Leonardo Facco@LeofaccoTweet
Messi, Milei y el compromiso político
Messi marcó otros dos goles. Y son cinco en dos partidos del mundial. Y cada vez el fútbol nos recuerda una cosa fundamental: las tribunas pueden cantar, saltar, ondear banderas, insultar al árbitro, hacer coreografías maravillosas. Pero la pelota, si fuera solo por esto, no se movería.
La pelota la mueve quien entra a la cancha.
Javier Milei, en una entrevista con Lex Fridman, usó precisamente esta imagen para explicar algo que muchos liberales, libertarios y anarcocapitalistas de fachada se obstinan en no entender: criticar desde la tribuna no equivale a jugar el partido.
Puedes tener razón en todo. Puedes conocer a Rothbard de memoria. Puedes citar a Mises, pero si luego, cuando llega el momento de incidir en la realidad, te quedas fuera de la cancha para explicar por qué nadie es lo suficientemente puro, lo suficientemente coherente, lo suficientemente radical, entonces eres simplemente inútil.
Eres solo uno que grita desde las tribunas. Y quizás hasta grita contra los de tu propio equipo.
Y entonces, ¿cuál es el punto? El punto es entender que la política, guste o no, es un terreno de conflicto real. Si quienes creen en la libertad no lo conquistan, lo ocupan los estatistas, los socialistas, los burócratas, los profesionales de la redistribución, los ingenieros sociales con la cuenta bancaria alimentada por los contribuyentes.
Messi no "cambió" el resultado del partido porque el estadio cantara su nombre. Lo cambió porque estaba ahí, donde el partido se define.
También vale para las ideas.
Quien quiere defender la libertad debe elegir: quedarse en la tribuna criticando quien falla un pase, o entrar a la cancha, aceptar el barro, la disputa, la imperfección, el riesgo. ¡Y ganar!