Las cosas no pasaban una sola vez. Volvían. Como si el tiempo diera vueltas, como si la vida insistiera en repetirse todo regresaba. Una y otra vez. Y en medio de todo cada uno estaba solo. Acompañado,
pero solo. Porque hay destinos que no se escapan. Solo se repiten.
No somos ni seremos, y ya lo entendí. Pero hubo un tiempo en el que sí fuimos. Fuimos esos que coincidieron sin buscarse y que se hicieron bien en un momento equivocado. Fuimos la manera más bonita y más difícil en la que la vida me recordó que no siempre se puede tener todo.
Que satisfacción romper un vinculo con alguien y no encontrarte con esa persona nunca más ni de casualidad, ni siquiera estando en el mismo lugar. Cuando el universo selecciona quien nunca más merece estar en tu camino.
Hace demasiado que no das señales de vida. Es todo un alivio. Pero sé que aparecerás de nuevo cuando no lo espere. Para girarme el mundo. Lo pondrás patas arribas otra vez, dejándome hecha un desastre, para luego marcharte e iniciaremos de nuevo este circulo vicioso