Hugo Mena@HugoMena19
SUGIERO ESTE ESQUEMA ANALÍTICO PARA ENTENDER LA COYUNTURA POLÍTICA VENEZOLANA.
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* 3 de enero = marcó rumbo. El régimen sale por la fuerza, auspiciada por EEUU. ¡Gran cosa!
El objetivo declarado por el gobierno de EEUU es neutralizar un conglomerado criminal narco terrorista transnacional que amenaza la seguridad nacional de los EEUU. El objetivo de los venezolanos es nominalmente distinto, pero converge en lo mismo: restaurar la libertad y democracia.
*4 de enero en adelante: gobierno de EEUU define características del período de pretransición a la democracia. Implementa estrategia acorde.
*Objetivo de dicha estrategia. Inducir la mayor autodestrucción del régimen posible, a través de una serie de cambios compulsivos en el ámbito económico e institucional. La Administración de Trump instaló una especie de protectorado informal, fáctico y coercitivo, sin autonomía interna de sus autoridades. Venezuela se transformó, así, en un Estado tutelado sujeto a una amenaza creíble de uso de la fuerza.
Las fuerzas armadas siguen desplegadas en el mar Caribe, listas para actuar en Venezuela en cualquier momento.
* ¿Qué mecanismo específico emplea el gobierno de EEUU para ir induciendo tales cambios?
Escoge un “alfil” representativo del poder ejecutivo del régimen, que actúa bajo coacción: Delcy Rodríguez (vicepresidenta interina, a partir de la captura de Maduro). Ella sigue “instrucciones” emanadas de Washington. Delcy Rodríguez es el "alfil obediente" de la Casa Blanca. Por definición, cualquier “alfil” carecerá de legitimidad de origen. No importa para dicha estrategia. Esta inédita estrategia es un tanto maquiavélica y tiene un alto componente de pragmatismo, desligado de consideraciones éticas vinculadas al prontuario (en materia de violaciones a los DDHH, narcotráfico y corrupción) de los que desempeñen el rol de “alfil”. El gobierno de Trump escogerá sus “alfiles” bajo un criterio de selección exclusivamente pragmático, a saber, si le sirve o no para lograr un determinado objetivo específico.
*Emergen dos narrativas paralelas: una permanente e inamovible (Marco Rubio) y otra variable, pragmática, funcional y adaptativa (Pdte. Trump). Ambas narrativas pueden no ser siempre coincidentes, pues cumplen fines distintos. Washington está plenamente consciente de esto.
La primera narrativa juega un rol pasivo, discreto, pero es la relevante para el rumbo subyacente de mediano plazo asociado a la estrategia. La segunda desempeña un rol activo, pragmático y coyunturalmente adaptativo, cuyo único fin es maximizar la eficacia y tiempo de permanencia de su “alfil obediente”. El presidente Trump "le soba el lomo" constantemente a Delcy Rodríguez con amables adjetivos y reconocimientos. Es capaz de nominarla como “representante legítima de Venezuela” (sabe que es una denominación transitoria, no oficial), suspenderle (transitoriamente) las sanciones, o decirle "pretty woman", si ello le sirve para que siga siendo su alfil obediente. Ella sabe que su función tiene fecha de término (aunque desconocida), pero está esperanzada en que su "buen comportamiento" con el pdte. Trump le permita eventualmente borrar cualquier acusación en su contra en tribunales norteamericanos y exiliarse a disfrutar de su fortuna. No es para nada claro que tal esperanza sea realista. Pero ella se la juega, no tiene opción pues su vida o libertad están amenazadas. Ella encabeza una mafia y patrocina otras. Y las mafias siempre funcionan bajo la máxima de "sálvese quien pueda". No les importa el resto.
*Principal falencia estructural de dicha estrategia: Metodología de implementación supone una dictadura.
Obedecer instrucciones bajo coacción no solo requiere estar dispuesto a hacerlo, sino también contar con el poder necesario para implementar las instrucciones. Aquí está, a mi juicio, la falencia estructural de esta inédita estrategia norteamericana. En efecto, utilizar un solo “alfil” sería eficiente para implementar esta estrategia si se tratara de una dictadura (como la cubana), en que la vicepresidente interina tuviese un poder omnímodo. No es el caso. Tampoco lo tenía Nicolás Maduro. El régimen político venezolano no es una dictadura, es un régimen inédito: una narco cleptocracia criminal totalitaria. Se trata de una organización criminal de gestión descentralizada que secuestra un Estado. El poder político y el poder armado (indisolublemente ligados a un poder económico factual, de naturaleza ilícita) no están concentrados en una sola persona; ni siquiera son gestionados jerárquicamente en forma vertical. Tales poderes están descentralizados; son poderes disgregados, desestructurados y con componentes fácticos. Se organizan en torno a una red de mafias, relativamente independientes entre sí, cuyo leitmotiv es el enriquecimiento personal ilícito. Lo anterior implica que resulta insuficiente descansar en un solo “alfil” a quien, bajo coacción, se le den “instrucciones” para ir generando tales cambios. Intentar la autodestrucción endógena de una estructura criminal descentralizada requiere usar varios “alfiles” actuando bajo coacción. De lo contrario, esta estrategia se convierte en un proceso de “prueba y error”, requiere demasiado tiempo para alcanzar su objetivo y se torna ineficiente.
Esto quedó de manifiesto en el caso de la liberación de los presos políticos. Este es un tema conflictivo que genera bastante oposición al interior del régimen,toda vez que amenaza su principal instrumento de permanencia en el poder: el terrorismo de Estado. De modo que este es un problema mayor, de alta conflictividad y resistencia interna. La Casa Blanca no internalizó adecuadamente ello y aplicó la misma receta: utilizar un único “alfil” como mecanismo de intermediación. Si bien se logró excarcelar presos políticos, ¡aún quedan alrededor de 500 presos políticos más otros detenidos desaparecidos! Aparte de que la “instrucción” respectiva dada a Delcy Rodríguez adoleció de una serie de falencias, la ineficiencia e ingenuidad mostrada por la Administración de EEUU en lograr este objetivo (liberar a todos los presos políticos) reflejaron que cambiar el comportamiento de la superestructura política del conglomerado criminal frente a este problema requería de varios “alfiles”, cada uno actuando bajo amenaza individual de uso de la fuerza. Aparte de Delcy Rodríguez, se necesitaba trabajar con cuatro “alfiles sumisos” más, en forma simultánea: el presidente de la AN chavista, el Ministro del Interior, el Fiscal General y la presidenta del TSJ. ¡Se necesitaban cinco “alfiles”, en total!
En general, bajo esta estrategia del gobierno de EEUU, cada meta específica a implementar bajo coacción requiere del uso simultáneo de varios “alfiles”, cada uno actuando bajo una amenaza creíble de uso de la fuerza, personalizada. Lo anterior se irá demostrando crecientemente a través del tiempo a medida que avance el grado de oposición interna del régimen asociado a estas “instrucciones”.
Esta falencia estructural asociada a la implementación de la estrategia de Washington contribuye a ralentizar el avance en esta etapa de pretransición a la democracia y, por ende, retarda innecesariamente la transición a la democracia en Venezuela.
*SOBREDIMENSIONAMIENTO DE FASE DE RECUPERACIÓN ECONÓMICA
Aparte de la falencia estructural de esta estrategia, antes señalada, existe otro problema que también ha implicado dilatar innecesariamente esta etapa de pretransición a la democracia. Me refiero a las tres “fases” definidas por la Administración de EEUU: estabilización, recuperación económica y transición a la democracia (las dos primeras conforman la etapa de pretransición a la democracia). En particular, la fase de “recuperación económica” no internalizó que resulta inviable alcanzar las metas deseadas por el gobierno de Trump en términos de inversiones en el sector petrolero (US$ 120.000 millones en 8 años). Estas son inversiones de largo plazo para las cuales el sector privado exige seguridad jurídica y estabilidad institucional, lo que requiere la vigencia del estado de derecho (Venezuela ocupa el último lugar a nivel mundial en el Índice de Estado de Derecho del World Justice Project). Ello no es sustituible por el actual tutelaje de EEUU sobre el Estado Venezolano, de suyo transitorio. Era obvio que leyes emanadas de una AN chavista ilegítima (¡no reconocida por EEUU!) cuya fecha de término es inminente pero desconocida, al igual que el actual TSJ, no configuran un entorno jurídico e institucional adecuado para los inversionistas extranjeros. En el caso de eventuales inversiones en el sector minero (también promocionadas por la Administración Trump), el problema es aún peor: se requiere primero desarmar o exterminar los grupos paramilitares (fundamentalmente extranjeros) que controlan de facto el Arco Minero del Orinoco (lo cual demanda uso de fuerzas militares: no sirve aquí el mecanismo de los “alfiles”). Afortunadamente, recientemente el gobierno de EEUU parece haberse convencido de que esta fase de “recuperación económica” no se podrá implementar adecuadamente sino hasta que se llegue a la etapa de transición a la democracia.
*Desaprovechamiento de activos institucionales de reemplazo existentes en Venezuela
La estrategia del Pdte. Trump aparentemente no ha internalizado que en Venezuela existen cuerpos colegiados legitimados - AN 2015 y TSJ en el exilio – que han sido apartados por el régimen y que permitirían ir sustituyendo parte de los actuales poderes del Estado, sin necesidad de pasar por elecciones en el corto plazo. Ello simplificaría y aceleraría significativamente el proceso de pretransición a la democracia, pavimentándole el camino a la transición a la democracia. Desgraciadamente, el foco ha estado puesto en personas más que en instituciones. Muy pronto el gobierno de EEUU debiera sustituir la írrita AN chavista por la AN del 2015, reconocida por EEUU, y el actual TSJ por el TSJ en el exilio (emanado de AN 2015). Ello puede contribuir a conformar una institucionalidad de enlace de carácter transitorio (dos años), con cargos interinos en el poder legislativo, poder judicial, gobernadores y alcaldes, que posteriormente serían sustituidos una vez que se efectúen elecciones generales en un contexto democrático. A mi juicio, lo mismo es válido con el Pdte. Electo, Edmundo González. Todos estos “activos institucionales” están siendo desaprovechados; todos pueden ser utilizados en el corto plazo por un período de dos años, mientras se logran las condiciones preelectorales requeridas para hacer elecciones transparentes, libres, secretas, informadas e internacionalmente supervisadas. Si se sigue este camino, la transición a la democracia podría iniciarse a comienzos del segundo semestre del presente año. No proceder de esta manera retarda innecesariamente la transición a la democracia y, por consiguiente, posterga la urgente recuperación económica que evitaría el estallido social en ciernes. Este es inducido por un justificado descontento social en virtud de la aguda crisis económica y de servicios públicos que vive el 80% de la población. Esto último no se va a solucionar de un día para otro, pero las expectativas de solución son muy distintas en un contexto democrático.
* Encuestas indican que la estrategia de la Administración Trump no es entendida ni aceptada por la inmensa mayoría del pueblo, quien manifiesta urgencia en la materialización del cambio político estructural.