Manuel Reyes
1.1K posts









Buenos Aires, 25 de junio de 2026 Querido Esteban: Leí con atención tu carta. Antes que nada, quiero decirte que respeto la decisión que tomaste y el camino personal que venís recorriendo. Nadie puede desconocer tu compromiso con el PRO, con la Argentina y con los valores que siempre defendiste. Justamente por eso, tengo que decirte que me duele que una historia compartida de más de veinte años termine con una mirada que considero injusta hacia quienes seguimos trabajando para sostener este proyecto en un momento especialmente difícil. Decís que el partido eligió proteger a Manuel Adorni. Eso no es verdad. Nuestra posición frente a ese nombramiento fue clara desde el primer día. Fuimos los primeros en señalar públicamente que su designación era un error y que no debía haberse producido (recordarás el tweet de Mauricio inmediatamente después de conocerse el anuncio). Tampoco es cierto que hayamos renunciado a exigir responsabilidades. Más bien, todo lo contrario. Nosotros impulsamos la interpelación mediante un proyecto propio presentado por el presidente del PRO en el Senado, convencidos de que ese era el camino institucional correcto para esclarecer los hechos. No hubo nada nuevo en nuestra conducta. El PRO siempre se para del lado de la ley y cumple con el compromiso de hacer lo que haya que hacer, no lo que conviene. Acá creo necesario detallar el recorrido técnico de todo este proceso, porque mucha de la información que llegó a la opinión pública fue incorrecta y, en algunos casos, terminó distorsionando la comprensión de los hechos. Vale la pena repasarlo en esta carta. El proyecto de interpelación ya había sido girado a comisión y eso era lo que correspondía tratar. Lo que pretendía el kirchnerismo era montar una escena de escándalo e indignación no para avanzar institucionalmente en el esclarecimiento de la situación de Adorni, sino para generar un conflicto político contra el Gobierno. No creímos correcto prestarnos a esa maniobra, porque una cosa es ejercer el control republicano y otra muy distinta es ser el facilitador de una operación política con objetivos desestabilizantes. Como sabés, nosotros por defecto estaremos parados en la vereda de enfrente de los K y respetaremos al gobierno elegido. (Mientras escribo esto, se acaba de caer la sesión en el Senado para interpelar a Adorni por falta de quórum. NI LLA ni el kirchnerismo se presentaron, solo estaba el PRO) Por supuesto que podemos discutir estrategias. Lo que hacemos siempre puede contener errores. Vos conocés bien la dinámica de la política y sabés que el error forma parte de ella. Aunque en este caso no creo que lo haya habido, acepto que toda decisión política es discutible. Lo que sí me resulta muy injusto, y por eso sentí la necesidad de escribirte esta carta, es interpretar que actuamos por conveniencia o que abandonamos nuestros principios. Quienes hoy sostenemos el PRO también lo hacemos desde nuestras convicciones y con la responsabilidad de cuidar una fuerza política que atraviesa un momento complejo. Esa tarea exige tomar decisiones difíciles y, muchas veces, incomprendidas, como la que estamos discutiendo acá. Pero esa es la batalla que hoy nos toca dar. Nos hubiera gustado darla con vos. Por eso, lamento que hayas sentido que ya no tenías un lugar dentro del partido que ayudaste a fundar. Tu aporte a esta historia es innegable. El PRO, Mauricio y yo, siempre te estaremos agradecidos y reconoceremos tu valentía. Pero con la misma honestidad que exige nuestro vínculo, es importante señalar el desacuerdo con tus palabras. Esteban, te queremos y te necesitamos, como necesitamos a todos los que crean en la importancia que tiene el PRO en esta encrucijada. Ojalá podamos seguir encontrándonos en aquella ideas que siempre nos unieron, la búsqueda de una Argentina mejor, el cambio, el futuro. Con afecto, Fernando.







Buenos Aires, 24 de junio de 2026 Al Ing. Mauricio Macri Presidente del PRO De mi mayor consideración: Por medio de la presente quiero presentar mi renuncia irrevocable al PRO, partido que tuve el honor de fundar junto a vos hace más de veinte años. No es fácil escribir estas líneas. Una parte importante de mi vida está unida a la historia del PRO. Compartimos el sueño de construir una nueva forma de hacer política, basada en la honestidad, la cercanía, la vocación de servicio y el respeto por las instituciones. Desde ese sueño asumí responsabilidades que marcaron mi vida y puse siempre lo mejor de mí para honrar la confianza que el partido y la sociedad depositaron en mí. Justamente por haber sido parte de esa construcción, siento hoy la obligación moral de ser coherente con aquellos valores fundacionales. Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen. No se trata de diferencias tácticas, ni de matices propios de cualquier fuerza política. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos. Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia. También me confirmó una convicción que atraviesa Liderazgo espiritual: el verdadero liderazgo no nace del poder ni del éxito electoral; nace de la coherencia entre los valores que proclamamos y las acciones que elegimos cuando esos valores son puestos a prueba. En ese camino de reflexión fui comprendiendo que permanecer en el partido implicaba aceptar silencios y decisiones con las que ya no podía identificarme. La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia. No porque crea que una persona defina el destino de un partido, sino porque las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo. No escribo estas palabras desde el enojo ni desde el resentimiento. Siento un profundo agradecimiento por el camino recorrido, por las oportunidades que recibí y por tantas personas valiosas con las que compartí este proyecto. Conservo intacto el afecto por quienes, desde distintos lugares, siguen creyendo de buena fe en el PRO. También mantengo hacia vos un sincero reconocimiento por haber impulsado un espacio que cambió para siempre el mapa político argentino y permitió que muchos encontráramos un lugar desde donde servir al país. Pero hay momentos en los que la fidelidad a una organización no puede estar por encima de la fidelidad a la propia conciencia. Permanecer, para mí, sería dejar de vivir de acuerdo con aquello que intento enseñar y transmitir. Por eso doy este paso con serenidad, sin estridencias y sin rencores. Mi compromiso con la Argentina permanece intacto. Seguiré trabajando, desde donde Dios me permita hacerlo, para promover una cultura política que entienda el poder como servicio, la verdad como un deber y la dignidad de cada persona como el centro de toda decisión. Deseo sinceramente que el PRO pueda reencontrarse con el espíritu que inspiró su nacimiento. Porque los partidos políticos, como las personas, solo perduran cuando tienen el coraje de volver una y otra vez a los principios que les dieron vida. Con respeto y afecto, Esteban Bullrich


Buenos Aires, 24 de junio de 2026 Al Ing. Mauricio Macri Presidente del PRO De mi mayor consideración: Por medio de la presente quiero presentar mi renuncia irrevocable al PRO, partido que tuve el honor de fundar junto a vos hace más de veinte años. No es fácil escribir estas líneas. Una parte importante de mi vida está unida a la historia del PRO. Compartimos el sueño de construir una nueva forma de hacer política, basada en la honestidad, la cercanía, la vocación de servicio y el respeto por las instituciones. Desde ese sueño asumí responsabilidades que marcaron mi vida y puse siempre lo mejor de mí para honrar la confianza que el partido y la sociedad depositaron en mí. Justamente por haber sido parte de esa construcción, siento hoy la obligación moral de ser coherente con aquellos valores fundacionales. Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen. No se trata de diferencias tácticas, ni de matices propios de cualquier fuerza política. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos. Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia. También me confirmó una convicción que atraviesa Liderazgo espiritual: el verdadero liderazgo no nace del poder ni del éxito electoral; nace de la coherencia entre los valores que proclamamos y las acciones que elegimos cuando esos valores son puestos a prueba. En ese camino de reflexión fui comprendiendo que permanecer en el partido implicaba aceptar silencios y decisiones con las que ya no podía identificarme. La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia. No porque crea que una persona defina el destino de un partido, sino porque las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo. No escribo estas palabras desde el enojo ni desde el resentimiento. Siento un profundo agradecimiento por el camino recorrido, por las oportunidades que recibí y por tantas personas valiosas con las que compartí este proyecto. Conservo intacto el afecto por quienes, desde distintos lugares, siguen creyendo de buena fe en el PRO. También mantengo hacia vos un sincero reconocimiento por haber impulsado un espacio que cambió para siempre el mapa político argentino y permitió que muchos encontráramos un lugar desde donde servir al país. Pero hay momentos en los que la fidelidad a una organización no puede estar por encima de la fidelidad a la propia conciencia. Permanecer, para mí, sería dejar de vivir de acuerdo con aquello que intento enseñar y transmitir. Por eso doy este paso con serenidad, sin estridencias y sin rencores. Mi compromiso con la Argentina permanece intacto. Seguiré trabajando, desde donde Dios me permita hacerlo, para promover una cultura política que entienda el poder como servicio, la verdad como un deber y la dignidad de cada persona como el centro de toda decisión. Deseo sinceramente que el PRO pueda reencontrarse con el espíritu que inspiró su nacimiento. Porque los partidos políticos, como las personas, solo perduran cuando tienen el coraje de volver una y otra vez a los principios que les dieron vida. Con respeto y afecto, Esteban Bullrich



La diputada Santillán mostró a su michi






















