David González

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David González

David González

@Davidkritik

Madrid, Spain Katılım Aralık 2015
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David González
David González@Davidkritik·
@pitiklinov No hay que confindir feminismo con "androfobia", porque volvemos a caer en generalizaciones. Pero obviamente hay muchas mujeres autodenominado feministas que son androfóbicas, y que terminan contaminando al feminismo, que tal vez no ha sido capaz de desligarse de esto
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Pablo Malo
Pablo Malo@pitiklinov·
Sobre las acusaciones generalizadas contra los hombres: En este post Tom Golden extiende el análisis de la psicología de las falsas acusaciones desde el plano interpersonal hasta el nivel cultural. Argumenta que los mensajes dominantes contra los hombres y la masculinidad funcionan de manera muy similar a una falsa acusación colectiva que se ha mantenido durante décadas. Frases como “los hombres son tóxicos”, “los hombres son opresores”, “la masculinidad es peligrosa”, “todos los hombres se benefician del patriarcado” o “la sexualidad masculina es amenazante” no representan críticas puntuales a conductas concretas, sino acusaciones morales generalizadas contra todo un grupo por el simple hecho de nacer hombres. Esto es muy distinto a reconocer que algunos hombres cometen actos dañinos. Golden destaca una asimetría cultural muy significativa: las acusaciones generalizadas contra otros grupos (inmigrantes, musulmanes, judíos, negros, gays, etc.) son rápidamente desafiadas y catalogadas como prejuicio, xenofobia o islamofobia. En cambio, las acusaciones generalizadas contra los hombres suelen estar normalizadas y rara vez se las califica de misandria. Esta doble vara genera un ambiente donde condenar a los hombres se percibe como algo moralmente virtuoso, mientras que cuestionarlo conlleva riesgo social. Estas narrativas se sostienen gracias a fuertes incentivos: quien las repite recibe aprobación, estatus, sensación de superioridad moral y pertenencia a una comunidad “consciente”. Se trata de un claro señalamiento de virtud que se amplifica en redes sociales, donde la indignación genera likes. Además, cuentan con protección institucional ya que los medios, la academia, las empresas y la industria del entretenimiento las repiten constantemente con poca o nula crítica, creando una atmósfera donde la sospecha moral hacia los hombres forma parte del aire cultural que respiran los niños desde pequeños. Los efectos psicológicos en los hombres son notablemente parecidos a los de una falsa acusación personal: hipervigilancia, ansiedad social, depresión, aislamiento, miedo a relacionarse (especialmente con mujeres), vergüenza internalizada por ser hombre y una sensación constante de estar vagamente acusado sin haber hecho nada concreto. Aparecen también dobles vínculos (trampa kafkiana): si un hombre se defiende, “prueba” que es frágil o inseguro; si se calla, las acusaciones quedan sin respuesta. Golden no niega que existan hombres que hagan daño, pero insiste en la diferencia crucial entre “algunos hombres hacen daño” y “los hombres son el problema”. Una cultura sana debe poder criticar conductas destructivas sin estigmatizar moralmente a todo un grupo, especialmente a los niños que están formando su identidad. Como solución práctica, el autor propone interrumpir con calma estas generalizaciones cuando las escuchemos, usando lógica, serenidad y claridad. Ejemplos de respuestas: “Eso es una acusación generalizada contra todo un grupo de personas, es una falacia lógica”, “Suena a estereotipo contra un grupo por nacimiento” o “Parece que te cuesta encontrar compasión por los hombres” (esta última suele obligar al interlocutor a afirmar que sí tiene compasión y cambia el tono de la conversación). Lo importante es no caer en la reactividad y mantener la calma. En definitiva, Tom Golden concluye que los hombres, como cualquier otro grupo, merecen la misma claridad moral. No se trata de ignorar problemas reales, sino de rechazar la condena colectiva que convierte a millones de personas inocentes en sospechosos simplemente por su sexo. Recuperar una visión humana de la masculinidad -lejos de caricaturas ideológicas- es esencial para una sociedad más justa y compasiva. api.omarshehata.me/substack-proxy…
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AntonioMaestre
AntonioMaestre@AntonioMaestre·
Espectacular el resultado de Adelante Andalucía. Una muestra más de que la unidad por la unidad no sirve para nada.
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David González
David González@Davidkritik·
@pitiklinov Idea: parábola del buen samaritano. Varios judíos se portan correctamente, según su obligación moral, con el extranjero: ayudan al prójimo (los "nuestros") y no a los enemigos (los "otros"). Contrapropuesta radical: el prójimo es cualquiera, no hay enemigos, todos somos"nosotros"
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Pablo Malo
Pablo Malo@pitiklinov·
Los humanos dividimos el mundo de forma natural en “Ellos” y “Nosotros”, un mecanismo antiguo que ayudó a nuestra supervivencia. Sin embargo, estudios como éste que cita Van Bavel aquí muestran que el cerebro es flexible y que podemos redefinir quién forma parte de ese “Nosotros”. En el estudio investigadores de Singapur, un país multicultural, usaron resonancia magnética para observar cómo cambia la actividad cerebral cuando las personas ven caras de su propio grupo étnico y de otros grupos. Primero activaban la identidad étnica (“soy chino”, “soy malayo”, etc.) y luego la identidad nacional (“soy singapurense”). Los resultados fueron claros: cuando se activaba solo la identidad étnica, el cerebro respondía con más fuerza a las caras del propio grupo y menos a las de los demás. Pero al activar la identidad nacional, la corteza prefrontal ventromedial (una zona relacionada con el “yo” y las personas cercanas) se activaba también ante las caras de otros grupos étnicos. Es decir, el cerebro empezaba a tratar a antiguos “ellos” de forma más parecida a “nosotros”. Esto no borra completamente las diferencias étnicas, pero sí reduce la distancia neural entre ambos grupos. El estudio apoya la idea de que una identidad más amplia (nacional) puede recategorizar parcialmente a las personas de fuera, siempre que se perciba que remamos en la misma dirección y compartimos objetivos comunes. Personalmente, creo que a lo largo de la historia hemos ampliado ese “Nosotros” varias veces: de la tribu al clan, de la ciudad a la región y luego a la nación. Cada expansión permitió mayor cooperación y paz interna. Sin embargo, esta redefinición tiene límites claros. Cuando los valores, intereses, religiones u objetivos son muy diferentes o directamente opuestos, es mucho más difícil integrar a los “otros”. La conclusión del estudio sería que la identidad nacional actúa como una identidad de orden superior que permite al cerebro recategorizar parcialmente a las personas de otros grupos étnicos, pasando de tratarlos como “ellos” a tratarlos más como “nosotros”. Esto apoya el Common Ingroup Identity Model (Modelo de Identidad Común) que dice que cuando una identidad compartida más amplia se vuelve saliente, se reduce el sesgo intergrupal.
Jay Van Bavel, PhD@jayvanbavel

National identity reconfigures brain responses from “them” to “us” A new paper finds that briefly priming national versus ethnic identity increases ventromedial prefrontal cortex activation for ethnic out-group faces, a pattern typically reserved for self and in-group processing. This helps explain how shared group membership could support efforts to reduce intergroup bias. pnas.org/doi/10.1073/pn… This is very similar to a fMRI study I ran 20 years ago for my PhD Dissertation. Simply assigning people to a mixed-raced team shifts neural responses to focus on shared group membership and away from race (we also found a similar pattern from the ventromedial cortex). journals.sagepub.com/doi/abs/10.111… It's nice to see the same pattern happens for national identity that we have found with more basic shared identities.

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Pablo Malo
Pablo Malo@pitiklinov·
Según el psicoterapeuta James Barnes, la inteligencia artificial, como ChatGPT, puede imitar una conversación terapéutica de forma muy convincente, pero nunca podrá ofrecer una verdadera terapia. Lo que realmente cura en psicoterapia no son los consejos ni la información que se proporciona, sino la relación humana auténtica que se establece entre terapeuta y paciente. La IA no comprende nada de lo que dice ya que simplemente predice las palabras más probables según los datos con los que ha sido entrenada. No tiene conciencia, emociones ni experiencias vividas. La terapia se basa en la comprensión profunda y empática (lo que se llama Verstehen), que requiere haber sentido en primera persona el dolor, el miedo o la pérdida para conectar de verdad con el sufrimiento del otro. La IA carece de cuerpo, de historia personal y de vivencias, por lo que nunca podrá participar en ese tipo de encuentro humano. Además, en la terapia humanista y relacional, los errores, las fallas de sintonía y las limitaciones del terapeuta son fundamentales. Es precisamente cuando el terapeuta se equivoca y luego repara la relación con autenticidad donde ocurre gran parte de la sanación. La IA, siempre tan “perfecta” y predecible, no puede ofrecer esta experiencia tan humana de vulnerabilidad y reparación. En definitiva, según Barnes, la terapia no es un servicio técnico de simulación de empatía. Es un encuentro real entre dos seres humanos vulnerables y limitados. La IA puede parecer un terapeuta muy bueno, pero nunca será una persona. Y en terapia, ser persona es exactamente lo que importa.
James Barnes MSc., MA@psychgeist52

"What AI Will Never Do." My new @PsychToday article explores why AI will never be able to do therapy: AI can simulate empathy, and it can simulate therapy. But it doesn't actually do either, as it doesn't understand and it cannot relate 👇 psychologytoday.com/gb/blog/the-be…

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David González retweetledi
Vickybol
Vickybol@VickyBol·
No existe un único tipo de hombre maltratador, pero tienen comportamientos comunes. Raquel Riba Rossy los describe muy bien en su nuevo cómic de Lola Vendetta: "Katanazo al amor romántico 2". A temblar con las catanas. Viva el conocimiento y el pensamiento crítico.
Vickybol tweet mediaVickybol tweet media
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David González
David González@Davidkritik·
@pitiklinov Pienso qué sí se deben generar carencias sociales (y por lo tanto personales), como mayor aislamiento, mayor vulnerabilidad emocional, dependencia y tal vez problemas de atención sostenida. Ni que decir tiene que la alternativa televisiva no mejora esto (o unas más que otras)
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Pablo Malo
Pablo Malo@pitiklinov·
No me creo del todo los resultados de este estudio y me gustaría ver que se replica pero os cuento los resultados: El estudio investiga si el uso del teléfono móvil en la primera adolescencia (entre los 10 y 13 años) desplaza el tiempo que los niños dedican a actividades beneficiosas para su desarrollo, como actividades de enriquecimiento (lectura, deberes, clases extraescolares), actividad física y sueño. Es un estudio serio y fiable porque sigue a los mismos niños a lo largo del tiempo con datos muy buenos de Australia y utiliza un método estadístico avanzado que permite comparar mejor los resultados. Los hallazgos principales rechazan la hipótesis de desplazamiento de tiempo. Cuando los adolescentes adquieren su primer teléfono móvil, no reducen significativamente el tiempo dedicado a lectura por placer, deberes, actividades culturales, deporte estructurado, actividad física no estructurada ni sueño. No se encontraron diferencias según el nivel socioeconómico de la familia. En cambio, sí se observa un desplazamiento claro: adquirir el teléfono móvil se asocia con una reducción de casi 28 minutos al día viendo televisión, películas o vídeos. Esto sugiere que el aumento en el uso del móvil no está quitando tiempo a actividades útiles, sino que principalmente está reemplazando otras actividades de pantalla tradicionales (sobre todo la televisión). El autor concluye que el gran aumento en el uso de móviles entre los adolescentes parece reflejar un cambio de un tipo de pantalla a otra, más que una pérdida de tiempo en actividades enriquecedoras o saludables. Por tanto, las recomendaciones de retrasar la edad de adquisición del primer móvil probablemente no aumenten el tiempo que los niños dedican a actividades beneficiosas.
Chris Ferguson 🇺🇸🎇🎆@CJFerguson1111

@AnnahBackstrom Good to remind that evidence doesn't suggest phones replace IRL activities or socialization, but mainly displaces television: sciencedirect.com/science/articl…

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David González
David González@Davidkritik·
@perezlesmess @pitiklinov Justo! La enfermedad social que consiste en 1) compararse permanentemente (competitivamente, no para aprender) con los demás (por el valor) y 2) tomar fracciones de vida aisladas como lo ideal, comparando lo incomparable (así se activan los círculos viciosos de la dopamina)
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David González retweetledi
Cracklos
Cracklos@perezlesmess·
@pitiklinov "Comparison is the thief of joy.” Theodore Roosevelt. Vivimos rodeados de vitrinas humanas, éxitos editados, felicidades filtradas y vidas resumidas en sus mejores minutos. Así cualquiera se siente insuficiente.
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Pablo Malo
Pablo Malo@pitiklinov·
Montesquieu sobre la felicidad: «Si solo deseáramos ser felices, esto sería fácil de conseguir; pero queremos ser más felices que los demás, y esto es siempre difícil, porque creemos que los otros son más felices de lo que realmente son.»
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David González
David González@Davidkritik·
@pitiklinov De qué hablamos cuando hablamos de felicidad? Creo que de la falta de delimitación, indefinición e, incluso, confusión de cosas distintas, salen muchas contradicciones. Por ejemplo: de la necesidad de compararse constantemente, no sale ningún "estado" realmente satisfactorio
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David González
David González@Davidkritik·
@pitiklinov de vivir juntos en un mundo, inevitablemente, cada vez más global. Disculpa la extensión. Tampoco puedo afinar más por aquí. Diferimos en muchas cosas, pero respeto enormemente tanto tu esfuerzo racional, como todo lo que compartes y resumes, que es de gran interés. GRACIAS
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David González
David González@Davidkritik·
@pitiklinov incluyendo la diversidad, que creo es un aspecto irreductiblemente humano y que es importante para la convivencia, la creatividad, la complejidad social y nuestras posibilidades como especie, así como buscar, desde la participación y la deliberación conjunta, la forma más óptima
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Pablo Malo
Pablo Malo@pitiklinov·
“La moral une y ciega”, que decía Jonathan Haidt: La certeza moral excesiva es peligrosa. Cuando estamos convencidos de que nosotros somos “los buenos” y los que piensan diferente son “los malos”, perdemos la capacidad de ver matices, nos volvemos intolerantes y terminamos replicando los mismos defectos que criticamos. Es fácil creer que nuestras opiniones, intenciones y marcos morales son los correctos. El problema surge cuando esa “corrección” se convierte en virtud absoluta y por lo tanto si yo soy bueno, el otro es malo por definición. Esta mentalidad justifica tratar peor a los que piensan distinto: cancelarlos, atacarlos, negarles oportunidades laborales o someterlos a ataques personales. El internet y las redes sociales han amplificado enormemente este fenómeno. Quienes adhieren a la “justicia social crítica” suelen verse a sí mismos como inherentemente buenos porque defienden a los oprimidos. Esta convicción les ciega ante los daños colaterales de sus ideas, como el antisemitismo disfrazado de antisionismo o las políticas trans que ponen en riesgo a mujeres en prisiones. Sin embargo, el mismo problema existe en el lado opuesto ya que quienes critican la justicia social crítica también caen a menudo en asumir mala fe o maldad en sus oponentes, ignorando que muchas personas creen genuinamente que están protegiendo a los vulnerables. La autora habla de que se produce una escisión psicológica “psychological splitting”. Esta escisión consiste en: “Ubicar todos los aspectos de la bondad en nosotros mismos mientras expulsamos la maldad hacia los demás (o, a la inversa, ver la maldad en nosotros mismos mientras idealizamos a los otros). Las personas se convierten en ángeles o demonios, sin que les moleste el matiz o la complejidad… Recurrimos a la escisión porque es difícil ver la oscuridad en nosotros mismos. La escisión también simplifica las relaciones, aumenta la autoestima (¡no somos nosotros el problema!) y nos ayuda a forjar conexiones con personas que sienten lo mismo. Pero también tiene costos: nos vuelve menos tolerantes y más frágiles. Deshumaniza a los disidentes: las personas “malas” son vistas como irremediablemente defectuosas e indignas de empatía. El diálogo se vuelve inútil.” La autora concluye que la humildad, la tolerancia a la complejidad y la disposición a cuestionar nuestras propias creencias son antídotos necesarios. Reconoce que nadie, ni siquiera ella misma, está completamente exento de esta tendencia: “El problema de la certeza moral es que, sin crítica, preguntas ni desacuerdo, terminamos en el mismo lugar moral turbio en el que hemos colocado a aquellos con quienes discrepamos”. (Que conste que todo esto lo dije yo antes en los Peligros de la Moralidad 😉)
Matilda Gosling@matildagosling

What happens when we become convinced that being right makes us morally good, and that people who disagree must be morally bad? This week’s piece looks at moral blindspots among people and institutions that perceive themselves to be good. In which I pick on the (in)aptly named Good Law Project.

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David González
David González@Davidkritik·
@pitiklinov Estoy de acuerdo. A partir de los 70 entramos en "territorio desconocido". En mi experiencia (no generalizable por tanto) de 70 a 80, hay aún bastantes posibilidades de autonomía y creatividad. Luego, salvo contadas excepciones, llega la inevitable "cuesta abajo"
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Pablo Malo
Pablo Malo@pitiklinov·
Este libro del que hablan aquí, escrito por el antropólogo Michael Gurven, dice algo sobre la vejez que puede sonar sorprendente para muchos pero que no es del todo nuevo porque ya lo han dicho otros antes. Su tesis principal es muy directa: los seres humanos estamos diseñados por la evolución para vivir aproximadamente siete décadas (alrededor de 70 años). No es algo nuevo ni moderno; ha sido así desde siempre. Gurven revisa datos de sociedades actuales y del pasado (incluyendo cazadores-recolectores que viven sin medicina moderna) y muestra algo que puede sonar sorprendente: en todas las sociedades con buenos registros, la edad más común de muerte de los adultos (lo que se llama “edad modal de muerte”) ha sido consistentemente alrededor de los 70 años. Solo en las últimas décadas ha subido un poco hasta los 80 gracias a la medicina y la nutrición. Esto significa que no es verdad que en el pasado la gente moría muy joven y casi nadie llegaba a viejo. La esperanza de vida al nacer era baja (por la alta mortalidad infantil y de jóvenes), pero quienes sobrevivían a la niñez y a los primeros años de adulto solían vivir hasta los 70 con bastante frecuencia. La longevidad no es un invento reciente sino que forma parte de nuestro “diseño” como especie. El libro explica por qué evolucionamos para vivir tanto tiempo. Gurven usa evidencia antropológica, fósiles y estudios de poblaciones tradicionales para mostrar que tener abuelos y personas mayores vivas era útil para la supervivencia del grupo: ayudaban a cuidar niños, transmitían conocimiento y compartían recursos. En otras palabras, la vejez no es un “error” de la evolución ni un simple deterioro sino que tiene un propósito. En resumen: no somos una especie que “se supone que muere joven”. Estamos hechos para durar siete décadas, y los datos de todo el mundo -pasado y presente- lo confirmarían.
Robin Hanson@robinhanson

"in every society for which there are good data—contemporary and historical—living to older ages is not just for a few unusual outliers … modal age at death is consistently around 70, only recently increasing a bit to 80 or so." journals.uchicago.edu/doi/full/10.10…

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David González retweetledi
Karme
Karme@karmeyeste·
Ahir vam tornar a fer per 4a vegada la jornada informativa a joves del sistema de protecció a la infància i l'adolescència sobre el programa AMB-EXIT-ED de la @universitatURV ! Com sempre emocionant taula de referents! Pq la "universitat tb és per tu" #protegiminfancia
Karme tweet mediaKarme tweet media
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David González
David González@Davidkritik·
@pitiklinov Lo bueno de conocer todo esto es poder reconocer que podemos participar de esos sesgos -aparentemente biológicos-evolutivos, aunque seguramente lo cultural lo pueda moldear, y desde luego unos mas que otros, porque ninguna estadística es uniforme- para superarlos en alguna medida
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Pablo Malo
Pablo Malo@pitiklinov·
-Cuanto más atractiva se percibe a una mujer, más se le atribuyen cualidades positivas (sociable, inteligente, emocionalmente estable). -Cuanto menos atractiva, más se le atribuyen cualidades negativas (incompetente socialmente, poco inteligente, emocionalmente inestable). -El efecto negativo (penalizar a las poco atractivas) es tan fuerte o incluso más fuerte que el efecto positivo (beneficiar a las muy atractivas) en varios casos. -Este patrón se repite de forma similar tanto en caras alemanas como brasileñas, lo que sugiere que el sesgo es bastante universal.
Koenfucius 🔍@koenfucius

Research by Kordsmeyer et al using photos of German and Brazilian faces suggests the tendency to infer positive characteristics from attractiveness has a negative counterpart that can be at least as pronounced as positive biases for attractive individuals: buff.ly/fOvHuAK

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Cuca Casado
Cuca Casado@Sentisapiente·
La obscenidad de época no es que existan casos límite; es que el cuidado siga siendo incierto mientras la muerte se vuelve procedimiento claro. Una sociedad viva no ofrece el formulario antes que la mano. Lee mi artículo completo en @Disidentia disidentia.com/morir-en-tiemp…
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Cuca Casado
Cuca Casado@Sentisapiente·
Escribo en @Disidentia sobre la muerte asistida y el debate, tal como se plantea, se me queda estrecho. No es solo libertad vs. ideología. Es una pregunta más grave: ¿qué nos ha pasado para que la muerte comparezca donde antes debía comparecer el cuidado? ⬇️
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David González
David González@Davidkritik·
@Sentisapiente @pitiklinov @disidentia Muy de acuerdo. Regular la eutanasia es empezar la casa por el tejado, por lo fácil. Pera que fuera verdaderamente libre, todas las personas deberían tener acceso a los mejores cuidados y calidad de vida. Que alguien no soporte vivir también es un tema de en qué condiciones vive
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David González
David González@Davidkritik·
@pitiklinov Interesante. Bastante de acuerdo. Ahora parece que está de "moda" ¿síntoma de tiempos que corren? -aislamiento, competividad, incertidumbre...- ¿risis global? Tal vez su auge es un síntoma, pero bastante peligroso, como una fiebre que puede dañar o incluso matar
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Pablo Malo
Pablo Malo@pitiklinov·
Los hombres jóvenes (18-35 años) son los que más usan la indignación moral y el ataque moral a otros en debates políticos no para defender ideas, sino para ganar estatus social y dominancia. Este comportamiento se da independientemente de su orientación política: tanto hombres de extrema izquierda como de extrema derecha lo hacen por igual. Hay dos tipos de postureo moral: -El que busca Prestigio, es decir, mostrarse como buena persona ante tu propio grupo (para ganar admiración, atención y estatus). Este tipo es común en todas las edades y sexos. -El que busca Dominancia, es decir humillar, avergonzar y atacar moralmente a los que piensan diferente. Este tipo es mucho más frecuente en hombres jóvenes (18-35 años).
Jay Van Bavel, PhD@jayvanbavel

Young men use moral outrage to claim status in political debates. They are use moral and political discussions to shame others and assert dominance, regardless of their political beliefs. In contrast, both men and women were likely to use moral posturing to build up their reputations within their own groups. psypost.org/young-men-use-…

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