“Lo manejaste muy bien”. No, no lo hice. Enloquecí, perdí mi chispa, lloré en silencio; me rompí a solas y llevé una sonrisa que mentía mejor que cualquier máscara. No lo manejé, lo sobreviví, porque no tenía otra opción.
una vez me dijeron “cuando no pones límites, terminás enfadado contigo, no con los otros” y empecé a ver cuántas veces me fallé por no querer incomodar a nadie