理由
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理由
@yerakov
'Maglubiyet nuestro único Dios, Yerakov nuestra única voz.'

My husband and I decided to take a humanitarian weekend trip to Cuba. Grateful Cubans lined the streets to cheer our efforts. Tour buses there aren’t air-conditioned though, so we had to cut things short after one day. We plan to go back in the fall and stay longer. Viva Cuba! 🇨🇺


Y Kast quiere disminuir la flota de buses A mi no me engañan, Kast está empujando un Estallido a propósito

In the 80s/90s, Al Bundy was considered poor and fat. Let that sink in.



🇯🇵 Takaichi flew 6,000 miles to be humiliated. Pearl Harbor brought up. Lunch canceled. No joint statement. She went to Washington to explain Japan's limits. Trump spent the meeting mocking them. 82% of Japanese oppose this war. She ignored them. 11,000 protested in Tokyo. She flew anyway. Now she's signing $40 billion nuclear deals. Tying Japan closer to an empire that just insulted its history. Takaichi bowed. Trump laughed. Japan paid. Call it diplomacy. The rest of us call it submission.








El entrenador me pidió hablar después del partido. Mi hijo de 15 años jugaba de titular. Pensé que lo iban a felicitar. Pero no. —“Es buen jugador”, me dijo. —“Pero hay algo que tiene que ver”. Sacó su celular. Era un video del entrenamiento. Mi hijo falló un pase. Otro chico del equipo le gritó algo. Mi hijo se acercó… y lo empujó. Fuerte. El chico cayó. Nadie dijo nada. —“No es la primera vez”, añadió el entrenador. —“Los demás ya no quieren jugar con él”. En el carro le pregunté: —“¿Qué pasó?” —“Nada, papá”. —“Solo se hacen los débiles”. No discutí. Esa noche tomé su uniforme. Sus guayos. Su maleta. —“¿Qué haces?” —“Mañana no juegas”. —“¿Cómo así? ¡Soy titular!” No respondí. Al día siguiente lo llevé al campo igual. Pero no a entrenar. Hablé con el entrenador. Mi hijo escuchaba en silencio. —“Hoy no viene como jugador”, dije. —“Viene a ayudar”. Le dieron un chaleco. Pasó el entrenamiento recogiendo balones. Llenando botellas. Ordenando conos. Sus compañeros lo miraban raro. Nadie se burló. Nadie le habló. A mitad del entrenamiento, el mismo chico al que empujó se acercó. —“Pásame agua”, le dijo. Mi hijo dudó un segundo… y se la dio. Sin decir nada. Al terminar, el entrenador lo llamó. —“¿Aprendiste algo?” —“Sí… creo”. —“¿Qué?” Mi hijo bajó la mirada. —“Que sin equipo… no soy nada”. En el carro no hablamos. Esa noche mi exesposa me llamó. —“Lo humillaste delante de todos”. —“Eso no se hace”. Yo tampoco estaba tan seguro. Hasta el siguiente partido. Mi hijo empezó en la banca. Entró en el segundo tiempo. Dio dos asistencias. Y cuando uno falló un gol… no gritó. Le dio la mano. Después del partido, el chico al que había empujado se le acercó. —“Buen pase”. Mi hijo sonrió. No dijo nada más. Esa noche dejó el celular en la mesa y me dijo: —“Gracias por no dejarme seguir siendo ese tipo”. Seguidor anónimo. ¿Disciplina formativa o exposición innecesaria?


























