Martín Pugliese@martinpugliese
Luego de dos años sufriendo goleadas espantosas, el periodismo argento ha lanzado su "contraofensiva de las Ardenas", que básicamente consta de dos patas:
(1) Presentar a Manuel Adorni como una suerte de depredador del erario público equiparable a Sergio Massa o Néstor Kirchner.
(2) Machacar las 24 horas con una (supuesta) crisis terminal de nuestra economía, con noteros desplegados en todo el AMBA para recoger testimonios angustiantes del tipo "la gente la está pasando mal".
El primero de los ataques ha provocado una circunstancia curiosa: hoy es prácticamente imposible distinguir una columna de La Nación, de una de C5N. La desesperación de los medios por la ausencia de pauta es de tal magnitud, que los Alconada Mon y las Julias Mengolini de este mundo ya se muestran hermanados, abrazados y mancomunados por un objetivo común: que la "pesadilla Milei" concluya cuanto antes.
En ese afán nos han regalado algunas escenas tragicómicas, como analizar los consumos familiares de Adorni, o denunciar que su escribana "una vez le hizo una copia certificada a un narco", entre un sinfín de etcéteras absurdos, que no serían tan payasescos si alguna vez esos mismos sabuesos hubieran puesto el mismo celo para investigar los gastos de un Martín Insaurralde, un Dieguito Bossio, o un Alberto Fernández (que por cierto, todavía no sabemos de qué vivió entre 2008 y 2019).
Y la segunda andanada de misiles no es menos ridícula: en lugar de analizar los "fundamentals" de la economía, valorar las cuantiosas inversiones que el país está recibiendo en rubros clave como la minería y los hidrocarburos, valorar la reforma laboral, festejar la pulverización del déficit fiscal y entender que TODO lo que está haciendo este gobierno apunta al largo plazo y no al corto, el periodismo ha decidido comprar a libro cerrado las "doctrinas" de Juan Grabois (si se me permite la metáfora) y únicamente se dedica a analizar los efectos de corto plazo de las políticas que implementan.
Más o menos como medir el éxito de una intervención quirúrgica a los 5 segundos de realizada, en lugar de esperar que los efectos buscados por el equipo médico se manifiesten al cabo de un tiempo.
Que Página 12, Perfil, El Destape, Clarín o la mencionada C5N profesen ese nivel de idiotismo, era esperable (de hecho sería preocupante que de pronto apoyaran al gobierno). Pero que medios supuestamente "serios" como La Nación o Infobae se hayan plegado a esa cantinela lloriqueante, la verdad da mucha vergüenza ajena.
¿Qué cabe esperar en las próximas semanas? Sin duda redoblarán la apuesta. Como en septiembre/octubre del año pasado creyeron tener cocinado al Presidente y luego se sorprendieron con su recuperación electoral, esta vez no quieren correr riesgos. Creen haber "aprendido la lección" y acordaron no aflojar en el ataque, pase lo que pase y caiga quien caiga.
No me extrañaría, por ejemplo, que unas semanas haga su reingreso "triunfal" a los medios el atroz chantapufi de Juan Carr, para denunciar con rostro demacrado que "este gobierno insensible festeja el sufrimiento de la gente".
¿Qué debe hacer el oficialismo? No pisar el palito, sino el acelerador. Y no enfrascarse en peleas estúpidas, que sólo generan júbilo y satisfacción en la trinchera rival. A mí tampoco me seducen, lo admito, personajes como Pareja o el juez Lijo, pero Macri también tuvo a su Angelici. Y no murió nadie. El que no esté dispuesto a tragar sapos, no puede participar en política. Dejen de boludear, muchachos. Cierren filas. Y cierren los oídos a las críticas del periodismo, que los va a seguir criticando aunque mañana Karina Milei descubra personalmente la cura del cáncer. Déjenlos hablando solos, y aceleren las reformas!
Las peleas en Twitter son muy lindas y atractivas, pero son un ejercicio onanista e inutil, que no sirve absolutamente para nada. Lo único que nos va a garantizar la victoria en 2027 es que el modelo de afiance y empiece a mostrar sus primeros frutos. Por favor no lo olviden. Amén.