreedores perciben que cualquier acuerdo podría ser provisional y vulnerable a impugnación futura. Sin democracia puede haber un acuerdo, pero con peores condiciones, plazos más cortos y primas de riesgo más altas. El país pagará ese costo y puede que el problema no se resuelva.
d. Y por último, pero no menos importante, la diáspora — el mayor activo estratégico de Venezuela hoy y — En un país donde millones de trabajadores en el esplendor de su edad productiva cruzaron las fronteras, será imposible pensar en un flujo importante de gente regresando, arriesgando su capital —humano-, su talento y motivación, para reinstalarse a un país sin garantías reales de derechos civiles, políticos y económicos. Las remesas seguirán, pero poco más.
En el fondo es el mismo argumento que siempre he sostenido: la credibilidad de los tomadores de decisiones es un insumo productivo tan indispensable como el capital o la tecnología. Solo la democracia hará posible un crecimiento sostenido y sostenible.
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