Jesús Sotés
17 posts


Vera, con su body quirúrgico, Bambi, un chihuahua encantador y muy cariñoso, y Vilma, una jovenzuela de 13 años y medio, sumamente buena y dulce. Si en el paraíso no admite perros y gatos, que no cuenten conmigo. Además, creo que nuestros hermanos menores -no me gusta la expresión "animal" por su carácter despectivo- reúnen más méritos que la mayoría de los humanos, contaminados por el odio, la codicia y el egoísmo.

Español

@laurieablair Me alegra muchísimo que te guste, Laurence. Te deseo todo el éxito del mundo con ella.
Español

@JesusSotes Muchísimas gracias por la bella y profunda portada, Jesús. Eres un crack!
Español

MI EXPERIENCIA CERCANA A LA MUERTE
El 6 de enero de 2006 abusé de los hipnóticos (sufría una depresión y solo conseguía descansar a base de lormetazepam) y mis constantes vitales se desplomaron. No fue un intento de suicidio, pues si hubiera querido quitarme la vida, no me habría tomado siete u ocho pastillas, sino 50, como Alejandra Pizarnik. Piedad, mi mujer, no conseguía despertarme y, aterrorizada, llamó a urgencias. Al examinarme, el médico que -según me contaron- acudió en unos quince minutos, pidió una UCI móvil. Mientras tanto, me inyectó varias cosas y me puso un catéter con varios medicamentos.
En la UCI móvil, sufrí una parada cardiorrespiratoria y, paradójicamente, se restableció mi conciencia durante unos minutos, pero de una forma insólita. Me vi a mí mismo desde una perspectiva cenital y a los médicos que me reanimaban hablando entre ellos, con el semblante muy serio. Algunos dirán que fue una alucinación, pero las alucinaciones son irracionales. A veces soñamos que compartimos mesa con una estrella de cine o que volamos como pájaros, pero yo no fantaseé con nada extraño. Solo me vi a mí mismo inconsciente y con un pijama azul. Los médicos y enfermeros hacían su trabajo con diligencia. Recuerdo que un hombre de unos treinta y cinco años y el pelo negro, tras desabrochar mi pijama, me puso unos electrodos en el pecho. Después de un tiempo indeterminado, vi cómo se abrían mis ojos, se agitaba mi pecho y temblaban mis hombros. Luego, me sumí de nuevo en la oscuridad. Presumo que fue el momento en que volví a la vida. Nunca se han borrado de mi memoria esas imágenes.
Horas más tarde, desperté en el Hospital de la Paz de Madrid, con una sonda en la nariz que bajaba hasta mi estómago. Me habían salvado la vida. Siempre estaré agradecidísimo al personal sanitario. Sin su profesionalidad, no seguiría en este mundo. Si hubiera muerto ese 6 de enero, solo habría dejado un puñado de artículos y a mis seres queridos sumidos en el desconsuelo.
Pienso que la muerte solo es un tránsito, no un final. No creo en ese Dios omnipotente y omnisciente de las religiones, pero sí en la existencia de una supraconciencia cuántica, alfa y omega del universo. Todo procede de un origen común y regresa a esa matriz tras su viaje por el tiempo, el espacio y la materia. ¿Por qué la supraconciencia se objetiva, por qué sale de sí misma? Su esencia es la creatividad y no puede permanecer inmutable e inmóvil. Su vida consiste en desarrollarse y alcanzar la plenitud, incorporando a su devenir las formas individuales que han aportado bien y belleza. Situada más allá del tiempo, el espacio y la materia, esa supraconciencia es lo que Platón llamó Mundo de las Ideas y otras tradiciones han denominado Cielo o Paraíso. Se trata de conceptos metafóricos que intentan expresar algo que está más allá de la razón, pero no contra la razón.
La ciencia se parece a las antenas de un insecto. Las antenas son muy útiles, pero su comprensión de la realidad es insuficiente y limitada. Nos ayudan a sobrevivir, pero no sirven para responder las preguntas fundamentales. Jamás serán capaces de explicar por qué hay algo en vez de nada. Nunca nos proporcionarán el sentido último de la existencia. De hecho, la ciencia siempre desemboca en el nihilismo. Desde su punto de vista, la vida carece de propósito y finalidad. Yo no creo que sea así. Irrumpimos en este mundo para adquirir una identidad y desarrollar una personalidad peculiar e irrepetible. La muerte es el precio de esa experiencia, pero si fructificamos, si sabemos aprovechar nuestro tiempo limitado y prodigamos amor y consuelo a los otros, nuestra individualidad será absorbida y preservada por la supraconciencia cuántica.
El cardiólogo Manel Sans Segarra ha investigado sobre las experiencias cercanas a la muerte. Antes de hacer comentarios pueriles, aconsejo escuchar la entrevista que dejo más abajo. Gracias a Sans Segarra, he comprendido mejor lo que me sucedió. Exijo respeto en los comentarios. Con la edad, mi tolerancia a la falta de cortesía prácticamente se ha desvanecido.
youtube.com/watch?v=h-3Nvp…

YouTube

Español

Hermana, solo sí es sí, y se nos acaba la paciencia
Un mensaje de @pardodevera a todos los partidos feministas de cara al próximo #8M
publico.es/publico-tv/pub…
Español

@Apapell No se ha vuelto, simplemente no pueden ocultar lo que son.
Español

















