Wilfredo González S.J

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Wilfredo González S.J

Wilfredo González S.J

@wilfraf1

Caracas, Venezuela Katılım Haziran 2010
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colette capriles
colette capriles@cocap·
La estrategia de polarizar negando la polarización es uno de esos síntomas que muestran fracturas que tardarán generaciones en transformarse. Estamos lejos de abandonar el conflictivismo y el resentimiento que florecen desde 1999. Antes “justicia social” ahora “justicia moral”.
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colette capriles
colette capriles@cocap·
Increíble cómo este país vive en el delirio. Discusiones sobre el concepto de polarización que revelan justamente su existencia. Mucha energía puesta en una disputa que por lo visto no es semántica sino cancelatoria y censuradora. Aldeana y mediocre.
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Mibelis Acevedo D.
Mibelis Acevedo D.@Mibelis·
Si esa fuese la premisa, cualquier clase de cooperación "aquí y ahora" con el interinato, no importa si esta se produce con el fin de introducir elementos democratizadores en el marco de una nueva coyuntura, calificaría como "mancha moral" insalvable. Significaría también que, dado que el prontuario ajeno se contagia como una gripe, la intención de dotar de algunos indispensables contrapesos -hoy inexistentes- al sistema político, no tendría ninguna cabida. Pero lo más importante: la premisa sugeriría que la democracia por parir está muy lejos de los planes y agendas reales; pues pensar que una transición ocurrirá al margen de intercambios y transacciones básicas, al margen del concurso de los diversos y sólo con el aval de los puros, es una monumental contradicción.
Ligia Bolivar@ligiabolivar

¿Sí sabes que eso significa que te toca representar ante a los gobiernos de Europa y Norteamérica a este régimen por sus crímenes de lesa humanidad? El combo viene completo, no solo para fotos, viajes y cócteles.

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José
José@untalperezv·
Celebro y suscribo las palabras de Javier Tarazona. Pero esas palabras dejan de ser consigna y se convierten en tesoro para construir un mejor país, cuando se las contrasta con los testimonios de madres a quienes no solo les arrebataron la libertad, sino también la de sus hijos, encarcelados por razones políticas y sometidos a procesos que no resisten ni una lectura distraída del expediente. Cobran todavía más espesor cuando uno ve el video del joven de Santa Rosalía, en Portuguesa: un muchacho visiblemente desorientado, temeroso, frágil, quizá enfermo. Un cuerpo que habla sin decirlo todo y que deja flotando una sospecha inquietante: que en manos de sus custodios los derechos humanos no fueron garantía, sino trámite omitido. Esto no es retórica ni exceso emocional. Esto exige una investigación seria y sin coartadas. Aquí hay responsabilidades concretas. Aquí hay culpables con nombre y apellido que deben rendir cuentas ante la justicia. La amnistía es necesaria, sí. Impostergable, incluso. Pero no puede ser un borrador que todo lo borra. La justicia también es indispensable. No una justicia vengativa ni ornamental, sino una justicia verdadera, ejemplar no por la severidad de la condena, sino por la pulcritud de su proceso. Porque sin verdad, la amnistía es solo silencio administrado; y sin justicia, la paz no pasa de ser una pausa incómoda entre dos abusos. 📹 @seircon
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𝙈𝙞𝙜𝙪𝙚𝙡 𝙁𝙤𝙣𝙩á𝙣 
Hay una distinción interesante que ya aparece en Carl Schmitt entre lo político y la política. Sin embargo, es en Lefort donde —al menos así me ocurrió— esa distinción alcanza toda su profundidad filosófica y permite comprender no solo las prácticas del poder, sino la forma misma en que una sociedad se piensa y se instituye. Mientras la política nombra el conjunto de prácticas, instituciones, procedimientos y técnicas vinculadas al ejercicio del poder —y puede ser estudiada como un ámbito más de lo social, al lado de la economía o la sociología, entre otras—, lo político remite a algo más originario: es el modo en que una sociedad se da a sí misma una imagen del mundo, el espacio simbólico desde el cual se define lo común, lo legítimo, lo justo, lo injusto, lo tolerable y lo intolerable. Lo político no es un sector de la vida social; es el suelo fértil que hace posible que algo como “lo social” exista y tenga sentido. En ese sentido, lo político es siempre reflexivo pues es la forma en que una colectividad se interroga por su propio fundamento y por su propio propósito, aun cuando no lo haga de manera explícita. Allí —en lo político— se decide quién cuenta, qué cuenta como verdad, qué conflictos son visibles y cuáles permanecen silenciados. Hoy, lo político aparece profundamente debilitado. No tanto porque haya desaparecido, sino porque ha sido vaciado de su función crítica. Esto se manifiesta, al menos, en tres rasgos centrales (i) la renuncia a la búsqueda de la verdad, sustituida por relatos funcionales al poder, emociones que se manipulan desde lo moral o consignas identitarias que buscan militancia; (ii) la primacía de intereses grupales, corporativos o faccionales que se presentan como universales sin serlo; y (iii) una polarización creciente que reduce el espacio común y convierte toda diferencia en enemistad —cuando no en lucha existencial—, imposibilitando una deliberación genuina sobre el bien común. En este contexto, la política, por su parte —y aquí coincido contigo, Mibeles—, se ha transformado en un terreno dominado por el espectáculo. Es decir, el puro marketing lleno escenificaciones, narrativas cuidadosamente diseñadas y simulacros de participación. La eficacia ya no se mide por la capacidad de instituir lo común, sino por el impacto mediático y la capacidad de movilizar adhesiones inmediatas. Incluso cuando hay resultados, estos suelen venir acompañados de una teatralización que sustituye la legitimidad por visibilidad. Cada día más, LA política y LO político se alejan del ciudadano, aunque lo hagan por caminos distintos. La primera se autonomiza, se expande sin límites claros y deja de concebirse como un lugar vacío —ocupado de manera provisional— para convertirse en propiedad de alguien, bien sea de un partido, de una élite o de una maquinaria. Lo segundo se desvanece porque el ciudadano se enajena. Ya sea adaptándose acríticamente al grupo al que pertenece o dejando que la partidización lo capture y lo integre a una agenda que, en el fondo, no le pertenece y no ha sido verdaderamente deliberada por él sino que él ha sido arrojado a ese bando. Así, tanto la política como lo político terminan siendo administradas por un poder que se vuelve invisible precisamente porque se presenta como neutral, técnico o inevitable. Un poder que actúa detrás del poder, que no necesita imponerse de manera explícita porque ha colonizado las formas de percepción y de sentido. Y mientras esto ocurra, estaremos siempre cerca de la servidumbre: unas veces con mayor margen de movimiento, otras con menos, pero casi nunca en condiciones de verdadera autonomía.
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Fernando Mires
Fernando Mires@FernandoMiresOl·
La transición del madurismo al delcismo puede ser el primer escalón para uno segundo: la transición del delcismo a la democracia. Pero ese segundo escalón solo será posible si logra consolidarse en el país un sujeto democrático. Esa parece ser la tarea del momento.
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𝙈𝙞𝙜𝙪𝙚𝙡 𝙁𝙤𝙣𝙩á𝙣 
Esto no es solo absurdo; es políticamente irresponsable y socialmente infantil, muy infantil, peligrosamente infantil. Aún no se ha desmontado la capacidad del régimen para ejercer violencia, no existe una institucionalidad mínima que respalde una transición política real hacia un sistema que proteja libertades y menos se cuenta con actores armados conscientes de su rol histórico y de los límites de su poder. En ausencia de esas condiciones, es increíble que existen personas que salgan a exigir o a proponer elecciones. Madre mía, esto no es una estrategia: es una fuga hacia adelante y un salto al barranco. ¿Cómo podemos aspirar un futuro político distinto si todavía existen personas que confunden un procedimiento con una transición, y una consigna con un proyecto de poder? Sin un mínimo de seriedad —institucional, coercitiva y política— no seremos más que una sociedad con enormes recursos materiales pero incapaz de hacerse cargo de sí misma. ¿Es que ni siquiera hay capacidad de pensar que elecciones no es igual a transición? ¿Es que en este puto país no hay gente que pueda armar una agenda de debate público y colocar el foco donde es? ¿Es que en este puto país la agenda de debate público la van a armar pendencieros, influencers ex chavistas y periodistas que juegan a ser parte de maquinarias? ¡Qué cansancio! Después de 26 años de destrucción no terminamos de entender que los procedimientos no son en sí el régimen político, que un discurso opositor no da capacidad de gobernar y que cuando el régimen aún se percibe como “el único que puede gobernar”, NO PUEDE HABER transición más que con él mismo. ¿Es que aquí nadie sabe qué las transiciones democráticas no se inician con elecciones? Al contrario, se inician cuando (i) el régimen pierde control efectivo sobre la coerción; (ii) cuando existen actores capaces de negociar y hacer cumplir acuerdos; y (iii) cuando hay una institucionalidad mínima que permita que las reglas importen. Pedir elecciones sin que esas condiciones existan no es una apuesta democrática; es una ESTUPIDEZ MAYÚSCULA voluntarista que termina fortaleciendo al autoritarismo que dice combatir. Carajo ¿es tan difícil enseriarnos?
Rafael Uzcátegui@fanzinero

Debemos comenzar ahora a generar la masa crítica que exija, desde toda la sociedad venezolana, la declaración de "falta absoluta" y la convocatoria a elecciones. Abril será un mes clave

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Erik Del Bufalo
Erik Del Bufalo@ekbufalo·
@Luger19161 @Mibelis El mercado sustituye a la civilización como el posthumanismo al hombre .
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𝙈𝙞𝙜𝙪𝙚𝙡 𝙁𝙤𝙣𝙩á𝙣 
Es difícil hablar de transición cuando el régimen sigue en el poder. Sin embargo, lo ocurrido en la madrugada del sábado marca un hito que, querámoslo o no, nos obliga a transitar no hacia la ruptura soñada, sino hacia una transición más ordenada y posible. La remoción total del chavismo nunca tuvo una alternativa viable que garantizara estabilidad. Eso se advirtió desde esta tribuna desde 2024; eso también lo terminó comprendiendo —afortunadamente— la Administración Trump. Pero no nos engañemos: esta transición es, ante todo, una derrota. Una derrota profunda para la sociedad venezolana y, sobre todo, para su liderazgo. Que la euforia de la esperanza no nos nuble un hecho fundamental: Venezuela fue humillada. Y fue humillada al verse bombardeada por una potencia extranjera porque no supo/pudo resolver sus propios conflictos. Aunque el desenlace alivie y genere expectativas, no debemos perder de vista esa herida. Las generaciones que presenciaron este episodio cargaremos con una mancha en la historia política del país. La transición ha comenzado, tanto para el chavismo —que deberá reinventarse— como para la sociedad venezolana, que está obligada a madurar, a abandonar su afán personalista, a dejar atrás su tendencia a crear/adorar personalismos sin pensar y a dejar de convertir la política en militancia ciega en lugar de un espacio de deliberación donde medie la razón. En este episodio todos hemos perdido, aunque se experimente el alivio de que otro haya aflojado un poco el yugo que jamás debió existir. De lo contrario nunca podremos salir del destino de los pueblos que se acostumbra a la corrupción (como advertía Maquiavelo): ser dominados por propios o por extraños. Hemos iniciado un nuevo camino ¿Es bueno? ¿Es malo? Aún está por verse. Del lado del chavismo, el reto inmediato será estabilizar la economía y mejorar la vida material del venezolano. En ese sentido, ya Delcy había avanzado con su acercamiento a distintos sectores del país. Eso no implica, necesariamente, el abandono del sistema criminal que construyeron; más bien, implicaría su adaptación a un nuevo modelo de “gobierno” que haga vivible la vida en Venezuela. No sería una experiencia inédita: Panamá, por ejemplo, combina una economía de lavado de dinero con una economía formal. Queda por ver si esta nueva fase del chavismo logra su acto de resiliencia más importante: introducir los cambios políticos que le exige el nuevo gobernador externo, al menos para cabalgar una transición menos caótica que nos lleve en algún momento a la libertad y a la democracia. Del lado de la sociedad, ojalá sepamos asimilar la vergüenza y la humillación de haber necesitado que una potencia extranjera aflojara nuestras cadenas, por no haber sido capaces de gestar los liderazgos que el país requería para salir de esta pesadilla. No olvidemos nunca que el fracaso del chavismo es también el fracaso de la oposición. Hoy se juramenta una Asamblea Nacional bajo un nuevo coloniaje. Dios quiera que algún día dejemos de ser colonia de potencias extranjeras —ni china, ni rusa, ni iraní, ni estadounidense—. Pero para que eso ocurra, primero debemos formar ciudadanos. Ciudadanos preparados no solo en destrezas técnicas, sino en formas de pensar y razonar que rompan con el corporativismo, las relaciones fsmilisticas, el oportunismo y la viveza que tanto daño nos han hecho. Para luego saber escoger a los mejores. Entendiendo por “los mejores” no a quienes gritan más fuerte ni prometen más, sino a quienes hablan procurando la verdad; a quienes asumen un compromiso absoluto con el país por encima de sus ambiciones personales; a quienes entienden que la grandeza de la función pública no está en salir ricos del poder, sino en lograr que Venezuela resurja como nación y que su sociedad sea más culta, más libre y más digna. Porque ningún bombardeo extranjero puede devolvernos lo que solo nosotros, como ciudadanos, estamos obligados a reconstruir.
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Wilfredo González S.J
Wilfredo González S.J@wilfraf1·
"Con vosotros soy cristiano, para vosotros soy Obispo". San Agustín
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