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La homosexualidad en Grecia: ni tanta ni tan homo. ¿Qué nos dicen las fuentes?
La imagen de una Grecia clásica donde la homosexualidad estaba universalmente celebrada es un constructo del siglo XX que arranca con Kenneth Dover (Greek Homosexuality, Duckworth 1978) y se consolida con la Histoire de la sexualité de Foucault (Gallimard 1984). Tres décadas de crítica académica posterior, encabezada por Cohen (Cambridge 1991), Davidson (2001) y Cantarella (Yale 1992), han desmontado ese paradigma. Las fuentes primarias dibujan un panorama distinto.
Platón, en sus Leyes (libro I, 636c y libro VIII, 836c-d), formula el primer argumento conocido de "contra natura" en la literatura occidental, expresado con el sintagma griego paraphysin. Sostiene que la unión sexual fue dada por la naturaleza al varón y la hembra para procrear, y que el comercio sexual entre varones es un ultraje contra esa naturaleza. En 841d-e propone para su ciudad ideal abolirlo enteramente e imponer atimia a quien lo practicara. El texto es del 350 a.C., dos siglos anterior a la primera Carta a los Corintios. La crítica filosófica del homoerotismo desde la naturaleza es, antes que cristiana, griega.
Aristóteles, en la Ética a Nicómaco (VII.5, 1148b), sitúa las relaciones sexuales habituales entre varones entre las disposiciones morbosas, junto a comer cenizas, arrancarse el pelo y morderse las uñas. Especifica que algunas proceden del hábito, "como en aquellos que han sido abusados desde la infancia". El maestro de Alejandro Magno trata la pasividad sexual masculina como patología.
Jenofonte, contemporáneo del agoge espartano cuyo hijo se educó en él, afirma en Constitución de los Lacedemonios (2.13) que Licurgo prohibía las relaciones sexuales entre amante y amado "como una abominación" y compara el tabú con el incesto. La cita de Plutarco que se invoca en contra está separada por casi cinco siglos y el método histórico exige preferir al testigo contemporáneo.
Esquines, en Contra Timarco (346 a.C.), demuestra que las leyes atenienses imponían atimia al ciudadano que se hubiera prostituido. Un condenado no podía ser arconte ni sacerdote, ocupar cargo público, hablar en la Asamblea ni entrar en los templos. Infringirla se castigaba con pena de muerte. Timarco fue condenado. La aplicación es minoritaria, pero su existencia legal refuta la tesis de la tolerancia universal (Fisher, Oxford 2001).
La paiderastia ritual ateniense era una institución pedagógica y temporal, asimétrica entre un erastes adulto de 20-30 años y un eromenos adolescente de 12-18. Las normas exigían del joven sophrosyne, resistencia y ausencia de placer sexual ostensible. La práctica normativa era el coito intercrural, no la penetración anal, y se cerraba al alcanzar el eromenos la edad militar. Asimilarla a una relación homosexual moderna entre adultos iguales es un anacronismo grosero. La homosexualidad entre dos ciudadanos adultos, sobre todo cuando uno asumía rol pasivo, estaba estigmatizada al punto de generar un campo léxico despectivo (kinaidos, euryproktos, katapygon) que Aristófanes empleó como arma de descrédito político.
Bibliografía recomendada:
– Platón, Leyes, Loeb, Harvard UP, 1967.
– Aristóteles, Ética a Nicómaco, Loeb, Harvard UP, 1934.
– Jenofonte, Constitución de los Lacedemonios, Loeb, Harvard UP, 1925.
– Fisher, N., Aeschines: Against Timarchos, Oxford UP, 2001.
– Davidson, J., The Greeks and Greek Love, Weidenfeld & Nicolson, 2007.
– Cohen, D., Law, Sexuality and Society, Cambridge UP, 1991.