Porfirio Díaz Mori@DonPorfirioDiaz
El Ángel de la Independencia, el monumento más querido de la Ciudad de México, el que abrazan cuando gana la selección y el que vandalizan cuando hay marchas, tardó casi setenta años en construirse no porque fuera difícil sino porque nadie se ponía de acuerdo ni había dinero ni estabilidad política. El primer intento fue en 1843, cuando Santa Anna convocó un concurso internacional para hacer un monumento a la Independencia. El jurado eligió el proyecto del arquitecto francés Enrique Griffon. Santa Anna lo descartó porque no le gustó y nombró ganador al que había quedado en segundo lugar. Se construyó la cimentación y parte de la columna. Luego llegó la Intervención Francesa, luego la República Restaurada, luego varios presidentes más, y el monumento se quedó a medias y abandonado durante décadas. En 1886, Porfirio Díaz convocó otro concurso internacional. Ganó una firma estadounidense de Washington. Díaz pospuso las obras. Los americanos esperaron, vendieron el proyecto al gobierno y se fueron. En 1900, Díaz nombró al arquitecto Antonio Rivas Mercado director del proyecto, quien contrató al escultor franco-italiano Enrique Alciati para las figuras y al ingeniero Roberto Gayol para la obra civil. El 2 de enero de 1902 se colocó la primera piedra con toda la pompa del Porfiriato: un cofre dorado adentro con el Acta de Independencia, treinta monedas de cuño corriente de 1901, ejemplares de los principales periódicos del día, y una lira peruana que depositó el ministro del Perú porque estaba en el evento y no quería quedar mal. El famoso fotógrafo Guillermo Kahlo, el papá de Frida, fue el encargado de documentar toda la construcción. Para 1906 era evidente que los cimientos de un lado se estaban hundiendo. Se demolió todo lo construido. Se empezó desde cero en 1908 con un nuevo sistema de pilotes de concreto, la primera vez que se usaba esa técnica en la ciudad. En 1910, ya prácticamente terminado, los ingenieros se dieron cuenta de que habían olvidado poner coladeras en la terraza superior. También faltaba el pararrayos que estaba en el proyecto original. Ya no había tiempo. El 16 de septiembre de 1910, ante 10,000 soldados, marinos y delegaciones extranjeras, con 21 cañonazos y el Himno Nacional cantado por cientos de niños, Porfirio Díaz inauguró la Columna de la Independencia. El costo total fue de 2 millones 150 mil pesos, una fortuna. Sesenta y siete días después estalló la Revolución Mexicana y Díaz estaba huyendo a París. El Ángel que hoy es símbolo de México y del que nos apropiamos cada vez que algo nos emociona lo construyó el hombre al que los libros de texto enseñaron a odiar. Ese es el dato incómodo que la historia oficial prefiere no poner en el centro.