ทวีตที่ปักหมุด

Jugando a ser la muerte
Trump bombardeó Venezuela, fracturó las relaciones comerciales con medio planeta y ahora está destruyendo Irán. Pero nada saciará la ambición de este megalómano caprichoso.
Poco o nada nos importarían estas pataletas si no fuera porque ese vanidoso e impulsivo narciso es presidente de Estados Unidos, y sus arrebatos no le hacen daño únicamente a los pensadores de corto alcance que lo volvieron presidente (llamarlos pensadores ya es mucho).
Su objetivo es ser amo del mundo, y para eso necesita arrodillar al planeta como su siervo. Parece, además, que se está divirtiendo en el proceso. El jueguito con Venezuela le produjo tanto placer que inmediatamente se empeñó en replicarlo en Groenlandia. Para suerte de los daneses, en medio de su delirio tuvo un instante de raciocinio pragmático y entendió que los cadáveres europeos resultan más costosos que los latinos o los persas; y para no contener el impulso homicida de creerse el dueño de la muerte decidió volcar sus juguetes a Irán.
La sombra que sueña con coronas y estatuas ya se apoderó de la guadaña de La Parca. En esa lógica, como buen impaciente y apresurado, sin haber terminado su aniquilamiento en Irán ya anunció —sacando pecho y con voz de orgullo— que sería un honor expandir la liberación venezolana e iraní a Cuba. A este paso ajustará dos récords: ser el primer nobel de paz autoadjudicado y conseguirlo cargando el mayor número de vidas “liberadas” encima. A diferencia de los aniquiladores del pasado, este nuevo insidioso mezcla vanagloria con bufonería: no se esconde en los carteles de “se busca” sino que se exhibe en bailes de Tik Tok, no habla de muertos sino de liberados, no produce crímenes sino espectáculos.

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