Mag Jorge Castro🇨🇺@MagJorgeCastro
🇻🇪Si eres venezolano… detente un minuto, necesitas leer esto.
En los últimos días he visto cómo se articula una campaña perfectamente diseñada contra María Corina Machado. Lo más llamativo no es solo la intensidad de los ataques, sino su origen… ya no vienen únicamente del chavismo, sino también de sectores que se presentan como antichavistas.
Para muchos esto puede parecer una paradoja…. para mí, como cubano, es un guion demasiado conocido.
Lo que está ocurriendo no es nuevo, es una estrategia vieja, probada y perfeccionada durante décadas por los regímenes totalitarios. El castrismo la aprendió de manuales de la KGB soviética y de la STASI alemana, y la ha aplicado sin descanso durante más de 60 años.
El objetivo siempre ha sido destruir cualquier liderazgo opositor que pueda unificar y movilizar al país.
No importa quién sea. No importa cuán honesto o coherente resulte.
Si amenaza al poder, hay que neutralizarlo.
Los métodos son variados y sutiles: revisionismo sobre su figura, rumores, intrigas, descalificaciones morales, campañas de desprestigio, acusaciones sin pruebas, y, sobre todo, la siembra permanente de desconfianza.
Lo más efectivo de este mecanismo es que rara vez se ejecuta de frente.
Casi nunca es el régimen quien lidera los ataques.
Se utilizan voces supuestamente “independientes”, analistas “críticos”, opositores frustrados, influencers ambiguos, plataformas digitales y hasta medios que, consciente o inconscientemente, terminan reproduciendo el libreto.
Algunos son infiltrados.
Otros actúan por resentimiento, protagonismo o simple ingenuidad.
El resultado es el mismo… fracturar, dividir y desmoralizar a quienes luchan por un cambio real.
En Cuba hemos visto esta película una y otra vez.
Cada vez que surge una figura capaz de conectar con la gente, de inspirar esperanza y de aglutinar voluntades, se activa la misma maquinaria… primero se le ridiculiza, luego se le desacredita, y finalmente se le intenta aislar.
Por eso en la isla existe una frase dolorosa sacada de esta triste realidad:
“Para algunos opositor bueno es opositor muerto o encarcelado”.
Lo que hoy observo en Venezuela sigue exactamente ese patrón.
Me asombra, y a la vez no me sorprende, la precisión con que se repite la metodología. Los tiempos, los mensajes, los focos de ataque y hasta el lenguaje son casi calcados a los que el castrismo ha usado durante décadas.
Cuando miro a María Corina Machado veo algo muy claro… una mujer que ha resistido amenazas, persecución, exilio forzado, campañas de odio y operaciones psicológicas masivas… y que aun así sigue de pie.
Eso es precisamente lo que el régimen quiere destruir.
Porque ningún sistema autoritario teme más que a un liderazgo legítimo, coherente y con respaldo popular.
Venezuela vive un momento histórico.
Y en estos momentos es cuando más se activan las trampas del poder.
Mi advertencia es sencilla y directa:
No se dejen dividir.
No se dejen confundir.
No repitan los errores que cometimos los cubanos.
Les hablo desde la experiencia de un país que lleva 67 años atrapado por esas mismas tácticas.
Defender el liderazgo democrático no es fanatismo, es entender cómo funciona el enemigo.
Y hoy, les guste o no a algunos, ese liderazgo en Venezuela tiene un nombre:
María Corina Machado.
Aprendan de nuestros errores.
Aún están a tiempo.