
daniel chiaretti
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daniel chiaretti
@dchiaretti
Música. Cinema. Migrações e Refúgio. Filosofia. Direito. Quase nessa ordem.


To achando muito engraçado como que de uns meses pra cá uma falsa “cultura do vinil” estourou nas redes sociais. Muita gente virando especialista. Vídeos indicando discos - sempre, SEMPRE, discos super conhecidos, que pelo menos ganharam duas reedições pelo mundo. +



Nessa parada dos supersalários, fico no meio termo. Primeiro, acho um absurdo um Juiz ganhar 150k por mês, evidentemente. Não é CEO de Empresa, não é jogador de futebol, não é artista. Contudo, também acho que perderemos BONS juízes ao estabelecer um salário médio inicial líquido próximo a um Analista Judiciário com alguma FC/CC. Muitos simplesmente sairão, e não se enganem que isso é necessariamente "bom", porque o Estado também precisa de BONS profissionais, incluindo juízes/promotores/Procuradores/delegados. Pior ainda fica quando comparamos com outras carreiras administrativas. É realmente justo um Analista do Senado, Consultor do Senado, Consultores de ALs, trabalhando expediente de 6h/dia, ganhar 30~35k, e um magistrado iniciante, que nos interiores são responsáveis por 4k~5k processos, incluindo criminais, ganhar 25k?



Eu já fui destratado pela vocalista do L7 no Rio e sei a dor que é. FORÇA, CRIANÇA FILHA DO JORGINHO COM O ATOR JUDE LAW!!!



Es cierto que en contextos electorales la dinámica es otra. Pero la propuesta de Habermas, como bien señalas, es normativa y esta orientada a otro asunto: busca una forma distinta de legitimar y, sobre todo, de controlar el ejercicio del poder. Ya Noelle-Neumann advertía sus limitaciones, y los hallazgos sobre el rol de las emociones y la fragmentación de la esfera pública digital obligan a revisar sus conceptos. Sin embargo, creo que la idea de la deliberación sigue vigente como punto de partida para ver cómo construir legitimidad y ejercer el poder. Recuerdo que cuando Habermas estuvo en Perú mencionaba la importancia de no tirar al bebé con el agua sucia. El desafío es rescatar esa idea pero integrando nuestra naturaleza emocional y las nuevas reglas del juego digital, para que la opinión pública y el ejercicio del poder no sea solo un asunto tribal. Vivo en un país donde solo prima lo tribal y eso ha resultado en un estado fallido y un sistema híbrido cleptocrático. Vengo trabajando o apoyando proyectos de ejercicio de ciudadanía que van en esa línea, y es cierto que todo lo que señalas se activa, no se puede negar y se debe integrar, pero el sistema 2 tiene un rol que cumplir. El reto es construir algo diferente.

Yo no entiendo el revuelo por Habermas, primero que construye su teoría de la acción comunicativa sobre un supuesto normativo: que los actores políticos pueden alcanzar consensos racionales a través del diálogo libre de dominación. Es una teoría hermosa. Y empíricamente, en contextos electorales, está sistemáticamente refutada. Antonio Damasio demostró con pacientes de corteza prefrontal ventromedial dañada algo que destruye la base habermasiana: sin emoción, los humanos son incapaces de tomar decisiones, incluso con toda la información racional disponible. Su hipótesis del marcador somático establece que las decisiones se procesan primero afectivamente y luego se racionalizan. El voto no es excepción. Drew Westen, neurocientífico de Emory University, escaneó cerebros de votantes demócratas y republicanos durante las elecciones de 2004 exponiéndolos a información contradictoria sobre sus candidatos. El resultado publicado en Journal of Cognitive Neuroscience (2006) fue contundente: los circuitos de razonamiento frío permanecieron inactivos. Los circuitos emocionales procesaron toda la información, la resolución del conflicto cognitivo activó el sistema de recompensa, y los sujetos racionalizaron post-hoc. La deliberación racional habermasiana no apareció en ningún escáner. Jonathan Haidt en The Righteous Mind (2012) acumuló una década de investigación transversal para demostrar que el razonamiento moral que es la base del juicio político, opera de forma inversa a como Habermas supone. La intuición moral llega primero, automáticamente, en milisegundos. El razonamiento consciente llega después, como abogado defensor de una conclusión ya tomada, no como juez imparcial. Haidt lo llama “el perro emocional y su cola racional.” Milton Lodge y Charles Taber de Stony Brook University publicaron en 2013 The Rationalizing Voter, encontraron que mayor información no produce mayor racionalidad, produce mayor sesgo confirmatorio. El votante más informado no es más racional, es más sofisticado en defender su posición preexistente. El ciudadano deliberativo habermasiano es una élite estadísticamente marginal. John Zaller en The Nature and Origins of Mass Opinion (1992) modeló empíricamente cómo los ciudadanos forman opiniones políticas: no deliberando, sino recibiendo señales de líderes de opinión en quienes confían por identidad grupal, y aceptando o rechazando esas señales según su predisposición previa. La razón pública habermasiana no aparece en el modelo porque no aparece en los datos. Larry Bartels en Uninformed Votes (1996) cuantificó el impacto de la información en el voto real: incluso asumiendo que todos los votantes estuvieran perfectamente informados, los resultados electorales cambiarían marginalmente. La identidad partidaria y la identificación emocional con el candidato predicen el voto con una potencia que la información racional no puede desplazar. La ciencia dice otra cosa: gana quien mejor conecta emocionalmente con la identidad del votante, quien reduce la incertidumbre afectiva, y quien activa la red tribal correcta en el momento correcto. Eso no es cinismo, es la descripción más honesta y respaldada de cómo funciona el voto humano. Esto lo puedes leer en: andreselias.com/cienciadelvoto/













