La vida no manda maestros con túnica, los manda disfrazados de experiencias.
Familia, amigos, traiciones y caídas son el verdadero salón de clase. La vida no improvisa: cada prueba es una lección, y cada lección, un maestro.
En algún momento me desvié de mi propio proceso por intentar salvar a otros, y entendí que fue un error. No solo me afectó a mí, también les quitaba a ellos la oportunidad de asumir su propio camino. Cada persona debe hacerse responsable de su propio proceso.