Andrea Fuentes retweetledi

Después del maltrato animal, ¿qué sigue?
En Santa Catarina, Nuevo León, al menos 70 perros recogidos por el municipio fueron olvidados durante semanas sin alimento, llevados a la inanición y posteriormente sacrificados.
Los animales terminaron en bolsas de basura.
El alcalde Jesús Nava es responsable por no asignar presupuesto real para la alimentación y por no dar un protocolo de atención.
El gobernador Samuel García prometió una investigación inmediata.
Justo después de que el caso se convirtiera en escándalo político por la divulgación de figuras como Ricardo Salinas.
En Ixtapaluca, Estado de México, un video mostró a personal del centro municipal decapitando perros con una sierra.
Hubo denuncias de cirugías negligentes, animales usados como “práctica quirúrgica” y hasta perros dados por muertos cuando aún estaban vivos.
El alcalde Felipe Arvizu se deslindó, la Fiscalía aseguró el lugar y los trabajadores se convirtieron en chivos expiatorios de una maquinaria de crueldad que llevaba años operando.
Los dos casos parecen distintos, pero son la misma historia: estalla el escándalo, se exhibe la crueldad, los políticos se indignan en público, se deslinda el presidente municipal y se sancionan a unos cuantos trabajadores.
Después, silencio.
Nada cambia.
La realidad que ningún político enfrenta
En todos los municipios del país los animales sin hogar son una constante.
Se estima que existen 33 millones de perros en la calle, y los gatos podrían ser el doble.
Sobreviven entre hambre, enfermedades y maltrato.
El fenómeno según el contexto
En municipios pobres, donde ni siquiera hay agua potable y la mayoría de personas vive en pobreza, los animales abandonados presionan a la fauna silvestre y a los recursos naturales.
En Copainalá, Chiapas ya hubo perros infectados con gusano barrenador.
En corredores industriales como Ecatepec, Ixtapaluca o municipios de Nuevo León, donde existe presupuesto suficiente, eligen el atajo: capturar y sacrificar.
El sacrificio como política disfrazada de humanidad
El llamado “sacrificio humanitario” sigue siendo la herramienta de control más usada.
Se mata porque resulta más barato y más rápido que esterilizar masivamente o fomentar adopciones reales.
La Ciudad de México, con toda su infraestructura y campañas mediáticas, reportó apenas 403 adopciones en un año.
Esa cifra es insignificante frente a los millones de animales en calle.
Lo que falta a nivel federal
La indignación pública no sirve de nada si no se traduce en reglas claras y obligatorias.
En México no existe una norma nacional mínima que obligue a todos los municipios a garantizar estándares de alimentación, esterilización, rehabilitación y adopción.
Se necesitan tres medidas inmediatas:
1. Una NOM federal de atención mínima, con protocolos obligatorios para los centros municipales.
2. Un fondo federal condicionado, que obligue a destinar presupuesto a esterilización masiva y no a matanzas disfrazadas de “humanitarias”.
3. Transparencia real, con datos públicos de cuántos animales son recogidos, sacrificados y adoptados en cada municipio.
El siguiente paso
Sin una política nacional, veremos lo mismo: evidencia desgarradora, alcaldes indignados frente a cámaras, culpables menores señalados, y millones de perros y gatos muriendo en las calles sin responsabilidad real.
El escándalo no es lo grave.
Lo grave es que ya se normalizó la crueldad como política pública.

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