
Fernando Vidal L.
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El negacionismo de los gobiernistas es bravo. Se les muestra que fue la deuda del gobierno la que encareció los créditos hipotecarios, incluso con el BanRep quieto. Pero sale el Presidente a echarle la culpa al Banco y ya: papel mata tijera.

Señor Presidente Gustavo Petro, me permito plantear algunas diferencias conceptuales que considero relevantes: Primero, todos los escenarios de planeación de la UPME muestran que Colombia seguirá requiriendo gas natural incluso hacia 2052. Hoy, cerca del 78.4% de nuestra matriz energética primaria depende de fuentes fósiles, y el gas natural representa alrededor del 21.3% del total. La transición hacia energías de bajas emisiones es INDISPENSABLE, pero no ocurre de manera homogénea en todos los sectores: mientras la electricidad puede avanzar más rápido, industrias intensivas en calor, como la producción de fertilizantes, seguirán dependiendo mayoritariamente del gas al menos una década más. Segundo, El país enfrenta hoy un deterioro progresivo de sus reservas de gas natural, lo que ya se está traduciendo en una mayor dependencia de gas importado. Este gas, además de ser más costoso, tiene una mayor intensidad de emisiones por los procesos de licuefacción, transporte y regasificación. Colombia está incrementando las emisiones al sustituir producción nacional por importaciones. Tercero, de aquí al 2052, la discusión no es si usamos gas o no, sino en qué procesos energéticos es indispensable y si contamos con gas nacional competitivo o si dependemos crecientemente de importaciones más caras e intensivas en emisiones. Esto tiene implicaciones directas sobre el costo de los fertilizantes, y por ende, sobre el precio de los alimentos. Cuarto, según el IGAC Colombia tiene 22 millones de hectáreas con vocación agrícola y no 15 como usted lo menciona. De esas solo aprovechamos 5 a 7 millones. Y para ganadería, la vocación es de 15 millones y se usan más de 35 millones. Esta actividad genera más emisiones que todo el transporte nacional (14.8% vs 12%) y requiere atención urgente. Finalmente, se menciono al inicio del gobierno que Colombia tendría reservas de gas natural hasta 2042 y eso no coincide con la realidad nacional.Persistir en no permitir nuevas exploraciones puede comprometer la seguridad energética del país en los próximos años. Comparto su visión de diversificar la economía, de impulsar las renovables, fortalecer el agro y avanzar en bioeconomía. Pero considero que una transición energética debe garantizar seguridad, competitividad y coherencia ambiental. Quedo atento a seguir aportando a este debate con rigor técnico y respeto institucional.














