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David Uclés dice que los hombres somos estúpidos por no llevar falda. A lo mejor antes de soltar semejante memez en la Cadena Ser conviene revisar por qué dejamos de llevarla, porque la respuesta tiene bastante más fondo que la ocurrencia de sobremesa de un "cuñado". Básicamente, los hombres dejaron de llevar falda porque montaban a caballo y combatían y, a día de hoy, es la falda lo que perdura por estética y convención social.
Los íberos vestían túnica. Los griegos vestían túnica (chitón). Los romanos consideraban las braccae (calzas que cubrían las piernas) una prenda bárbara propia de galos y germanos, un ciudadano romano llevaba toga y túnica, y los legionarios tardaron siglos en adoptar las calzas por contacto con los pueblos del norte porque necesitaban proteger las piernas del frío en las fronteras del Rin y el Danubio y una pequeña edad de hielo que tuvo lugar en la antigüedad tardía. Que un romano se pusiese braccae o pantalones era escandaloso.
En la antigüedad tardía los hombres seguían vistiendo túnica larga, con la progresiva incorporación de las calzas, que aparecieron vinculadas a la monta a caballo y la generalización de la caballería pesada entre los siglos XI y XIII extendió las prendas ajustadas a las piernas entre la aristocracia militar, y de ahí al resto de la población. El jubón corto del siglo XV dejaba las piernas cubiertas solo por las calzas, y de ahí al calzón y al pantalón moderno hay una línea directa que pasa por los sans-culottes de la revolución francesa, que abandonaron el calzón aristocrático por el pantalón largo del trabajador. Los escoceses mantuvieron el kilt (en una zona pequeña y concreta y también se perdió, luego se recuperó en el siglo XIX como símbolo nacional) porque su infantería ligera operaba en terreno montañoso donde la libertad de movimiento importaba más que la protección del jinete. Los pueblos que no desarrollaron caballería pesada mantuvieron prendas abiertas. La evolución del vestido masculino es historia militar y económica pura.