
🔴 Kast intenta convertir la crítica social en enemigo interno
El Partido Comunista de Chile forma parte de la institucionalidad democrática del país.
Tiene más de 44 mil militantes, 11 diputados, 3 senadores, 4 alcaldías y más de 100 concejales electos. Incluso cuenta con casi el doble de afiliados que el partido del presidente José Antonio Kast.
Se puede discrepar de sus ideas, pero presentar al PC como un actor “al margen” de la democracia es falso.
Además, existe una diferencia histórica importante: el PC nunca promovió golpes de Estado en Chile ni respaldó una dictadura chilena. En cambio, Kast ha reivindicado públicamente a Augusto Pinochet y sectores de su coalición relativizan constantemente las violaciones a los derechos humanos.
Por eso resulta contradictorio que hoy Kast acuse al PC de “agitar las calles” solo porque existen movilizaciones contra su gobierno.
Más aún cuando él mismo promovió protestas contra gobiernos anteriores y denunció “boicot legislativo” cuando el Congreso ejercía atribuciones normales en democracia.
Tampoco ayuda el tipo de referentes internacionales con los que Kast se ha alineado: Jair Bolsonaro, sancionado por peomover un golpe de Estado en Brasil, y Viktor Orbán, cuestionado por el debilitamiento democrático en Hungría y utilizar dineros públicos para financiar a la ultraderecha.
La democracia no consiste en aceptar las movilizaciones solo cuando favorecen al propio sector político. Ni lanzar voladores de luces en redes sociales cuando se baja en las encuestas.

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