Jülide Hanoğlu

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Jülide Hanoğlu

@HanogluJulide

Stoic | BA Cultur & Society Organisational leadership | Multilingual Geopolitics | History & Philosophy | Rule of Law Beşiktaş 🦅| 🐾🐕‍🦺

🇪🇸 ↔️ 🇳🇱 Joined Nisan 2019
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@Sadik0707 😂😃🤭 Sosyal medya uzmanlığı Sadık hocam; çok enteresan tipler var. Senelerin donanımı ne ki?
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Sadık Usta
Sadık Usta@Sadik0707·
50 yıldır Çin hakkında okur yazarım, buna rağmen Çin uzmanıyım demiyorum. Bazıları, Çince öğreniyor ya da birkaç yıldır Çin'le ilgili çalışıyor diye "Çin uzmanı" oluyor.
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Sadık Usta
Sadık Usta@Sadik0707·
Hep söylüyorum "ben tarafsızım" diyen, en tehlikelisidir, çünkü o hep 9 önemsiz bilgi verip 10'uncu da altın vuruşu yapar...
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@D_S_Iglesias hay una diferencia que se nota entre quien todavía busca sitio y quien ya no lo necesita ☀️☕️😉
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Dᴀᴠɪᴅ S. Iɢʟᴇsɪᴀs
⭕️Círculø del Escribä📜 Jueves de afinación. Dispongan de un buenos días con júbilo. La mañana no siempre llega con trompetas. A veces entra como ese rayo de sol sobre la mesa: discreto, limpio, exacto. Y basta. Hoy no toca correr sin brújula; toca ajustar la cuerda interior, ordenar la mirada y caminar con esa elegancia que sólo conocen quienes han sobrevivido a sus propias noches. ☕🖋️ ⸻ ☕ Diálogo improbable: Matilde Cherner y Hernández frente a Rafael Luna Una mesa de café. Dos tazas humean. En una silla, Matilde Cherner y Hernández. En la otra, su máscara masculina: Rafael Luna. La escritora frente al nombre con testosterona que tuvo que inventar para poder ser escuchada. Matilde: Qué extraña condena: escribir con talento y publicar disfrazada. Rafael Luna: No lo llames condena. Fui la llave de una puerta cerrada con soberbia masculina. Matilde: Fuiste la prueba del delito. Si firmaba yo, dudaban. Si firmabas tú, admiraban. Rafael Luna: Y aun así entramos. Matilde: Entramos partidas en dos. Una mujer para pensar. Un hombre para cobrar respeto. Rafael Luna: Los siglos han usado máscaras peores. Yo al menos nací para servirte. Matilde: ¿Servirme? También me robaste algo. Rafael Luna: ¿El qué? Matilde: La dicha de escuchar mi propio nombre sin que lo corrigiera el prejuicio. Rafael Luna: Tal vez. Pero gracias a mí, tus palabras caminaron donde a ti te vetaban el paso. Matilde: Y gracias a mí, tú exististe. No lo olvides, caballero de tinta prestada. Rafael Luna: Nunca. Yo sólo fui sombra. Tú eras la lámpara. Matilde: Entonces brindemos por todas las mujeres que escribieron detrás de una cortina. Rafael Luna: Y porque ninguna vuelva a necesitarme. Chocan las cucharillas. Afuera amanece del todo. ⸻ Acta breve del día ⚖️△ No acepten máscaras impuestas. Si alguna vez usaron una para sobrevivir, honra la astucia… pero llega la hora de firmar con su verdadero nombre. Salud, fuerza y rectitud. Sello del Escriba. ⚖️△
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Dejan Zakic
Dejan Zakic@photosadista·
Dobro jutro
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ljubica bungin
ljubica bungin@bbungin·
Zdravo svanuli, dobar dan svete.:))
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@D_S_Iglesias se intenta y se cuida el pulso se percibe cuando escribes así cuando hay esa intención de hacernos pensar y de volver sobre ello eso se valora gracias, David seguimos mañana ✨🫶
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Dᴀᴠɪᴅ S. Iɢʟᴇsɪᴀs
⚔️A Filo y Arcabuz🔥 🪶Picotazo|👁️ Miércoles es. El café menos cargado que el picotazo porque vaya espresso en vena que se marcó ayer en el Congreso de los Diputados. En España llevamos demasiado tiempo confundiendo la fuerza con el ruido, la autoridad con el aspaviento y el carácter con la incapacidad de contenerse. Y de esa confusión nace este tiempo nuestro: un tiempo de micrófono histérico, de indignación de saldo, de patriotas de plató y de representantes públicos que, en vez de honrar la institución que pisan, la usan como escenario para su pequeña ópera del enfado. Los escupesangres acariciados entre los brazos de Feijóo. Luego se extrañan de que el ciudadano mire el hemiciclo como quien mira una función cansada: mucho terciopelo, demasiada nómina y un exceso de numeritos para tan poca grandeza. Porque eso es lo grave del episodio: no sólo el gesto que es puramente asqueroso e infame, no sólo la bronca, no sólo la escena de un diputado subiéndose al estrado de Presidencia a increpar al presidente segundo del Congreso por no darle la razón. Lo verdaderamente revelador es lo que simboliza en esta España de patriotas tejeriles. La imagen no muestra a un hombre defendiendo una idea como juez de su profesión que es. Muestra a un hombre invadiendo el espacio de la institución, atacando a una letrada, al vicepresidente de la Cámara y a España como si el escaño fuera una prolongación de su temperamento. Y ahí se abre la herida. Porque una Cámara no es un corral de testosterona parlamentaria por la que pavonearse. No es un gimnasio moral para hombres que necesitan exhibir vehemencia testicular porque no les basta con la razón. No es una plaza donde la política se sustituye por la coreografía de la tensión. Es, o debería ser, la casa severa de la palabra y la alta inteligencia. Y cuando la palabra abdica, entra el gesto. Cuando el gesto manda, el prestigio cae. Y cuando el prestigio cae, lo común se envilece dejando un rastro que siempre llega al mismo lugar: los acomplejados. Lo más feroz del asunto, sin embargo verán ustedes, no es la bronca en sí. España ha conocido broncas peores y salidas más tabernarias como aquel intento de agresión física de Rafael Hernando contra Alfredo Pérez Rubalcaba. Lo verdaderamente afilado, lo que convierte este episodio en un espejo incómodo para la derecha y la derecha rancia, es el contraste brutal entre el hombre y su conducta. Porque no estamos hablando de un advenedizo sin formación, ni de un activista recién soltado en el protocolo parlamentario, ni de un agitador de esquina elevado por azar al BOE de los sueldos públicos. No. Hablamos de José María Sánchez García, diputado de Vox por Alicante, sí, pero también de un hombre con un currículo sencillamente apabullante: catedrático de Derecho en la Universidad de Sevilla, juez en excedencia, exsocio de Baker & McKenzie y de Olswang, y letrado del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Pero el currículo como tapadera para meterse en peleas con zapatos Oxford y corbatas inglesas. Dicho de otro modo: no faltaban ni estudios, ni mundo, ni toga mental, ni conocimiento del Derecho, ni experiencia institucional, ni comprensión de los límites formales que separan la energía del descontrol. Y por eso la escena pesa más. Porque cuando un hombre así se deja caer del estrado de la razón al charco del arrebato, ya no estamos ante un problema de capacidad, sino de autogobierno y de ese cerebro primigenio de reptil que predomina en muchos por encima de la razón. Y en política, como en la vida, uno puede perdonar la torpeza del que no sabe; lo que cuesta más perdonar es la degradación del que sabe perfectamente lo que hace y precisamente acomete al más puro estilo del 23F. Menos mal que solo llevaba el iPad con el cargador y no una Star PD con cargador de 9mm. Ahí está la clave, con escuadra, plomada y compás: la inteligencia no inmuniza contra la vulgaridad. Al contrario. A veces la vuelve más triste. Porque del necio se espera ruido. Del hombre cultivado, no. Del bronquista profesional nadie aguarda elegancia. Del jurista de alto vuelo, sí y pobres reos los que cayeron bajo su maza. Del espontáneo de barra puede brotar el exabrupto, pero de quien ha habitado las altas galerías del Derecho europeo y de la academia se espera algo más noble que una excursión airada al borde del sainete. Cuando un hombre con semejante bagaje decide comportarse por debajo de su propia talla, la caída suena más fuerte. No por escandalosa, sino por decepcionante para sus electores. A punto de rasgarse la camisa y darse golpes en el pecho para repartir sopapos. Y aquí entra otra obscenidad que no conviene olvidar: el sueldo público. Porque el contribuyente español, ese héroe sin estatua que paga en silencio mientras le recortan el aire por todas partes entre guerras y parlamentarios de derechas que votan en contra de las medidas sociales, contempla estas escenas y comprende mejor que mil editoriales por qué se ha erosionado el respeto a la política. Casi 95.000 euros anuales para representar a la nación. No para colonizar un estrado con el pecho inflado cual hooligan vaso de cerveza caliente en mano y espumarajo cayendo por el mentón. No para regalarle al país una versión premium del berrinche donde hasta los más chuscos del cine quinqui se avergonzarían. No para convertir el hemiciclo en una mezcla de pasarela del enfado y aula de modales fallidos y combate a cuchillo en trinchera enemiga. El acta no es licencia de impunidad temperamental. El cargo no convierte el mal gesto en virtud. Y el grito, por mucho que se vista de épica partidista para unos, sigue siendo un grito de miserables con acta nominal. Pero España, mi querida y gran amada España, que tiene talento para estropearse a sí misma con un entusiasmo casi barroco, añade siempre una capa de hipocresía al asunto. Cada parroquia absuelve al suyo con una rapidez que daría vergüenza a un notario borracho tras una noche de copas con Miguel Ángel Rodríguez. Si el mío vocifera, es coraje. Si el tuyo alza la voz, es amenaza. Si el mío invade el espacio, es hombría parlamentaria. Si el tuyo lo hace, es fascismo performativo. Llevamos años sustituyendo el criterio por la bufanda, la ética por la consigna y la verdad por la utilidad táctica del momento. Así, claro, cualquiera termina convertido en héroe para los suyos con apenas una mala educación bien televisada sin necesidad de tener suscripción a Netflix, que tu IRPF ya lo paga. Y no. La política no necesita más actores del enfado. Necesita altura y mira, que es justo lo que más escasea por la bancada de la derecha. Necesita nervio, sí, pero con método. Combate, sí, pero con forma. Filo, sí, pero sin convertir el acero en chatarra emocional. Y precisamente ahí vimos el temperamento y la no reacción del De Celis, que impasible le marcó la salida a pesar, repito, de estar viendo por dónde le vendría el sopapo. Bravo por no reaccionar cual estoico. La verdadera autoridad no se mide por la cercanía del dedo al rostro ajeno ni por el volumen del reproche. Se mide por la capacidad de sostener la tensión sin perder la compostura. Se mide por el dominio de sí. Se mide por la elegancia de quien sabe que la institución está por encima del odio y que es de cada uno de los Españoles que forman esta piel de toro. El hombre fuerte no es el que intimida el decorado. Es el que no necesita hacerlo. Y ahí reside la tragedia pequeña —o el retrato completo de esta época miserable—: que incluso quienes poseen recursos intelectuales de sobra han terminado rindiéndose a la lógica del clip, del recorte, del impacto instantáneo, del gesto rentable para la tribu digital. Ya no basta con pensar bien. Hay que circular (Ester Muñoz no que sigue en el control de tráfico retenida). Ya no se quiere convencer; se quiere viralizar para arengar las masas y provocar estallido y persecución como en las noches berlinesas de los años treinta. Ya no se desea tener razón; se desea dejar una imagen. El Parlamento convertido en fábrica de espasmos. El diputado como performer de su propia indignación. La política como un teatro donde demasiados creen que la posteridad se conquista a codazos contra el protocolo. Y todo esto me viene a la mente, de este humilde plumilla, de aquel Adolfo Suárez fumando Ducados tan tranquilos a las ráfagas del techo. Quizá un buen canuto a los diputados de Vox para que relajen su temperamento o una galletita que diría Dragó. Qué pobreza. Qué provincianismo del alma este parlamentario. Qué manera tan barata de malgastar una biografía a sueldo. Porque un currículo así no se improvisa. Se construye con años, disciplina, lecturas, oposiciones, despachos, jurisprudencia, paciencia y ambición. Es una arquitectura seria. Una catedral civil. Y sin embargo basta un instante de vanidad iracunda para que toda esa construcción se vea asaltada por la sospecha más humillante: la de que un hombre puede haber acumulado títulos, plazas, cargos y experiencia sin haber conquistado lo más difícil de todo, que es el gobierno de sí mismo. Y eso sí que no lo expide ninguna universidad, ni lo firma ningún tribunal, ni lo remunera ningún presupuesto general del Estado. Aquí conviene decirlo sin afeites: la escena empobrece al protagonista, empobrece a su partido, empobrece a la Cámara y empobrece el clima moral del país. Porque el ciudadano no sólo juzga las leyes que aprueban sus representantes. También juzga cómo pisan la madera institucional, cómo tratan la forma, cómo encarnan el límite. Y cuando ve que un hombre con talla jurídica y académica opta por el ademán bronco, aprende una lección devastadora: que en España hasta los más preparados han descubierto que a veces da más rendimiento un mal gesto que una buena idea para la palmadita en la espalda y señalar hacia el techo del Hemiciclo diciéndole: mira otro agujero de bala pero salido de tu bocaza. No es una lección menor. Es una enmienda a la totalidad de la cultura política del presente en este Egotistán. La democracia se desgasta así, no únicamente por la corrupción o por la ineptitud administrativa de jueces que se peinan con raya a la derecha, sino por esta lenta normalización del desorden emocional como atributo de autenticidad en un tinglado más propio de matones de Chicago que de representantes caminando por la Carrera de San Jerónimo. Por esta indulgencia con el mal estilo. Por esta fascinación casi infantil con el que “dice las cosas claras” aunque las diga como un energúmeno con nudo de corbata. Por esta costumbre tan nacional de aplaudir al que rompe el jarrón siempre que el jarrón le cayese mal a los nuestros. Y sin embargo la verdad es antigua, sobria, casi romana: quien representa debe medirse más que nadie. No menos. Quien ostenta una tribuna debe afinar la palabra más que nadie. No degradarla. Quien ha sido juez, catedrático, abogado de firmas internacionales y letrado europeo debería saber mejor que casi todos que la forma no es un adorno de la política: es parte esencial de su legitimidad. Cuando la forma se desploma, el fondo se contamina. Cuando el decoro cae, la autoridad se deshilacha. Cuando el Parlamento parece un plató de tensión masculina mal digerida en prime time de Telecirco, pierde España entera. De modo que sí: la escena tuvo estrépito, titulares, vídeos, reposteos, parroquias excitadas, enemigos encantados y partidarios justificándolo todo con esa teología de saldo que hoy hace las veces de pensamiento en barra. Pero detrás del ruido queda una imagen más honda y más triste: la de un hombre sobradamente formado decidiendo actuar por debajo de la altura que su propia biografía le exigía. Arrastrado y escupido en el callejón de la mala fama. Y ese contraste es demoledor. Porque al mediocre se le teme poco. Al brillante degradado, se le lamenta más. España no necesita más diputados que entren en el vídeo por perder los papeles. Necesita hombres y mujeres que entren en la memoria por sostener la forma cuando todos a su alrededor ya la han vendido por un aplauso. Y ahí queda el acta. Un gran currículo no hace más noble un mal gesto. Lo vuelve más imperdonable y este personaje pasa a tener un nuevo apunte en su hoja de servicios: un carcunda fantoche mamerto berzotas en el fuero de Madrid. Salud, fuerza y rectitud. Sello del Escriba. ⚖️△
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@D_S_Iglesias y con ella pierde autoridad no es una cuestión política es estructural y exige algo más que reacción exige criterio y límite ahí se ve el nivel, David
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@D_S_Iglesias que el problema ya no es la falta de nivel sino la renuncia al mismo y eso en cualquier sistema marca un punto de inflexión no por el ruido sino por lo que legitima cuando ese comportamiento encuentra espacio y justificación la institución pierde densidad +
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Dejan Zakic
Dejan Zakic@photosadista·
Ode jos jedan dan
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@nichkow Izlazak pa odmah u pokret nešto između sna i puta boje kao da još nisu odlučile gde pripadaju i baš u tome imaju svoju snagu 💫🌅🌄📷
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@nichkow Ako je ovo 'najbolji na svetu' ne sumnjam ni sekunde 🫣😊 vidi se po kori, po boji, po tome kako je odrađeno ovo nije samo hrana, ovo je ritual 🔥🥩 😋 Afiyet olsun
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@_Serg3__ Bu kimdi ya😂😃Düşün ne kadar ilgi etki merak bıraktıysa hatırlamıyorum bile sıfatını da ismini de..
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@photosadista verujem 😊 ali znam kako radiš, kako gledaš i kako čekaš pravi trenutak to te izdvaja a ta skromnost ti baš stoji 🥰😉
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Jülide Hanoğlu
Jülide Hanoğlu@HanogluJulide·
@DejanKovacic79 hvala Dejan 😊 na svim ovim detaljima kadar je odličan, a uz sve ovo što si podelio još više se ceni čovek ih stvarno drugačije vidi 📷✨
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Dejan Kovacic
Dejan Kovacic@DejanKovacic79·
“Modrovoljka nije globalno među najugroženijim vrstama, ali kod nas njen opstanak zavisi od očuvanih močvara, tršćaka i mirnih obala. Strogo je zaštićena u Srbiji i njeno prisustvo govori mnogo o zdravlju staništa. Gde nestanu trska i voda, nestaje i jedan od najlepših glasova naših močvara.”
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Dejan Kovacic
Dejan Kovacic@DejanKovacic79·
“Modrovoljka je sitna, ali izuzetno upečatljiva ptica močvarnih staništa. Mužjak u sezoni gnežđenja nosi prepoznatljivo plavo grlo sa rđastim i belim detaljima, dok je ženka diskretnije obojena. Naseljava tršćake, barske obale, kanale i vlažne livade, gde se najčešće skriva nisko u vegetaciji i hrani insektima, larvama i sitnim beskičmenjacima. Iako je često neprimetna, njena pesma i kratki izleti na vrh trske odaju prisustvo ove strogo zaštićene vrste, jednog od najlepših glasova naših močvara.”
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