JOSE GEFAELL@ChGefaell
Desde la misma llegada de Hitler al poder en 1933, varios líderes europeos mostraron una disposición a negociar con él para evitar otro conflicto.
Cuando Chamberlain fue nombrado primer ministro británico en 1937, convirtió el "apaciguamiento" en la política oficial y activa del gobierno del Reino Unido. La “política de apaciguamiento” era un intento de evitar una nueva guerra con Alemania, cediendo ingenuamente ante las demandas de Hitler.
En septiembre de 1938 Chamberlain (Inglaterra), Daladier (Francia) y Mussolini (Italia), firmaron con Hitler el “Acuerdo de Múnich” que entregaba a Alemania los Sudetes, región de Checoslovaquia con población germanohablante.
Chamberlain regresó a Londres proclamando haber conseguido la “paz para nuestro tiempo”, siendo recibido como un héroe.
Durante 1939, Hitler invadió el resto de Checoslovaquia y después Polonia, lo que obligó a Reino Unido y Francia a declarar guerra a Alemania el 3 de septiembre de 1939: comenzaba la Segunda Guerra Mundial.
Chamberlain renunció tras el desastroso resultado de su política de apaciguamiento y fue sustituido en 1940 por Winston Churchill.
¿Qué habría pasado si durante la política de apaciguamiento (1937-1939) Alemania hubiera tenido la posibilidad de desarrollar la bomba atómica? – Que ahora en Europa todos hablaríamos alemán. Y no quedaría ningún Gemeinschaftsfremde, aquellos que la ley Nazi consideraba arbitrariamente como no pertenecientes al cuerpo histórico y cultural de Alemania (como los judíos o los "diferentes").
En ese sentido, la intervención de Marco Rubio en el Senado de EEUU en 2015 (ver clip), criticando el “acuerdo de apaciguamiento” que iba a firmar Obama con Irán, fue increíblemente premonitoria:
«Todo lo que necesitaba decirse sobre los detalles de este acuerdo ya se ha dicho. Quiero que quede registrado para los propósitos de la historia, porque sé lo que va a suceder si este acuerdo se aprueba.
Irán usará inmediatamente el dinero que recibe del levantamiento de sanciones para comenzar a construir sus capacidades convencionales. Establecerá el poder militar más dominante en la región fuera de Estados Unidos y elevará el precio de nuestras operaciones en la región.
Van a construir capacidades de negación de acceso, cohetes capaces de destruir nuestros aviones, portaaviones y barcos, y continuarán construyendo esas lanchas rápidas que pueden atacarnos en enjambre.
Esto hará más y más difícil para las tropas estadounidenses permanecer en la región.
También trabajarán con otros grupos terroristas en la región para atacar a hombres y mujeres de servicio estadounidenses. Y negarán que están involucrados.
Continuarán construyendo misiles de largo alcance, misiles capaces de alcanzar Estados Unidos. Esos no se ven afectados por este acuerdo. Continuarán construyéndolos como lo han estado haciendo.
Y luego, en algún momento en un futuro cercano, cuando sea el momento adecuado, construirán un arma nuclear, y lo harán porque en ese punto se habrán vuelto inmunes; y sabrán que ya no podremos atacar su programa nuclear porque el precio de hacerlo será demasiado alto.
Esto no es solo imaginación. Existe en el mundo hoy. Se llama Corea del Norte, donde un lunático posee docenas de armas nucleares y cohetes que pueden alcanzar los EEUU. Y no podemos hacer nada al respecto. Un ataque a Corea del Norte hoy resultará en un ataque a Tokio, o Seúl, o Guam, o Hawái, o California. Y así, el mundo debe vivir con un lunático en posesión de armas nucleares.
Y ese es también el objetivo de Irán, llegar a un punto en el que se vuelvan inmunes a cualquier tipo de amenaza militar creíble, porque el costo de un ataque será demasiado alto. Y luego se convierten en una potencia nuclear. Nunca en la historia del mundo un régimen así ha poseído armas tan capaces de destrucción.
Irán está dirigido por un líder supremo que es un clérigo chiita radical con una visión apocalíptica del futuro. No es un actor geopolítico que toma decisiones en función de fronteras o simplemente de la historia o por ambiciones. Tiene una visión religiosa apocalíptica del futuro, una que llama a desencadenar el conflicto entre el mundo no musulmán y el musulmán, una que siente especialmente a desencadenar.
¿Y va a poseer armas nucleares? Este es el mundo que estamos a punto de dejar a nuestros hijos para que lo hereden, y tal vez nosotros mismos tendremos que compartirlo.
Por eso quiero que quede registrado para la historia, si otra cosa, para decir que aquellos de nosotros que nos opusimos a este acuerdo entendimos hacia dónde nos llevaría. Y que estamos cometiendo un terrible error. (…)
Y rezo para que el primer día en el cargo [de la siguiente Administración] revierta este acuerdo. (…)
La historia nos condenará por no haber hecho lo que había que hacer en este momento crítico de la historia del mundo.»
El pasado 4 de febrero, después de las matanzas de decenas de miles de manifestantes de enero, Ali Ahmad Jomeini, nieto del ayatolá Jomeini, lo dejó claro: «Los israelíes lo saben muy bien: el día que la nación islámica tenga la oportunidad [de lanzar misiles nucleares], ¡borraremos Israel del mapa, tal y como estaba intentando Hamas!».
Esta fue una amenaza especialmente grave, directa y explícita de Irán (después de otras muchas similares), porque según los servicios de inteligencia Irán estaba a pocos meses de producir hasta 11 bombas atómicas con una potencia cada una de hasta 3 veces la de Hiroshima.