Deepquirrel
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Padre. Español. Harto.


Ver entrevista completa aquí: youtu.be/cYeSu0WtOYM?si… Los alarmistas climáticos ponen todo el foco en las emisiones de CO2 humanas. El CO2 representa solo el 0,0425% de la atmósfera (425 partes por millón). Está creciendo a un ritmo de ~2,5 ppm (0,0025%) al año, en parte por las emisiones humanas, pero también por emisiones de los océanos (por el calentamiento y las corrientes). Si bien la última vez que CO2 alcanzó este nivel fue hace unos 4 millones de años, el nivel de CO2 actual sigue siendo uno de los más bajos de la historia del planeta. Seguimos viviendo en un periodo de hambruna de CO2. Las 425 ppm actuales están muy por debajo del nivel óptimo para el crecimiento de las plantas, que es entre dos y tres veces superior. Respecto a la relación del CO2 con la temperatura, en las series largas no se observa una correlación consistente entre el nivel de CO2 y la temperatura del planeta. Y también la temperatura actual del planeta es una de las más bajas de la historia del planeta. El CO2 es muy eficaz conteniendo el calor en radiaciones infrarrojas con longitudes de onda determinadas (de 550–800 cm⁻¹). Por tanto, el CO2 tiene un claro efecto invernadero. Pero como muestran los estudios de William Happer (Profesor emérito de física de la Universidad de Princeton – de los pocos cuyos datos son abiertos y reproducibles), el patrón de la absorción de calor por parte del CO2 es logarítmico, no aritmético. Esto quiere decir que cuando el CO2 en la atmosfera llega a niveles de saturación (actualmente casi lo está), aunque duplicáramos o triplicáramos la cantidad, el efecto sobre el calentamiento será muy pequeño, alrededor del 1%. Además, el efecto invernadero del CO2 es marginal comparado, por ejemplo, con el del vapor de H2O, responsable del 80% del efecto invernadero. Este patrón logarítmico del efecto invernadero del CO2 probablemente es la razón por la que no se observa una correlación consistente a lo largo de la historia geológica entre el CO2 y la temperatura. En cualquier caso, la realidad es que en algunos periodos geológicos el CO2 sube antes y luego la temperatura y en otros es al revés, primero sube la temperatura y después el CO2. La correlación estadística (coeficiente R2) es muy variable también si la calculamos en los últimos 175 años. La correlación es perfecta, cercana a 1, en los últimos 45 años, desde 1980 a 2025, que es lo que lleva a muchos a decir que el CO2 es el villano. Pero para los periodos 1850-1920 y 1950-1980 la correlación R2 es prácticamente cero. O sea, analizando todos los periodos recientes y geológicos, la correlación entre el CO2 atmosférico y la temperatura es “ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no, ahora no, ahora no, ahora sí, …”. Eso no es correlación. Es probable que el repunte de CO2 atmosférico de los últimos 70 años esté siendo provocado no solo por las emisiones del hombre sino también, simultáneamente, por el calentamiento de los océanos, que son grandes emisores de CO2 a mayor temperatura. Los océanos contienen aproximadamente 50 veces más carbono que la atmósfera. Cuando los océanos se calientan, incluso levemente, liberan CO₂ mediante desgasificación. Cuando se enfrían, lo absorben. Un pequeño cambio en la temperatura de los océanos o en la circulación de sus corrientes puede mover más CO₂ que toda la actividad humana combinada. Nos obsesionamos con micro-gestionar mediante impuestos la pequeña fracción que los hombres aportan a ese 2% del CO₂ que está en la atmosfera y subestimamos las dinámicas que mueven el 98% del CO₂ restante que está en los océanos. Pretender que podemos controlar el clima así es como intentar gobernar un transatlántico con una pala de playa a modo de timón. Ningún político responde a la pregunta de cómo conseguirán los impuestos cambiar el clima. El CO2 ha pasado de 290 ppm en 1960 a las actuales 425 ppm. La curva de ese ascenso ha mantenido la misma pendiente desde los años 60. Ninguna de las medidas adoptadas contra el cambio climático, ni los billones de dólares invertidos han servido de nada. Sin embargo, según datos satelitales de la NASA la superficie verde de la Tierra (la cubierta vegetal) ha aumentado significativamente en los últimos 40 años. Este reverdecimiento global representa un aumento neto del follaje equivalente al doble del tamaño de los Estados Unidos. La NASA atribuye el 70% de este reverdecimiento directamente al efecto de fertilización por el incremento del CO₂ atmosférico. Con más CO₂ las plantas respiran mejor, crecen más densas y necesitan absorber menos agua por sus raíces. Un mundo un grado más cálido no significa entrar “en ebullición”, como ha dicho el Secretario General de la ONU, sino que significa ampliar la zona habitable del planeta. Los desiertos retroceden. La vegetación está recuperando los bordes meridionales del Sáhara. Los bosques se están desplazando lentamente hacia el norte, hacia la tundra, a un ritmo de aproximadamente 0,29 grados de latitud cada pocas décadas (32 km). Millones de acres de la taiga en los páramos helados de Siberia y Canadá se están volviendo viables para los bosques y, eventualmente, para la agricultura. La temperatura ideal que establece la ONU se basa en la temperatura que llaman “pre-industrial”, la que había en la segunda mitad del siglo XIX (entre 1850 y 1900). Pero ¿en base a qué se ha decidido que esa es la temperatura ideal? Entonces el planeta estaba al final de la Pequeña Edad de Hielo, uno de los momentos más fríos de los últimos 10.000 años, una época de hambrunas y malas cosechas a nivel mundial. La ONU quiere que temamos el pequeño cambio en la temperatura actual que, en realidad, está haciendo que el planeta sea más verde, más habitable y más productivo. Presentan el CO₂ como un “contaminante” al que hay que gravar con impuestos (sin que nos digan qué efecto tendrán los impuestos en la reducción de la temperatura). Pero para la naturaleza el CO₂ es el alimento esencial del jardín del Edén. Las plantas “comen” CO2 y “beben” agua. Las plantas absorben CO2 a través de sus hojas y H2O a través de sus raíces y mediante la fotosíntesis construyen la materia orgánica. Utilizan poros especializados en sus hojas llamados estomas, que son las «bocas» de las hojas, para regular la entrada de CO2. Estos estomas se abren y se cierran en función de las necesidades alimenticias de la planta. Cuando la concentración de CO2 en la atmósfera es baja, los estomas permanecen abiertos para capturar la cantidad suficiente. Unos estomas muy abiertos provocan que gran parte del agua de las hojas se pierda por evaporación. Como resultado, las plantas extraen más agua del suelo, lo que aumenta su consumo total de agua. Por el contrario, unos niveles más altos de CO2 en la atmósfera permiten que los estomas se cierren parcialmente, lo que reduce la pérdida de agua y mejora la fotosíntesis. Un mayor nivel de CO2 significa que las plantas crecen más rápido y utilizan menos agua, aumentando la cobertura vegetal del planeta y la productividad agrícola. El CO2 que emitimos a la atmósfera al quemar combustibles fósiles proviene de las plantas y del fitoplancton, que durante millones de años absorbieron CO2 de la atmósfera y los océanos. A medida que morían, generación tras generación, el CO2 que antes estaba en la atmósfera quedó atrapado en forma de carbón, petróleo y gas. El planeta ha vivido en los últimos miles de años con una fuerte escasez de CO2 y baja cobertura vegetal. El CO2 se había reducido excesivamente después de haber sido capturado por las plantas y procesos geológicos, y fijado en forma de combustibles fósiles durante millones de años. Si no hay suficiente CO2 en la atmósfera para las plantas, todos moriremos, porque las plantas son la base de la cadena alimentaria. Por debajo de 200 ppm de CO2 en la atmósfera los problemas para la biosfera son enormes. Lo único que estamos haciendo al quemar combustibles fósiles es reponer el dióxido de carbono que originalmente estaba en la atmósfera a un nivel mucho mejor para las biosfera y para la producción agrícola. El hombre es la verdadera salvación de la vida en la Tierra. Ninguna otra especie podría hacer lo que nosotros hacemos, quemar combustibles fósiles para obtener energía y reponer el CO2 en la atmósfera para permitir un nuevo florecimiento de la cubierta vegetal de la biosfera y de la humanidad. El CO2 no es un contaminante. Es un fertilizante.

Nada. El típico bajonazo de endorfinas por no poder correr por El Pardo… 🤨🙄 El amigo de Zapatero en Plus Ultra anuncia que no comparecerá en el Senado por una "depresión" elmundo.es/espana/2026/03…










🚨EXCLUSIVA de @elespanolcom El grupo de Francisco Flores, investigado por el sobre que Aldama liga al PSOE, anuncia su muerte a los 55: "Ha sido llamado a presencia de Dios" elespanol.com/espana/2026031… El empresario y banquero chavista era clave para la investigación de la UCO sobre la financiación ilegal del PSOE ✍️ Con @davidvicente










